Un estudio combina seis años de seguimiento costero con inmersiones cercanas a los 4.000 metros y revela la persistencia de residuos en distintos ambientes marinos.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
La contaminación plástica frente a Ecuador tiene una expresión visible en las playas y otra mucho menos accesible en el fondo del Pacífico. Una investigación publicada el 17 de septiembre de 2026 en Frontiers in Marine Science reúne observaciones de ambos ambientes y documenta bolsas, envases y materiales de pesca a profundidades cercanas a los 4.000 metros.
El trabajo, firmado por François Michaud, Franklin Isaac Ormaza-González y colaboradores de instituciones ecuatorianas y francesas, combina una serie costera de 2019 a 2025 con exploraciones submarinas realizadas en febrero de 2024. Su principal aporte es ampliar la evidencia sobre una región del océano profundo que cuenta con pocos registros de contaminación.
Qué representan los 570 gramos semanales
En una parcela fija de 100 metros cuadrados cerca de Salinas, los investigadores recogieron 152,9 kilos de residuos plásticos durante 135 visitas. A partir de muestreos separados aproximadamente por dos semanas, estimaron una acumulación media de 566 gramos semanales, redondeada a unos 570 gramos.
La superficie de referencia es fundamental: esa cifra corresponde a la parcela estudiada, no a toda la playa ni al litoral ecuatoriano. Tampoco describe una llegada constante de basura. Hubo visitas sin plásticos y episodios con cantidades mucho mayores.
Una sola red de pesca de aproximadamente 50 kilos, encontrada en mayo de 2024, representó cerca de un tercio de toda la masa recogida. Al excluirla, la tasa estimada baja de 5,7 a 3,8 gramos por metro cuadrado y semana. El resultado muestra cuánto pueden influir los residuos voluminosos en los promedios, un aspecto relacionado con el problema de las redes marinas abandonadas y su contribución a la contaminación plástica.
Residuos donde apenas llega la observación científica
La segunda parte del estudio utilizó el sumergible Nautile. Durante 13 inmersiones, el equipo exploró la plataforma continental, el talud y la fosa frente a Ecuador. El levantamiento abarcó más de 560.000 metros cuadrados y reunió 222 horas de video.
Las imágenes mostraron materiales de pesca deteriorados y objetos relativamente intactos, como bolsas, recipientes y envoltorios. Según los autores, el trabajo aporta los primeros registros de contaminación plástica en las profundidades abisales del Pacífico ecuatorial oriental.
El hallazgo amplía un panorama que también incluye los desechos documentados en el punto más profundo del Mediterráneo: la distancia de la costa y la profundidad no impiden que los residuos humanos alcancen el fondo marino.
Una conexión probable que todavía debe investigarse
La presencia de objetos semejantes en la playa y en las zonas profundas es compatible con una conexión entre fuentes costeras y depósitos oceánicos. Sin embargo, la semejanza no demuestra el recorrido de cada residuo. Los investigadores no siguieron individualmente los objetos desde Salinas hasta el fondo marino.
También hay límites en la comparación: el seguimiento costero permite estimar acumulación entre visitas, mientras que las inmersiones muestran residuos presentes durante una campaña. Por tanto, no establecen la velocidad a la que se acumula plástico en las profundidades. La identificación de los polímeros mediante imágenes es, además, probable y no una confirmación química.
Medir durante años para orientar la prevención
El seguimiento prolongado permite distinguir aportes habituales de episodios excepcionales y evita interpretar una limpieza aislada como una descripción completa del problema. Esa necesidad de observaciones sostenidas también aparece en las iniciativas de ciencia ciudadana que identifican focos de contaminación plástica.
Los autores plantean integrar la vigilancia de playas y fondos marinos con medidas de prevención. Los envases y los aparejos de pesca encontrados señalan ámbitos concretos para mejorar la gestión de residuos. El estudio documenta su presencia y distribución, pero no cuantifica por sí solo los daños sobre toda la biodiversidad ni permite extrapolar una parcela a todas las costas de Ecuador.
Fuentes referenciales




