Un estudio de la Universidad de California en Los Ángeles revela que la frecuencia mundial de precipitaciones extremas alcanzó un récord durante 2024. Los investigadores atribuyen parte del aumento al calentamiento global y advierten que un nuevo episodio intenso de El Niño podría favorecer condiciones similares en 2027.
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
Las precipitaciones extremas alcanzaron una frecuencia sin precedentes a escala mundial durante 2024, impulsadas por una combinación de factores climáticos que incluyeron el fenómeno de El Niño y el calentamiento global. Una nueva investigación de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), Estados Unidos, ha determinado que el número de episodios de lluvia intensa superó en un 20 % el nivel de referencia utilizado en el estudio, estableciendo un récord en las observaciones analizadas.
El trabajo, publicado el 9 de octubre de 2026 en la revista científica Science Advances, identifica una contribución importante del calentamiento global al comportamiento excepcional de las precipitaciones. Los investigadores estiman que aproximadamente el 40 % del incremento observado estuvo relacionado con el calentamiento climático, mientras que El Niño explicó alrededor del 20 %.
La investigación fue encabezada por Chad W. Thackeray, científico del Departamento de Ciencias Atmosféricas y Oceánicas y del Centro de Ciencias del Clima de UCLA, con la participación de Alex Hall, director del centro y del Instituto de Medio Ambiente y Sostenibilidad de la universidad.
Los resultados adquieren especial relevancia ante el desarrollo de un nuevo episodio de El Niño durante 2026, que podría alcanzar una intensidad considerable y mantener condiciones favorables para lluvias extremas durante parte de 2027.
Sin embargo, los autores advierten que esta posibilidad no constituye una predicción definitiva de que el récord de 2024 vaya a superarse.
El año 2024 superó anteriores episodios intensos de El Niño
La investigación comparó la frecuencia de precipitaciones intensas durante 2024 con registros correspondientes a otros episodios importantes de El Niño.
Entre los antecedentes examinados se encuentran los años 1983, 1998 y 2016, asociados con episodios de calentamiento significativo en el Pacífico tropical.
Los resultados muestran que 2024 presentó una frecuencia de precipitaciones extremas superior a la registrada durante esos acontecimientos.
La comparación resulta especialmente interesante porque el episodio de El Niño de 2016 fue más intenso que el de 2024 según los indicadores oceánicos considerados, pero no produjo una frecuencia mundial de lluvias extremas tan elevada.
Este contraste demuestra que la intensidad de El Niño no determina por sí sola la magnitud de las precipitaciones extremas a escala planetaria.
El estado térmico general del planeta, las temperaturas de otros océanos y las condiciones atmosféricas regionales también influyen en la distribución y persistencia de las lluvias.
La investigación busca separar esas contribuciones para comprender por qué un episodio oceánico de menor intensidad puede coincidir con precipitaciones más extremas que las observadas durante acontecimientos anteriores.
El calentamiento global explicó una parte importante del récord
Uno de los resultados centrales del estudio es la identificación de una contribución significativa del calentamiento global al aumento de las precipitaciones extremas durante 2024.
Los científicos estimaron que aproximadamente el 40 % del incremento estuvo asociado con el calentamiento climático, mientras que alrededor del 20 % se relacionó con El Niño.
Estas proporciones corresponden al incremento analizado por los investigadores y no significan que el 40 % de toda la lluvia caída durante 2024 fuera producido directamente por el cambio climático.
La distinción es importante porque el estudio examina la frecuencia de episodios de precipitación intensa, no una distribución porcentual del volumen total de agua precipitada en el planeta.
El calentamiento global modifica las condiciones de fondo en las que se desarrollan los fenómenos meteorológicos.
Una atmósfera más cálida puede contener mayor cantidad de vapor de agua, aumentando el potencial de precipitaciones intensas cuando existen los mecanismos atmosféricos necesarios para producirlas.
Sin embargo, disponer de más humedad no garantiza que llueva más en todas las regiones.
La formación de precipitaciones también depende de la circulación atmosférica, la estabilidad del aire, los movimientos verticales y otros procesos meteorológicos.
Por esta razón, el calentamiento puede favorecer episodios de lluvia más intensos en determinadas condiciones y, simultáneamente, coexistir con sequías en otras regiones.
Las lluvias extremas continuaron después del debilitamiento de El Niño
El comportamiento temporal de las precipitaciones durante 2024 constituye otra de las principales novedades de la investigación.
En episodios intensos anteriores de El Niño, gran parte de las precipitaciones extremas se concentraba durante la primera mitad del año.
Posteriormente, a medida que el océano Pacífico tropical perdía temperatura y disminuía la influencia del fenómeno, la frecuencia de estos acontecimientos tendía a reducirse.
Durante 2024 ocurrió algo diferente.
Aunque El Niño se debilitó y las aguas del Pacífico comenzaron a enfriarse, las precipitaciones extremas continuaron registrándose a escala mundial.
Los investigadores identificaron un nuevo aumento de estos episodios que alcanzó su máximo durante agosto.
Esta persistencia indica que otros componentes del sistema climático mantuvieron condiciones favorables para las lluvias intensas después de que disminuyera la influencia directa del calentamiento del Pacífico.
Los científicos relacionan una parte importante de ese comportamiento con el calentamiento global.
El resultado sugiere que, en un planeta más cálido, los efectos de un episodio de El Niño pueden coincidir con condiciones atmosféricas que favorezcan precipitaciones extremas durante períodos más prolongados.
El calentamiento simultáneo de tres océanos también influyó
El análisis identificó otro factor que contribuyó a las condiciones excepcionales de 2024: el calentamiento simultáneo de extensas regiones de los océanos Pacífico, Atlántico e Índico.
Mientras El Niño elevaba las temperaturas del Pacífico tropical, amplias zonas de los otros dos océanos también presentaban anomalías cálidas.
Esta coincidencia pudo modificar la disponibilidad de humedad y la circulación atmosférica en distintas regiones del planeta.
Los investigadores señalan que una configuración oceánica comparable había ocurrido anteriormente en 1998, año que mantuvo el récord de frecuencia de lluvias extremas hasta 2024.
La simultaneidad del calentamiento en los tres océanos es relativamente poco frecuente.
Su influencia resulta relevante porque demuestra que los efectos climáticos no pueden interpretarse únicamente a partir de las temperaturas del Pacífico ecuatorial.
Las anomalías del Atlántico y del Índico también pueden intervenir en la circulación atmosférica y modificar las condiciones regionales de precipitación.
Los autores reconocen que todavía no saben si una configuración semejante se repetirá durante el próximo episodio de El Niño.
La metodología empleada utilizó mediciones de temperatura oceánica correspondientes al período de diciembre a febrero, cuando el fenómeno suele alcanzar su mayor intensidad.
Por ello, será necesario observar la evolución de los océanos durante los próximos meses antes de establecer si vuelve a producirse un calentamiento simultáneo de características comparables.
La temperatura de los océanos condiciona la distribución de las lluvias
Los océanos desempeñan un papel fundamental en el funcionamiento del sistema climático porque almacenan y redistribuyen enormes cantidades de energía.
Las temperaturas superficiales del mar influyen en la evaporación, la disponibilidad de humedad atmosférica y el intercambio de calor entre el océano y la atmósfera.
Cuando se producen anomalías térmicas extensas, pueden modificarse los patrones de circulación y las regiones donde se desarrolla la convección tropical.
El Niño constituye uno de los ejemplos más conocidos de esta interacción.
Durante su fase cálida, el aumento de la temperatura del Pacífico ecuatorial central y oriental altera los vientos y desplaza determinadas zonas de precipitación.
Estas modificaciones pueden propagarse hacia regiones alejadas mediante conexiones atmosféricas conocidas como teleconexiones.
Sin embargo, las respuestas no son idénticas en todos los episodios.
El calentamiento de otros océanos y la variabilidad interna de la atmósfera pueden reforzar, debilitar o modificar las señales regionales asociadas con El Niño.
Esta complejidad ayuda a explicar por qué los pronósticos estacionales suelen expresarse en términos de probabilidades y no como predicciones exactas de la lluvia que recibirá cada territorio.
El próximo El Niño podría favorecer nuevos extremos en 2027
La investigación también examina las posibles implicaciones de sus resultados para el episodio de El Niño que se desarrolla durante 2026.
Los científicos consideran que el calentamiento del Pacífico tropical podría alcanzar una intensidad elevada durante el invierno boreal de 2026-2027.
Si el fenómeno se fortalece considerablemente, su influencia podría favorecer una mayor frecuencia de precipitaciones extremas durante parte del año siguiente.
Además, el calentamiento global continúa modificando las condiciones atmosféricas en las que se desarrollan estos acontecimientos.
Los autores señalan que la combinación de un episodio intenso de El Niño con un clima global más cálido podría crear condiciones favorables para nuevos récords de precipitación extrema.
No obstante, destacan que no es posible afirmar todavía que 2027 superará el registro de 2024.
El resultado dependerá de la intensidad real del episodio, su evolución temporal, la distribución del calentamiento oceánico y las respuestas de la circulación atmosférica.
Noticias de la Tierra ha seguido recientemente cómo El Niño redistribuye las precipitaciones y modifica los riesgos de sequías e inundaciones en diferentes regiones del planeta.
El nuevo estudio aporta una perspectiva adicional: examina cómo el calentamiento global puede amplificar la frecuencia de las lluvias extremas incluso cuando la influencia directa de El Niño comienza a disminuir.
El Pacífico oriental podría influir en el comportamiento del próximo episodio
Los investigadores también destacan la importancia de la ubicación del calentamiento dentro del océano Pacífico tropical.
Los episodios de El Niño no presentan siempre la misma distribución espacial de las anomalías térmicas.
En algunos casos, el calentamiento se concentra principalmente en el Pacífico central, mientras que en otros adquiere mayor importancia la región oriental.
Estas diferencias pueden modificar la respuesta de la atmósfera y los patrones de precipitación asociados.
Las observaciones disponibles sugieren que el episodio en desarrollo podría presentar un calentamiento destacado en el Pacífico oriental.
Los investigadores señalan que esta configuración suele relacionarse con determinadas condiciones más favorables para lluvias abundantes que las observadas durante episodios centrados en el Pacífico central.
Sin embargo, estas relaciones son estadísticas y no permiten determinar por sí solas dónde ocurrirá una inundación.
La magnitud de los impactos regionales depende también de otros factores, como la circulación atmosférica estacional, la humedad de los suelos y las características de las cuencas hidrográficas.
La frecuencia de lluvias extremas podría aumentar durante las próximas décadas
Los autores del estudio advierten que el calentamiento global podría hacer más frecuentes condiciones de precipitación extrema semejantes a las registradas durante 2024.
De acuerdo con las estimaciones presentadas por los investigadores, hacia mediados de siglo podrían observarse episodios de frecuencia comparable aproximadamente cada dos años.
Esta proyección no significa que todas las regiones del planeta recibirán lluvias récord cada dos años.
Se refiere a la frecuencia global de precipitaciones extremas analizada mediante los indicadores utilizados en la investigación.
Los cambios regionales pueden ser considerablemente diferentes.
Algunas zonas podrían experimentar un aumento de los episodios intensos, mientras que otras podrían presentar modificaciones en la estacionalidad o en la distribución de las lluvias.
La interpretación también depende de los escenarios futuros de emisiones y calentamiento.
Los resultados refuerzan la importancia de estudiar conjuntamente la variabilidad climática natural y las tendencias asociadas con el calentamiento global.
El Niño puede modificar temporalmente las condiciones de precipitación, mientras que el aumento sostenido de las temperaturas altera el contexto climático en el que se desarrollan esos episodios.
Las inundaciones dependen de factores adicionales a la lluvia
Un aumento de la frecuencia de precipitaciones extremas puede incrementar la exposición de determinadas regiones a inundaciones.
Sin embargo, la cantidad de lluvia no determina automáticamente la magnitud de los daños.
Las consecuencias dependen también de la topografía, el estado de los cauces, la humedad previa del suelo, la capacidad de drenaje y la ocupación de las zonas inundables.
En áreas urbanas densamente construidas, las superficies impermeables pueden acelerar la escorrentía y favorecer acumulaciones de agua.
En cuencas montañosas, las pendientes pronunciadas pueden contribuir a crecidas repentinas cuando las precipitaciones se concentran en períodos breves.
La preparación institucional y la capacidad de respuesta de la población también influyen en las consecuencias de estos episodios.
Por esta razón, los pronósticos climáticos estacionales deben complementarse con sistemas de vigilancia meteorológica e hidrológica capaces de proporcionar información más detallada a medida que se aproximan los acontecimientos.
La diferencia entre anticipar lluvias intensas y prevenir daños fue examinada recientemente en Noticias de la Tierra al analizar la utilidad de las alertas meteorológicas para reducir las consecuencias de las inundaciones.
La planificación territorial, el mantenimiento de infraestructuras y la comunicación del riesgo constituyen elementos necesarios para transformar las previsiones científicas en medidas de protección.
La investigación distingue entre variabilidad natural y calentamiento global
Uno de los principales aportes científicos del trabajo consiste en examinar las diferentes contribuciones que explicaron las precipitaciones extremas de 2024.
El Niño forma parte de la variabilidad natural del sistema climático y ha producido episodios importantes de calentamiento del Pacífico durante décadas.
El calentamiento global, en cambio, representa una modificación sostenida de las condiciones térmicas del planeta, impulsada principalmente por el aumento de las concentraciones de gases de efecto invernadero.
Ambos procesos pueden interactuar.
Un episodio natural de El Niño se desarrolla actualmente sobre una atmósfera y unos océanos más cálidos que los existentes durante acontecimientos semejantes de décadas anteriores.
Esta diferencia puede modificar la disponibilidad de humedad y las características de las precipitaciones.
Los resultados de UCLA muestran que atribuir toda la frecuencia excepcional de lluvias de 2024 exclusivamente a El Niño dejaría sin explicar una parte importante del fenómeno.
También destacan que el calentamiento simultáneo de diferentes océanos puede contribuir a modificar las condiciones atmosféricas.
La investigación proporciona así un marco para interpretar los extremos de precipitación como resultado de la interacción entre varios componentes del sistema climático.
La vigilancia de El Niño requiere observar el océano y la atmósfera
El seguimiento del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur utiliza mediciones de temperatura superficial del mar, presión atmosférica, vientos y otros indicadores.
Los organismos meteorológicos internacionales combinan observaciones satelitales, boyas oceánicas y modelos climáticos para evaluar su evolución.
La temperatura del Pacífico ecuatorial constituye una señal importante, pero el fenómeno requiere también una respuesta atmosférica coherente.
La intensidad de las anomalías oceánicas permite clasificar los episodios, aunque no proporciona una predicción directa de todos sus impactos.
Noticias de la Tierra documentó anteriormente las señales oceánicas y atmosféricas que anticipaban el fortalecimiento de El Niño durante 2026.
La evolución posterior del fenómeno ha incrementado el interés por sus posibles consecuencias durante el invierno boreal y el año siguiente.
El nuevo análisis de UCLA añade información sobre cómo podría responder la frecuencia mundial de lluvias extremas cuando un episodio intenso coincide con temperaturas globales elevadas.
Los resultados pueden mejorar la preparación frente a lluvias intensas
La identificación de factores que favorecen precipitaciones extremas resulta relevante para los sistemas de planificación y gestión del riesgo.
Las autoridades pueden utilizar las perspectivas estacionales para revisar protocolos de emergencia, evaluar la capacidad de drenaje y reforzar la vigilancia en cuencas vulnerables.
Sin embargo, los resultados de una investigación global no deben interpretarse como un pronóstico específico para una ciudad o región.
La preparación requiere consultar las previsiones oficiales correspondientes a cada territorio y actualizar las evaluaciones conforme se dispone de nueva información.
El estudio también pone de manifiesto la necesidad de incorporar el calentamiento global a los análisis de riesgo.
Los antecedentes históricos siguen siendo importantes, pero las condiciones climáticas actuales pueden diferir de las existentes durante episodios anteriores de El Niño.
Por ello, comparar acontecimientos pasados sin considerar el calentamiento acumulado puede ofrecer una imagen incompleta de los riesgos futuros.
El récord de 2024 plantea nuevas preguntas sobre las lluvias futuras
Los investigadores de UCLA consideran que las precipitaciones extremas de 2024 ofrecen una referencia importante para comprender la interacción entre El Niño y el calentamiento global.
El aumento del 20 % en la frecuencia de estos episodios, junto con la contribución estimada del calentamiento climático, demuestra que las condiciones térmicas actuales pueden modificar la expresión de fenómenos naturales conocidos.
La persistencia de lluvias extremas después del debilitamiento de El Niño también indica que los efectos sobre la precipitación no dependen exclusivamente de la evolución inmediata del Pacífico tropical.
El posible fortalecimiento del episodio de 2026 mantiene abierta la posibilidad de que 2027 presente nuevamente una frecuencia excepcional de lluvias intensas.
Sin embargo, los científicos subrayan que todavía existen incertidumbres importantes sobre la evolución del fenómeno y el comportamiento de otros océanos.
La continuidad de las observaciones y la mejora de los modelos climáticos serán fundamentales para determinar si las condiciones que favorecieron el récord de 2024 vuelven a repetirse.
Fuentes referenciales:
Science Advances — Record-setting heavy precipitation occurrence in 2024, Chad W. Thackeray y colaboradores (2026)
Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), información científica difundida el 12 de octubre de 2026




