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Un informe analiza los efectos de los temporales y la pandemia de COVID-19 en el estado de los ríos de la provincia de Barcelona en España

Tramo del río Tordera a la altura de Hostalric en mayo de 2020, el año del temporal Gloria (imagen: FEHM/UB)

El informe destaca el valor de les series de datos a largo plazo para conocer los cambios del estado medioambiental de los ríos

Todo indica que el confinamiento causado por la pandemia no ha tenido efectos significativos en la calidad ecológica de la red fluvial de Barcelona, o que quizá han quedado enmascarados por las consecuencias de los temporales de lluvia


Barcelona, 29 de abril de 2021. Todos los ríos y las rieras analizados en el informe CARIMED 2020 sobre la calidad ecológica de la red fluvial de la provincia de Barcelona discurrían con agua —tanto en primavera como en verano— y no presentaban ningún tramo totalmente seco, como sí en años anteriores. Esta condición hidrológica es excepcional en el período de veintiséis años de seguimiento científico de la red fluvial en Barcelona, ​​llevado a cabo por el Grupo de Investigación Freshwater Ecology, Hydrology and Management (FEHM) de la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona.

El nuevo informe recoge los resultados del análisis del estado ecológico de una red de 111 puntos de estudio distribuidos por las cuencas hidrográficas que drenan total o parcialmente la provincia de Barcelona: los ríos Besòs, Foix, Llobregat, Ter y Tordera y las rieras litorales del Maresme. En el estudio también participan miembros del Instituto de Investigación de la Biodiversidad (IRBio) y del Instituto de Investigación del Agua (IdRA) de la UB, así como la Agencia Catalana del Agua (ACA) y el Centro de Estudios de los Ríos Mediterráneos (CERM) -adscrito a la Universidad de Vic-Universidad Central de Cataluña- y el Observatorio del Tordera (Consorcio del Besòs-Tordera), entre otras instituciones.

El estudio del estado ecológico de los ríos en Barcelona se inició en 1979 bajo la dirección de Narcís Prat, catedrático del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la UB y fundador del FEHM, que ahora dirige Núria Bonada, profesora de la Facultad de Biología. Esta red fluvial es el eje de un programa de seguimiento científico anual financiado por la Diputación de Barcelona que ha proporcionado una de las series de datos científicos más extensa del mundo sobre estudios fluviales. El nuevo informe destaca el interés científico de disponer de series temporales a largo plazo para poder evaluar las consecuencias de fenómenos extremos (crecidas, sequías, incendios) en el estado medioambiental de los ríos y rieras.

El 2020, año del temporal Gloria 

Durante el temporal Gloria —una intensa borrasca que afectó a la península ibérica en enero de 2020— se produjeron varios episodios de lluvias torrenciales que causaron un aumento significativo del caudal de ríos y rieras. En ciertas cuencas fluviales, especialmente en las del Tordera y el Ter, hubo varias afectaciones en las zonas de ribera y en las llanuras de inundación, a menudo ocupadas por infraestructuras agrícolas, industriales o urbanas, o bien por vías de comunicación. Los tramos de río con zonas de ribera más natural y con menos alteraciones antrópicas son más resilientes a las crecidas y sufren menos desperfectos y pérdidas, tal como indicaron los expertos del grupo FEHM en un capítulo del volumen Sobre el temporal Gloria, de Miquel Canals y Jaume Miranda (ICE 2020).

¿Cómo han afectado las crecidas recurrentes al estado de los ríos y las rieras? 

La crecida del caudal de los ríos —más elevada de lo habitual, sobre todo en primavera— facilitó una mayor dilución en los ríos de todos los contaminantes que se vierten desde pueblos, ciudades, zonas agrícolas, industriales o mineras. Así pues, se ha constatado una mejora excepcional en la calidad fisicoquímica y en los indicadores biológicos de los cursos fluviales a lo largo del tiempo, en especial en cuencas más grandes, como la del Llobregat o la del Ter.

Según explica Núria Bonada, codirectora del proyecto, «un ejemplo claro de la mejora observada en estos ríos se muestra en la evolución histórica de los valores del índice IBMWP —un indicador de la calidad del agua basado en la comunidad de macroinvertebrados— en el punto de muestreo del río Llobregat a La Puda (Olesa de Montserrat)». 

En el caso de los ríos y rieras más pequeños —como el Foix o el Anoia— o los tramos donde la intervención humana es máxima —en la cuenca del Besòs—, los valores de la calidad ecológica del agua se mantienen elevados en algunos puntos de cabecera. En los tramos medios o bajos, los resultados son moderados o incluso pésimos, como en años anteriores. «Consideramos que cuando deja de llover, al cabo de pocos días o semanas la única agua que circula por el eje Congost-Besòs es la de las depuradoras», alerta Narcís Prat, codirector del proyecto. 

Sorprendentemente, en las cabeceras de los ríos y las rieras —algunas incluidas en las zonas protegidas por la Red de Parques de la Diputación de Barcelona— se ha constatado una biodiversidad alta tanto en verano como en primavera —en algún caso, incluso superior en verano— y eso no se había observado prácticamente nunca. «En primavera, la comunidad de macroinvertebrados estaba recuperándose de los episodios de crecidas de caudal de agua en las que buena parte de los organismos acuáticos habían sido arrastrados río abajo», explica Pau Fortuño, coordinador técnico del proyecto.

«En verano —continúa— las comunidades de macroinvertebrados pudieron recuperarse y colonizar los ríos y rieras, por lo que la riqueza de organismos fue, en general, más alta que la de la primavera. Este resultado denota la gran capacidad de recuperación de estos organismos ante las perturbaciones». 

COVID-19, confinamiento y calidad ecológica de los ríos 

La pandemia de COVID-19 ha supuesto un cambio drástico en la manera de vivir, trabajar y desplazarnos, pero también en la forma de relacionarnos con el medio natural. Al margen de la constancia del impacto del SARS-CoV-2 en las aguas de las depuradoras, todo indica que no hay más efectos relevantes del virus en la calidad ecológica de la red fluvial de Barcelona. 

El informe señala que el estado ecológico de los ríos y las rieras ya estaba muy alterado previamente a causa de las lluvias torrenciales. Además, pese al confinamiento de la población, el consumo doméstico de agua no se modificó mucho, y lo que se podía esperar era un ligero aumento tanto del caudal como de la contaminación. En paralelo, el sector industrial, la agricultura o la ganadería no dejaron de utilizar los recursos hídricos. 

Según las conclusiones, los efectos en la calidad ecológica son bastante contrastados según la situación del río. En las áreas más alejadas —con un buen estado ecológico en años anteriores—, el efecto combinado de las crecidas y una menor frecuentación debida a la COVID-19 se ha traducido en buenos indicadores de calidad ecológica durante todo el año 2020 sin los efectos del estiaje de los años anteriores. 

En lugares muy frecuentados antes, pero con buena calidad ecológica —por ejemplo, las fuentes del Llobregat)—, la situación se mantiene igual o bien ha mejorado ligeramente. Por el contrario, el aumento de caudales ha mejorado de forma notable la calidad ecológica del agua en verano en los tramos medios de ríos y en algunos afluentes con caudales moderados o altos (con entradas importantes de aguas de poca calidad de depuradoras o de procedencia industrial o agrícola). 

En los ríos más pequeños, las alteraciones del flujo por la acción humana (por ejemplo, la captación de fuentes para urbanizaciones) o por el efecto bomba de los bosques (captan la mayor parte del agua para crecer) han hecho que los cambios hayan sido menores o incluso nulos. 

Más información: 

http://www.ub.edu/barcelonarius/web/index.php/informe-2020

Comunicado de prensa



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