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Noticias de la Tierra · Estado del sistema planetario

Panorama Planetario

19 de agosto de 2026
Resumen ejecutivo

El sistema Tierra mantiene una señal térmica intensa en tierra y océano. Julio de 2026 fue el segundo julio más cálido registrado a escala mundial, empatado con 2024, mientras la superficie oceánica extratropical alcanzó su mayor temperatura observada para ese mes. La combinación de calor persistente, baja humedad del suelo y déficit de lluvia continúa favoreciendo incendios, sequías de rápida aparición y presiones simultáneas sobre el agua, los ecosistemas y la producción agrícola.

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Temperatura global

Una señal térmica aún excepcional

La temperatura media mundial de julio se situó en 16,90 °C: 0,67 °C por encima del promedio 1991–2020 y alrededor de 1,47 °C sobre la referencia preindustrial. La persistencia del calor amplifica la evaporación, el estrés hídrico, las noches cálidas y el riesgo sanitario, incluso cuando las anomalías cambian de una región a otra.

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Océanos

Récord oceánico para un mes de julio

Las aguas superficiales fuera de las regiones polares registraron su julio más cálido de la serie de Copernicus. Persisten zonas de calor marino en el Atlántico y el Mediterráneo occidental. Estas anomalías pueden alterar la distribución de especies, reducir el oxígeno disponible, intensificar la estratificación y aumentar el estrés sobre corales, pesquerías y ecosistemas costeros.

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CO₂ atmosférico

La acumulación de carbono no se detiene

Las concentraciones atmosféricas permanecen en niveles récord y sostienen el desequilibrio energético del planeta. Las variaciones diarias o estacionales no modifican la tendencia de fondo: mientras las emisiones superen la absorción natural de bosques, suelos y océanos, seguirá aumentando el calentamiento y también la acidificación del mar.

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Hielo polar

Temporada crítica para el Ártico

El hielo marino ártico atraviesa la fase avanzada de deshielo estacional antes del mínimo de septiembre. La vigilancia se concentra en la extensión, el espesor y la fragmentación de la cubierta. En la Antártida, la variabilidad regional continúa siendo elevada, pero la pérdida de plataformas y el flujo de glaciares mantienen implicaciones de largo plazo para el nivel del mar.

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Incendios

El peligro se desplazó hacia el norte europeo

El calor y la sequedad excepcional extendieron la temporada de incendios desde el Mediterráneo hacia Europa occidental y central. El humo afecta la calidad del aire a cientos de kilómetros y las cenizas pueden trasladar nutrientes y contaminantes hacia ríos, lagos y costas. La prioridad inmediata es proteger poblaciones, reservas naturales y fuentes de agua.

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Sequías

Suelos con reservas muy reducidas

En amplias áreas de Francia, España, Alemania, Reino Unido y Benelux, la humedad superficial del suelo quedó por debajo de los valores habituales. En el sur de Estados Unidos también aumenta el riesgo de sequía de rápida aparición. La pérdida acelerada de agua edáfica puede adelantarse a los indicadores tradicionales y afectar cultivos, pastizales y caudales.

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Tormentas y extremos

Más energía y contrastes en la atmósfera

La temporada de ciclones del Atlántico exige vigilancia reforzada, mientras las aguas cálidas elevan el potencial de intensificación cuando coinciden otros factores favorables. En regiones continentales, el calor acumulado y la humedad pueden alimentar tormentas severas, lluvias concentradas y crecidas repentinas. Un planeta más cálido no elimina la variabilidad: aumenta la energía disponible para los extremos.

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Agua continental

Déficit y exceso pueden coexistir

Las cuencas responden de forma desigual. Algunas afrontan descenso de caudales, calentamiento del agua y mayor concentración de contaminantes; otras pueden recibir en pocas horas lluvias equivalentes a semanas. Esta distribución irregular dificulta la gestión de embalses, el abastecimiento urbano y la protección frente a inundaciones repentinas.

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Señal planetaria destacada

Calor oceánico, sequedad terrestre e incendios forman una cadena conectada

La señal central de agosto no es un fenómeno aislado, sino la coincidencia de océanos anormalmente cálidos, atmósfera con mayor capacidad para retener humedad y territorios que pierden agua con rapidez. Cuando la lluvia falta, el calor seca la vegetación y favorece incendios; cuando finalmente aparecen tormentas, los suelos quemados o endurecidos absorben menos agua y aumenta la escorrentía. Esta conexión obliga a integrar alertas meteorológicas, gestión forestal, salud pública, recursos hídricos y planificación territorial.

Perspectiva para los próximos 7–14 días

La vigilancia debe concentrarse en nuevas olas de calor y peligro de incendios en Europa, sequía de rápida intensificación en el sur de Estados Unidos, evolución del Atlántico tropical y posibles episodios de lluvia intensa en zonas con elevada humedad atmosférica. El fortalecimiento de El Niño añade una señal de reorganización climática para el otoño e invierno boreales, aunque sus efectos regionales dependerán de la circulación atmosférica. Las autoridades y comunidades deberían consultar alertas locales, reducir fuentes de ignición, proteger a personas vulnerables y revisar planes de agua y evacuación.

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¿Qué puede decirnos el clima antiguo sobre las sequías modernas?

Climatología regional, ubicación de los sitios y resultados del modelo. Crédito: Nature Communications (2025). DOI: 10.1038/s41467-025-58792-5

El cambio climático está transformando el ciclo global del agua, alterando los patrones de lluvia y ejerciendo una presión creciente sobre las ciudades y los ecosistemas. Algunas regiones se enfrentan a lluvias más intensas e inundaciones, mientras que otras se enfrentan a sequías prolongadas que amenazan la salud pública, perturban las economías y aumentan el riesgo de inestabilidad política. Un ejemplo reciente fue la sequía que se prolongó durante años entre 2015 y 2020, llevando a Ciudad del Cabo, Sudáfrica, al borde de quedarse sin agua, un momento que las autoridades denominaron «Día Cero».


por la Universidad de Syracuse


Los científicos han debatido durante mucho tiempo si los fenómenos extremos como la crisis del agua en Ciudad del Cabo son impulsados ​​por el cambio climático provocado por el hombre o son parte de la variabilidad climática natural, y algunos modelos sugieren que el calentamiento global puede de hecho desempeñar un papel.

«Pero un modelo no es el mundo real», afirma Tripti Bhattacharya, profesora asociada de la Familia Thonis en el Departamento de Ciencias de la Tierra y Ambientales (EES) de la Universidad de Syracuse. «Así que repasamos el pasado».

En un artículo publicado recientemente en Nature Communications , Bhattacharya y un equipo de investigadores —dirigido por Claire Rubbelke, doctora, graduada de la EES (promoción de 2025) (y con el apoyo de Lucy Weisbeck, estudiante de pregrado de la Facultad de Ciencias Ambientales y Forestales de la Universidad Estatal de Nueva York, así como, en trabajos anteriores, Ellen Jorgensen, promoción de 2023)— analizaron materia vegetal antigua preservada en una columna de sedimentos extraída de la costa sudafricana. Estas moléculas contienen isótopos de hidrógeno provenientes de las precipitaciones que nutrieron a las plantas, lo que proporciona una huella química de las condiciones climáticas pasadas.

El estudio se centra en la Transición del Pleistoceno Medio, un período de 550.000 años, entre hace 1,25 y 0,7 millones de años, en el que los ciclos glaciales y la composición atmosférica de la Tierra experimentaron importantes cambios. Los investigadores hallaron evidencia de que, durante este periodo, cambios drásticos en la circulación atmosférica global —incluidas contracciones y expansiones de la enorme célula de Hadley, que se eleva cerca del ecuador y desciende alrededor de los 30 grados de latitud— produjeron condiciones de humedad y sequía en el sur de África. Estas últimas corresponden a las condiciones experimentadas durante la crisis del Día Cero en Ciudad del Cabo.

«Descubrimos que, cuando el clima ha cambiado drásticamente en el pasado, se han producido cambios similares a la sequía del Día Cero», afirma Bhattacharya. «Esto sugiere que este tipo de eventos están realmente impulsados ​​por el cambio climático global».

Rubbelke afirma que los hallazgos plantean nuevas preguntas sobre el futuro. «Una gran pregunta que me queda es si estas sequías cortas —y la sequía del Día Cero fue relativamente breve— se prolongarán y, con el tiempo, se convertirán en una característica permanente del clima regional», afirma. «El hecho de que sequías pasadas aparezcan en el registro sedimentario sugiere que persistieron durante muchos años».

En su futuro trabajo como investigadora postdoctoral, Rubbelke planea realizar estudios comparativos en la costa este de África, al otro lado del continente, para comprender mejor las variaciones en las precipitaciones. También espera explorar cómo los cambios en los patrones de lluvia pudieron haber moldeado la evolución humana temprana en el sur de África, donde se encuentran yacimientos fósiles clave como la Cuna de la Humanidad. Los cambios en la vegetación y la disponibilidad de agua podrían haber influido en el lugar donde vivieron las especies de homínidos y cuáles sobrevivieron.

Más allá de sus conocimientos científicos, la investigación ofrece valor práctico para el presente. Regiones como California, que comparten el clima mediterráneo de Sudáfrica —caracterizado por inviernos suaves y húmedos y veranos calurosos y secos— podrían beneficiarse de una comprensión más profunda de la dinámica de las sequías pasadas. «Los modelos climáticos son la única herramienta que tenemos para la planificación», afirma Bhattacharya. «Al comprobar su eficacia en la simulación de eventos pasados, podemos identificar sus deficiencias y, en última instancia, mejorar nuestra capacidad de modelización para prepararnos mejor para el futuro».

Más información: Claire B. Rubbelke et al., Impactos de los frentes subtropicales del hemisferio sur en el hidroclima de África austral durante la transición del Pleistoceno Medio, Nature Communications (2025). DOI: 10.1038/s41467-025-58792-5