Agua de deshielo oculta en la Antártida


Un estudio en Frontiers in Marine Science detecta agua dulce glacial a más de 50 metros de profundidad en la Península Antártica Occidental


Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.


El deshielo de los glaciares antárticos no solo está cambiando la superficie del océano. Una nueva investigación publicada en Frontiers in Marine Science encontró que el agua dulce procedente del derretimiento glacial también puede detectarse a mayor profundidad en aguas costeras de la Península Antártica Occidental, una de las regiones de calentamiento más rápido del planeta.

El estudio, encabezado por el profesor Aaron Micallef, del Monterey Bay Aquarium Research Institute, en Estados Unidos, cambia una idea asumida durante años: el agua de deshielo no queda necesariamente limitada a una capa superficial más ligera. Parte de esa agua puede desplazarse y almacenarse decenas de metros bajo la superficie, con posibles efectos sobre la circulación oceánica, el movimiento del calor y la distribución de nutrientes.

El hallazgo se suma a las investigaciones que muestran cómo la Antártida influye en la circulación oceánica global y en la forma en que el planeta redistribuye calor, carbono y agua entre distintas regiones.

Agua dulce bajo la superficie

Los científicos tomaron muestras de agua en tres puntos de la Península Antártica Occidental: Cierva Cove, Paradise Bay y aguas cercanas a Petermann Island. El objetivo era identificar señales químicas e isotópicas capaces de revelar el origen del agua dulce presente en la columna oceánica.

Para distinguir el agua de deshielo glacial de otras posibles fuentes, el equipo analizó formas de oxígeno e hidrógeno que funcionan como trazadores naturales. Esas huellas isotópicas permiten separar el aporte de los glaciares de otras entradas de agua dulce, como el derretimiento del hielo marino o posibles flujos terrestres.

Los resultados mostraron un patrón consistente: en los tres sitios se detectaron señales de agua dulce a más de 50 metros de profundidad. En las bahías más protegidas, la evidencia de agua de deshielo glacial se extendió más allá de los 90 metros. Esto significa que una parte del agua dulce no permanece solo en la superficie, sino que queda almacenada en zonas intermedias de la columna de agua.

Un reservorio oculto en aguas costeras

Los investigadores estimaron que el agua de deshielo glacial representaba aproximadamente entre 0,5% y 2% del agua encontrada a esas profundidades. Aunque parecen porcentajes bajos, son suficientes para modificar la densidad del agua de mar y afectar la forma en que interactúan las distintas capas del océano.

La densidad es un factor clave en el océano Austral. El agua dulce es menos densa que el agua salada, y su presencia puede intensificar la estratificación, es decir, la separación entre capas de agua que se mezclan con más dificultad. Esa estructura vertical condiciona el transporte de calor, oxígeno y nutrientes.

El trabajo aporta una pieza nueva al análisis del hielo antártico y sus puntos de cambio, porque muestra que el impacto del deshielo no termina en la pérdida visible de masa glaciar, sino que continúa dentro del océano costero.

Por qué importa la profundidad

La profundidad cambia la interpretación del problema. Si el agua de deshielo se almacena solo en la superficie, sus efectos se concentran en la capa superior del océano. Pero si alcanza zonas intermedias, puede alterar el intercambio de calor entre masas de agua, influir en la circulación local y modificar procesos que aún no están plenamente representados en los modelos climáticos.

En la Antártida, este detalle es especialmente importante porque el agua profunda relativamente cálida puede acelerar el deshielo cuando llega al frente de los glaciares o a la base de las plataformas de hielo. Si el agua dulce se distribuye en profundidad, puede cambiar la forma en que esas masas de agua se mezclan o se aíslan entre sí.

Ese proceso también puede incidir en los ecosistemas marinos. La circulación de nutrientes depende de la mezcla vertical. Si las capas se vuelven más estables y resistentes a la mezcla, puede cambiar el acceso de los organismos de superficie a nutrientes esenciales, con consecuencias para redes tróficas que sostienen vida marina antártica.

Bahías protegidas con señales más fuertes

Las señales subsuperficiales más intensas aparecieron en Cierva Cove y Paradise Bay, dos bahías costeras relativamente cerradas. En esas zonas, el agua modificada por los glaciares puede quedar retenida con mayor facilidad y mezclarse menos rápidamente con el océano abierto.

En las aguas cercanas a Petermann Island, las fracciones de agua de deshielo fueron más débiles. Los autores plantean que allí podría existir mayor circulación y mezcla con el agua circundante, lo que reduciría la concentración detectable del aporte glacial.

La diferencia entre sitios muestra que el impacto del deshielo no es uniforme. Depende de la forma de la costa, la circulación local, la profundidad, la conexión con glaciares cercanos y el grado de protección de cada bahía.

Modelos climáticos con una pieza incompleta

Muchos modelos oceánicos y climáticos representan el agua de deshielo glacial como una entrada principalmente superficial o restringida a la parte alta del océano. El nuevo estudio sugiere que esa simplificación puede dejar fuera un componente importante del sistema antártico.

Si una fracción del agua dulce queda almacenada de forma recurrente a profundidades intermedias, los modelos deberán incorporar mejor esos reservorios ocultos. De lo contrario, podrían subestimar cambios en la estratificación, la circulación costera y el transporte de calor en una región clave para el clima global.

La investigación también dialoga con estudios sobre el calentamiento de las aguas marinas, porque el comportamiento del océano alrededor de la Antártida depende tanto de la temperatura como de la salinidad y de la entrada de agua dulce procedente del hielo.

Un sistema que exige más observaciones

Los autores advierten que el trabajo ofrece una fotografía en el tiempo. Se necesitan más observaciones en diferentes estaciones y años para determinar si estas capas subsuperficiales de agua de deshielo son persistentes, si cambian con el clima y si se intensifican a medida que aumenta la pérdida de hielo.

Aun con esa cautela, el estudio deja claro que los efectos del deshielo glacial se extienden más allá de lo visible. Bajo las aguas costeras de la Península Antártica Occidental, un reservorio oculto de agua dulce parece estar modificando la estructura del océano y aportando nuevas pistas sobre cómo responde la región al calentamiento global.

Comprender hacia dónde va el agua de deshielo después de salir de los glaciares será cada vez más importante. No se trata solo de medir cuánto hielo pierde la Antártida, sino de entender cómo esa pérdida reorganiza las capas del océano, la circulación costera y los mecanismos que conectan el deshielo regional con el clima del planeta.

Fuente(s) referenciales

Phys.org: Hidden meltwater found deep in Antarctic coastal waters reveals stronger climate impacts