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17 DE OCTUBRE DE 2026 | OBSERVATORIO PLANETARIO

🌎 Panorama Planetario

El sistema Tierra atraviesa un período en el que el calentamiento acumulado, la respuesta de los océanos, la disponibilidad de agua y la transformación de los ecosistemas deben interpretarse conjuntamente.

Esta edición presenta una lectura de los principales indicadores planetarios y de los procesos que condicionan su evolución. Distingue entre tendencias científicas consolidadas y situaciones que requieren observaciones actualizadas antes de atribuirles una intensidad determinada.

🌡️ TEMPERATURA GLOBAL

Un planeta condicionado por el calor acumulado

La temperatura media global constituye uno de los indicadores fundamentales del cambio climático. Su interpretación exige comparar períodos suficientemente largos con referencias históricas y evitar que una variación de pocos días se confunda con una modificación de la tendencia climática.

El calentamiento provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero sigue siendo el factor dominante de la tendencia a largo plazo. La variabilidad natural, incluida la circulación oceánica y atmosférica, puede intensificar o moderar temporalmente sus manifestaciones.

Para conocer la anomalía mensual más reciente deben consultarse los conjuntos oficiales de Copernicus, NOAA o NASA. Esta actualización no atribuye al 17 de octubre una cifra diaria sin verificación instrumental.

🌊 OCÉANOS

El almacenamiento de calor continúa siendo decisivo

Los océanos absorben la mayor parte del exceso de energía retenida en el sistema climático. Este proceso afecta a la temperatura superficial y profunda, modifica la distribución de energía y puede influir en los ecosistemas marinos.

El contenido de calor oceánico ofrece una perspectiva más estable del calentamiento que las fluctuaciones superficiales de corta duración. Al mismo tiempo, las anomalías regionales pueden tener efectos muy diferentes sobre la vida marina, las corrientes y los intercambios con la atmósfera.

Las temperaturas superficiales deben analizarse mediante mapas actualizados, prestando especial atención a la persistencia, profundidad y extensión de cada anomalía.

🏭 CO₂ ATMOSFÉRICO

Una señal estructural de largo recorrido

El dióxido de carbono atmosférico es un indicador central del desequilibrio energético terrestre. Su concentración responde a las emisiones humanas, a los intercambios con océanos y vegetación y al ciclo estacional de absorción y liberación de carbono.

Las mediciones de observatorios como Mauna Loa permiten seguir su evolución mediante registros continuos. Sin embargo, un valor puntual no debe extrapolarse automáticamente a todo el planeta, porque existen diferencias entre estaciones y metodologías.

La señal relevante es la acumulación persistente de CO₂ y su contribución al forzamiento radiativo. Los valores exactos de octubre deben contrastarse con los registros oficiales publicados.

🧊 HIELO POLAR

Dos hemisferios con ciclos diferentes

En octubre, el hielo marino del Ártico se encuentra normalmente en su fase de crecimiento posterior al mínimo estacional de septiembre. En la Antártida, el sistema suele atravesar la etapa posterior a su máximo invernal, con el avance de la primavera austral.

Estas fases estacionales no indican por sí mismas una recuperación o un deterioro estructural. Para evaluar los cambios deben compararse extensión, concentración, espesor y anomalías respecto de las series históricas.

La pérdida de hielo continental, por su parte, tiene implicaciones directas para el nivel del mar. Conviene diferenciarla siempre de los cambios en la superficie del hielo marino flotante.

🔥 INCENDIOS

El riesgo depende del combustible y de la meteorología

La actividad de incendios forestales responde a la combinación de vegetación disponible, humedad, temperatura, viento y fuentes de ignición. La estacionalidad modifica las zonas de mayor exposición, pero no elimina la posibilidad de episodios fuera de los períodos habituales.

Los satélites permiten detectar anomalías térmicas y estimar áreas quemadas. Una anomalía térmica, sin embargo, no equivale necesariamente a un incendio forestal confirmado, ni informa por sí sola sobre los daños.

La vigilancia debe combinar detección remota, pronósticos meteorológicos y avisos de las autoridades competentes.

💧 SEQUÍAS

La disponibilidad hídrica exige múltiples indicadores

La sequía meteorológica, la agrícola y la hidrológica representan procesos relacionados, pero no idénticos. La ausencia de precipitaciones puede manifestarse primero en la humedad del suelo y posteriormente en los caudales, embalses o reservas subterráneas.

Las temperaturas elevadas incrementan la demanda evaporativa de la atmósfera, lo que puede agravar los déficits de humedad. No obstante, el riesgo real depende de las condiciones regionales y de los antecedentes de precipitación.

Una evaluación rigurosa utiliza índices de precipitación, observaciones del suelo, almacenamiento de agua y necesidades de los ecosistemas y las comunidades.

⛈️ FENÓMENOS EXTREMOS

La vigilancia meteorológica debe ser regional y continua

Tormentas intensas, lluvias extremas, ciclones y episodios de viento pueden desarrollarse rápidamente. La peligrosidad depende de su trayectoria, intensidad, duración y exposición de la población y las infraestructuras.

En octubre continúa la temporada oficial de huracanes del Atlántico norte, aunque la existencia de una temporada activa no implica que haya necesariamente un ciclón amenazando una región determinada.

Los avisos operativos deben proceder de los servicios meteorológicos y centros especializados. Los pronósticos cambian y requieren comprobaciones frecuentes.

🛰️ INTEGRACIÓN DE INDICADORES

Las observaciones aisladas no cuentan toda la historia

Una anomalía térmica, una disminución de humedad o una variación del hielo adquieren significado científico cuando se relacionan con su contexto temporal y espacial.

Las redes de observación terrestres, oceánicas y satelitales permiten construir diagnósticos más robustos. También ayudan a distinguir las señales climáticas persistentes de episodios meteorológicos pasajeros.

El desafío del seguimiento planetario consiste en interpretar conjuntamente procesos que operan a escalas de horas, estaciones, décadas y siglos.

🌐 SEÑAL PLANETARIA DESTACADA

El calentamiento oceánico y sus efectos encadenados

El océano conecta procesos atmosféricos, ecológicos y geofísicos. Su acumulación de calor puede contribuir a la expansión térmica del agua, alterar hábitats marinos y modificar los intercambios de energía y humedad con la atmósfera.

Esta conexión convierte al seguimiento del calor oceánico en una prioridad científica. Las variaciones regionales deben interpretarse mediante series de observación y no únicamente a partir de mapas de temperatura de un día concreto.

📡 PERSPECTIVA | 17–31 DE OCTUBRE

Próximos 7–14 días: variables que merecen seguimiento

Durante la segunda mitad de octubre, la vigilancia planetaria debe concentrarse en la evolución de las anomalías de temperatura, los sistemas de precipitación intensa, la humedad de los suelos y los cambios estacionales del hielo marino.

En el hemisferio norte, la transición otoñal modifica progresivamente la circulación atmosférica y las condiciones térmicas. En el hemisferio sur, el avance de la primavera introduce otras dinámicas de vegetación, precipitación y exposición al fuego.

Esta perspectiva identifica variables de vigilancia, no constituye un pronóstico meteorológico operativo ni confirma episodios extremos específicos. Los avisos de los próximos días deben verificarse en los organismos meteorológicos oficiales.

Noticias de la Tierra | Actualizado: 17 de octubre de 2026. Referencias científicas: NASA, NOAA, Copernicus Climate Change Service, NSIDC, WMO y Global Carbon Project. Indicadores interpretativos sin valores diarios no verificados.
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La obsesión de China por el Everest: cómo el turismo y el cambio climático están transformando la montaña

Crédito: CC0 Dominio público

Para el ojo perspicaz, otras montañas son visibles: gigantes de entre 7.000 y 7.900 metros de altura. Ninguna de sus esbeltas cabezas alcanza siquiera el hombro de su jefe. Junto al Everest, pasan desapercibidas; tal es la preeminencia de los más grandes. George Mallory, 1922.


Por Carl Cater


La temporada de escalada en el Monte Everest alcanza su punto máximo a finales de mayo y principios de junio cada año. Las condiciones climáticas extremas en este lugar y altitud hacen que la temporada principal de escalada sea notablemente corta, quizás de tan solo unas semanas entre las heladas invernales y las tormentas monzónicas.

Incluso en ese período, la ubicación precisa de la corriente en chorro que acelera la velocidad del viento en la cumbre crea puntos críticos con condiciones ideales para la escalada, lo que da lugar a imágenes de largas filas de montañistas en puntos especialmente desafiantes, como el escalón Hillary, llamado así en honor a uno de los dos hombres que escalaron por primera vez el Everest el 29 de mayo de 1953.

En los 30 años transcurridos desde que Edmund Hillary y el sherpa Tenzing Norgay alcanzaron la cima por primera vez, solo 150 hombres y mujeres igualaron su hazaña. Pero desde entonces, el número de escaladores se ha disparado. En 2019, un récord de 877 personas alcanzaron la cima, y ​​en 2024, las ascensiones apenas alcanzaron esta cifra.

Rebecca Stephens, la primera mujer británica en escalar el Everest en 1993, ha descrito cómo «la obsesión global con la montaña más alta del mundo está configurando su futuro y el futuro de la gente que trabaja en ella».

Stephens comentó que su ascenso en 1993, cuando solo había una expedición comercial a la montaña, marcó un antes y un después. Desde entonces, las expediciones comerciales se han multiplicado en el campamento base sur del Everest, en el glaciar Khumbu (5364 metros de altitud), que ahora cuenta con una amplia gama de servicios, como cafeterías y carpas para fiestas.

El auge del interés por escalar el Everest se ha visto impulsado por el hecho de que, a pesar de su altitud y sus peligros, está lejos de ser la montaña de mayor dificultad. Un miembro de la Asociación de Montañismo del Tíbet, que lo había coronado cinco veces, me comentó que, en un buen día, el Everest era «muy sencillo», y que escalar el Denali en Alaska (el pico más alto de Norteamérica) había sido mucho más difícil.

Para finales de 2024, se habían registrado 12.884 ascensos y 335 muertes en el Everest, lo que representa una tasa de supervivencia del 97,4 %. Sin embargo, la llamada «zona de la muerte» por encima de los 8.000 metros, combinada con avalanchas, condiciones climáticas extremas y congelación, siempre representará un peligro significativo para quienes visitan estas laderas.

Esta temporada de escalada, un exmarine escocés describió cómo abandonó su intento a 800 metros de la cima tras encontrarse con dos escaladores muertos. Mientras tanto, otros cuatro exsoldados de las fuerzas especiales británicas, entre ellos el ministro del gobierno británico Alastair Carns, utilizaron gas xenón y entrenamiento de hipoxia para viajar al Everest y alcanzar la cima en menos de una semana, lo que generó preocupación por la posibilidad de que esto aumentara aún más el número de personas que intentan escalar la montaña, cada vez más concurrida.

Pero mientras las imágenes de colas a gran altitud y las historias de muertes ocasionales acaparan los titulares, la mayoría de los visitantes del Everest no intentan escalarlo. Y la gran mayoría de estos turistas se encuentran al «otro lado del Everest», en el Tíbet administrado por China.

El «milagro económico» de China , combinado con su deseo de desarrollar las regiones periféricas, ha significado que ahora se puede acceder fácilmente al Qomolangma (el nombre tibetano del Everest), con carreteras asfaltadas hasta el campamento base norte de Rongbuk (altitud: 5.150 metros).

De tener menos visitantes que la ladera nepalí hace 20 años, la ladera tibetana del Everest ahora recibe a más de medio millón de turistas al año , la gran mayoría de China continental. Las cortas vacaciones chinas hacen que la mayoría de estas visitas sean excursiones rápidas que también incluyen las cercanas ciudades de gran altitud de Lhasa y Shigatse. Debido a la falta de tiempo para aclimatarse a la altitud, muchos turistas llevan botellas o mochilas de oxígeno durante sus visitas.

Recorriendo las primeras rutas

Para comprender mejor el impacto del turismo en el Everest, visité el lado tibetano en junio de 2024 como invitado de Linsheng Zhong , profesor de geografía humana y turística en el Instituto de Ciencias Geográficas e Investigación de Recursos Naturales de China .

La fecha de nuestra visita fue significativa, ya que se cumplió un siglo de la desaparición de los primeros aventureros del Everest, George Mallory y Sandy Irvine, el 8 de junio de 1924. Nos propusimos examinar los cambios humanos y ambientales que se habían producido en los cien años transcurridos desde entonces, utilizando diarios y fotografías centenarias como base.

Como geógrafos más que montañeros de gran altitud, nuestro objetivo era rastrear algunas de las rutas de reconocimiento utilizadas por los británicos en la década de 1920, una época en la que Nepal estaba cerrado al turismo extranjero. Entre 1921 y 1924, tres expediciones organizadas por la Royal Geographical Society y el Alpine Club visitaron el Tíbet con el objetivo de ser las primeras personas registradas en escalar el Monte Everest. Ninguna, que sepamos, llegó a la cima, y ​​los restos de los dos líderes de la expedición final, Mallory e Irvine , no fueron descubiertos en el Everest hasta muchos años después.

Si bien las vistas son igualmente espectaculares hoy en día, el cambio climático ha tenido un impacto significativo en los glaciares de toda la región. Estimaciones científicas recientes sugieren que entre la década de 1970 y 2010 se ha producido una reducción de entre el 26 % y el 28 % en los glaciares que rodean el Everest.

En 1921, el líder de la primera expedición, Charles Howard-Bury, acampó justo debajo del paso de Langma —la ruta más alta, pero también la más directa, hacia el este del Everest— y fotografió «un pico de roca negra con un glaciar justo debajo». Esta comparación, basada en una fotografía que tomé desde el mismo lugar, muestra claramente cuánto ha retrocedido este glaciar colgante durante el último siglo.

El impacto humano en el Everest

El campamento base permanente del norte del Everest, en Rongbuk, Tíbet, recibe ahora hasta 3000 visitantes al día en temporada alta. Inicialmente, los turistas son alojados en una aldea de tiendas de campaña, versiones modernas de los alojamientos de los pastores de yaks tibetanos.

Algunas de estas tiendas de color negro azabache, hechas de pelo de yak grueso que respira cuando está seco y es impermeable cuando está mojado, brindan alojamiento simple (pero calefaccionado y oxigenado) para los turistas más resistentes que quieren estar en la montaña temprano para tener las mejores oportunidades fotográficas.

Paseando por el césped artificial que bordea el bulevar central, nos encontramos con diversos vendedores de recuerdos antes de llegar a la «oficina de correos más alta del mundo» y a una plaza circular que conmemora los diversos logros científicos y políticos de la región. El paisaje circundante es mayoritariamente marrón: cuando estuvo aquí, Mallory describió el contraste entre los «páramos pedregosos, monótonamente lúgubres» de Rongbuk, a la sombra de la lluvia, y la belleza de las imponentes montañas nevadas.

Hoy en día, un paseo marítimo lleva a los turistas un poco más allá, hasta el monasterio de Rongbuk —fundado en 1902 y reconstruido tras sufrir daños durante la Revolución Cultural China— y un último mirador de la cara norte del Everest. Una franja de arenisca amarilla es claramente visible justo debajo de la cima, evidencia de que esta imponente montaña estuvo una vez en el fondo del océano.

El ambiente en nuestro viaje contrastaba marcadamente con el de mi visita en noviembre de 2007, cuando nuestro guía tibetano se había empeñado en evadir cualquier control de seguridad (aunque para maximizar su beneficio personal, más que por razones éticas). Con solo unos pocos miles de visitantes anuales, la mayoría internacionales, las instalaciones en aquel entonces eran muy limitadas, salvo una advertencia a los turistas para que no siguieran adelante o se enfrentaran a multas considerables, y un nuevo y reluciente cartel que anunciaba la cobertura de telefonía móvil.

Sin embargo, pudimos caminar hasta el hocico del glaciar Rongbuk , un conjunto de rocas de arenisca fragmentadas en la morrena terminal. Hoy en día, los turistas no pueden ir más allá del monasterio y se ven obligados a permanecer en las nuevas pasarelas.

El turismo ha impulsado una rápida transformación económica en esta región de la meseta tibetana, incluyendo la diversificación de los medios de vida tradicionales. Los esfuerzos del gobierno central para reducir el sobrepastoreo en este frágil ecosistema han dado lugar a un sistema de pagos a los pastores tradicionales y a una disminución del número de cabezas de ganado, que pasó de un máximo de casi un millón en 2008 a menos de 700.000 en la actualidad.

En contraste, la población humana permanente de la Reserva Natural Nacional de Qomolangma (el área protegida que abarca la vertiente tibetana del Everest) se ha más que duplicado desde la década de 1950, alcanzando más de 120.000 personas, con un crecimiento especialmente acelerado en la última década, coincidiendo con el auge del turismo. El paso de Pang La, que cruza al valle de Rongbuk, descrito como «desolado» por el alpinista inglés Alan Hinkes en la década de 1980, ahora está repleto de tiendas de recuerdos y cafés ambulantes.

La preocupación por el impacto ambiental de estos turistas llevó a la introducción de una flota de autobuses eléctricos en 2019, y se indicó a los visitantes que estacionaran sus vehículos en la pequeña ciudad de Tashi Dzom antes de emprender un viaje de 30 minutos en autobús eléctrico hasta el campamento base del norte del Everest.

Ahora hay planes para trasladar la estación de transferencia de autobuses a un nuevo y reluciente centro de parque más cerca de la carretera principal, para evitar que los turistas tengan que conducir por las numerosas curvas sobre el paso Pang La hasta Tashi Dzom, y luego sortear los atascos de tráfico y los problemas de aparcamiento más cerca de la cima.

Esto se debe, en parte, a otra importación occidental a China: el concepto del «viaje por carretera». Para los entusiastas de los coches chinos, la Ruta 318, de 5.000 kilómetros desde Shanghái hasta el pie del Everest, es ahora uno de sus recorridos de larga distancia más populares.

«El valle más hermoso del mundo»

Visitamos las caras este y norte del Everest en el Tíbet armados con fotografías y relatos de aquellas tres primeras expediciones británicas de hace más de un siglo: los primeros intentos registrados de escalar la montaña más alta del mundo.

La primera expedición (1921) dirigida por Howard-Bury, teniente coronel del ejército, botánico y futuro diputado conservador , consistió en un detallado estudio científico y topográfico de la zona. En su intento de encontrar una ruta a la cumbre, se reconocieron los accesos a través de los valles norte (Rongbuk) y este (Kama).

Aunque menos visitado que el campamento base de Khumbu en Nepal o el de Rongbuk en el Tíbet, la ruta oriental al Everest a través del valle de Kama es una maravillosa caminata con vistas despejadas de la inmensa cara oriental del Everest. Howard-Bury describió el encanto del valle que aún se conserva: «No habíamos podido recopilar mucha información local sobre el Monte Everest. Algunos pastores dijeron haber oído que había una gran montaña en el valle contiguo al sur… Lo llamaron el valle de Kama, y ​​en ese momento no nos imaginábamos que allí encontraríamos uno de los valles más hermosos del mundo».

Se accede al valle desde el asentamiento de Kharta, un pequeño pero floreciente pueblo a orillas del río Bong Chu-Arun. Justo debajo de Kharta, el río se adentra en una pronunciada garganta, descendiendo de casi 4000 m a 2000 m al entrar en Nepal. Hoy en día, la ruta del valle de Kama se está volviendo popular entre los senderistas chinos, aunque existen muy pocas instalaciones para gestionar su impacto en la zona, en particular los residuos humanos y plásticos.

La expedición de 1921 eligió Kharta como su segundo campamento base tras varios meses de exploración en Rongbuk. Todos se sintieron aliviados al encontrar un clima y una vegetación tan agradables tras la sequedad y el frío de la meseta tibetana.

Con la ayuda del dzongpen (jefe de la aldea) y un guía local, alquilaron una casa de campo donde posteriormente se revelaron muchas de las fotos de la expedición. Ubicada en un bosque de álamos y sauces con pequeños arroyos que discurrían por sus límites, también visitamos esta casa de campo, ahora propiedad de un granjero tibetano que nos mostró los alrededores con mucho entusiasmo y nos presentó a las tres generaciones de su familia.

Las investigaciones de las expediciones británicas en el valle de Kama son de particular interés, ya que este valle se encuentra en el límite climático entre las zonas más secas y más húmedas al norte y al sur de la cordillera del Himalaya. Howard-Bury describió las densas nieblas que subían por el valle de Kama cada noche, aportando una humedad considerable a la región: «Como de costumbre, al anochecer, las nubes subieron y nos envolvieron en una densa niebla… Cuando partimos a la mañana siguiente, aún había una densa niebla escocesa que humedecía mucho la vegetación… Al otro lado del valle se alzaban inmensos acantilados negros que descendían abruptamente a lo largo de miles de metros».

Aún evidente hoy, esta precipitación, combinada con las grandes variaciones de altitud y temperatura, sustenta una profusión de plantas, así como una vida animal que nuestros predecesores describieron como «extraordinariamente mansa». Hoy como entonces, en verano, las laderas se cubren de flores amarillas, blancas y rosadas de rododendros y azaleas, y enormes enebros crecen en el valle inferior. Howard-Bury describió haber pasado «toda la tarde tumbado entre los rododendros a 4570 metros de altura, admirando las hermosas vistas de estos imponentes picos, reveladas por los ocasionales claros entre las nubes».

Adornados con banderas de oración, los pasos elevados aún son utilizados por los lugareños como portales al valle sagrado de Kama. En 1921, cuando cruzó el paso de Langma para entrar en este «santuario», Mallory escribió que las quejas de sus porteadores, antes obstinados, se habían transformado repentinamente en «gran amabilidad» y «espléndida marcha», de modo que «no se desanimaron ante la triste circunstancia de acampar de nuevo bajo la lluvia».

Al descender al valle de Kama, Howard-Bury comentó con entusiasmo: «Al oeste, nuestra mirada se topó con un maravilloso anfiteatro de picos y glaciares. Tres grandes glaciares casi se unían en el profundo valle verde que se extendía a nuestros pies. Uno de estos glaciares, evidentemente, descendía del Monte Everest».

Si bien la topografía aquí permanece prácticamente sin cambios, la reducción muy significativa del volumen del glaciar central es evidente en estas imágenes de comparación:

En 1921, la expedición escribió que el desagüe del glaciar Kangshung (que desciende del Everest) tuvo que «precipitarse en una gran caverna de hielo» para fluir bajo el glaciar Kandoshang (desde el Makalu, el quinto pico más alto del mundo) y convertirse en el río Kama. Hoy, debido al retroceso glacial, esa caverna de hielo ya no existe y el curso principal del glaciar Kangshung fluye libremente por el hocico del glaciar Kangdoshang.

Más arriba en el valle, la expedición de 1921 estableció otro campamento base en las praderas altas hacia la cabecera del valle, en Pethang Ringmo. Este campamento, además de ser el último campamento para los grupos de excursionistas en la actualidad, sigue siendo una importante zona de pastoreo para los pastores de yaks migratorios. Estos pastores fueron importantes fuentes de información para los primeros exploradores, pero hoy en día existen indicios de sobrepastoreo.

Howard-Bury comentó: «Nos encontramos entre agradables praderas cubiertas de hierba. Era un lugar soleado y encantador a 5.000 metros de altura, justo bajo los gigantescos y maravillosos acantilados de Chomolönzo, ahora cubiertos por la nieve fresca de la noche anterior y separados únicamente por el glaciar Kangshung, de aproximadamente 1,6 km de ancho. Grandes avalanchas retumban por sus laderas durante todo el día con un sonido aterrador».

Un siglo después, las avalanchas siguen mostrándonos que este es un paisaje dinámico en constante cambio. A menudo, vislumbrábamos el rápido desprendimiento del hielo y la nieve en una larga nube blanca, deslizándose por los empinados corredores segundos antes de que nos alcanzara el aterrador sonido, recordándonos una de las mayores amenazas para los escaladores.

En la cabecera del valle de Kama, la cara Kangshung del Everest es quizás la más impresionante de todas las laderas de la montaña, elevándose unos tres kilómetros por encima del glaciar. Tanto la arista noreste (tibetana) como la sureste (nepalesa), las rutas más populares para llegar a la cima, son claramente visibles desde aquí. La cara Kangshung no se escaló con éxito hasta un asalto de un equipo estadounidense en 1983, y la primera ascensión británica al Everest sin oxígeno, a cargo de Stephen Venables, en 1988.

Aunque inicialmente las montañas y los picos lucen notablemente similares a los de la década de 1920, el descenso del nivel del glaciar se hace evidente rápidamente. El flujo glaciar ordenado ha sido reemplazado por detritos rocosos y numerosos lagos suspendidos, creando un paisaje de aspecto lunar.

Durante su primera visita, y a pesar de haber pasado gran parte de su vida en las montañas de Europa, Mallory escribió que estaba asombrado por la vista: «Quizás el asombroso encanto y la belleza aquí residen en las complicaciones medio ocultas tras una máscara de aparente simplicidad, de modo que la mirada nunca se cansa de seguir las líneas de las grandes aristas, de seguir los brazos que se extienden desde sus grandes hombros y de seguir el borde roto del glaciar colgante que cubre la mitad superior de esta cara oriental del Everest».

Si bien el Everest era el objetivo de todas las expediciones, la vista del macizo del Makalu, que dominaba el valle del Kama al sur, parece haber tenido un mayor impacto en ambos escaladores. Howard-Bury afirmó que era, con diferencia, «la montaña más hermosa de las dos», mientras que Mallory «vio un paisaje de magnificencia y esplendor aún más extraordinario de lo que sugieren los hechos».

Escribió: «Entre todas las montañas que he visto, y, a juzgar por las fotografías, todas las que se han visto jamás, Makalu es incomparable por su espectacular y agreste majestuosidad. Para nosotros fue significativo que los asombrosos precipicios que se alzaban sobre nosotros al otro lado del glaciar, al mirar desde nuestro campamento —una imponente extensión de rocas cubiertas de nieve—, no fueran tanto las laderas de una montaña individual, sino más bien de un gigantesco bastión o fortificación que defendía Makalu».

De hecho, según Howard-Bury, «los pastores insistían en que Makalu era la más alta de las dos montañas y no nos creían cuando decíamos que el Monte Everest era el más alto».

El futuro de la región del Everest

Esta comparación histórica de imágenes y citas centenarias representa tanto la persistencia de las montañas como los rápidos cambios que enfrenta el Himalaya. Las fuerzas del turismo, por un lado, y el cambio climático, por otro, plantean enormes desafíos para estos entornos marginales.

Nuestra investigación muestra que la actividad turística y de escalada está teniendo un impacto significativo en la región. Las causas se encuentran tanto directamente en la montaña como en el ámbito local, en particular en el daño que nuestro estilo de vida consumista está causando a los glaciares del Himalaya.

Por supuesto, estas actividades también han generado oportunidades de desarrollo muy necesarias para las poblaciones locales, y los residentes de los lados nepalí y tibetano en general están en una situación mucho mejor que las poblaciones de zonas menos visitadas de sus respectivos países.

La prevista reclasificación de la Reserva Natural Nacional Qomolangma como parque nacional en el plan actual del gobierno central chino podría brindar oportunidades para una mayor gestión local a medida que aumenta la afluencia de visitantes. Sin embargo, también identificamos una deficiencia en la protección del importante patrimonio cultural y la arraigada relación espiritual con la montaña, que a menudo queda eclipsada por su tamaño.

Quizás se requiera una relación más equilibrada con la montaña y su gente, una que reevalúe nuestra obsesión, bastante malsana, con un solo pico. Al leer los relatos de la década de 1920, uno se da cuenta de que existía una profunda reverencia por la región, no solo por parte de los lugareños, sino también de sus visitantes británicos.

En los años transcurridos, las aspiraciones a la cumbre en el lado tibetano han sido históricamente mucho menores que en Nepal. Cerradas al acceso de extranjeros durante gran parte de la segunda mitad del siglo pasado, las ascensiones tibetanas se popularizaron brevemente en las décadas de 1990 y 2000, gracias a unos pocos operadores comerciales bien organizados. Sin embargo, los cierres en 2008 durante los preparativos olímpicos, y de nuevo durante la pandemia de COVID-19 entre 2020 y 2023, redujeron considerablemente el número de intentos.

Gracias a una menor dependencia de las divisas, China ha podido ejercer un control mucho mayor sobre la industria de la escalada y, en 2024, no cobró ninguna tasa por permiso, priorizando garantizar que los escaladores tuvieran la experiencia adecuada. Este enfoque podría tener mérito, ya que nadie murió en el lado tibetano en 2024, a diferencia de los ocho escaladores que fallecieron en el lado sur.

Pero a ambos lados de la montaña, es muy improbable que nuestra obsesión global por el Everest disminuya. Como señala el veterano cronista Alan Arnette , la montaña posee una «atracción inmutable que resulta extrañamente perversa». Por lo tanto, es importante que sigamos monitoreando los cambios en este dinámico paisaje, provocados tanto por sus visitantes como por el cambio climático.

Para contrarrestar la creciente comercialización tanto del montañismo como del turismo de montaña, se requiere, sobre todo, un mayor respeto por nuestras montañas y sus habitantes. Según Lakhpa Puti Sherpa, presidente de la Academia de Montaña de Nepal, señala : «Las montañas del Himalaya son lugares sagrados, y nosotros, los sherpas, las veneramos. Antes de escalar cualquier montaña, la veneramos, pidiendo disculpas por tener que pisarla en la cima y pidiendo perdón por el pecado que vamos a incurrir a causa de esta violencia en particular».

Este artículo se republica de The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original