El fuerte calentamiento del Pacífico tropical reorganiza la circulación atmosférica y aumenta la probabilidad de sequías, inundaciones, incendios y estrés en los ecosistemas, aunque sus efectos varían ampliamente entre regiones
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
El fuerte episodio de El Niño que se desarrolla durante 2026 está modificando los patrones de temperatura y precipitación en distintas regiones del planeta. El calentamiento anómalo del Pacífico tropical altera la circulación atmosférica y desplaza las zonas donde se concentran las lluvias, elevando la probabilidad de inundaciones en algunos territorios y de sequías prolongadas en otros.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó en septiembre que el episodio ya se había consolidado y que se espera que alcance una intensidad muy fuerte durante los próximos meses. El organismo considera prácticamente segura su persistencia hasta febrero de 2027, una situación que mantiene bajo vigilancia los recursos hídricos, la producción de alimentos, los ecosistemas y las regiones expuestas a fenómenos meteorológicos extremos.
Los impactos, sin embargo, no se distribuyen uniformemente ni pueden atribuirse de manera automática a El Niño. La intensidad del calentamiento oceánico modifica probabilidades climáticas, pero el resultado en cada territorio depende también de la época del año, otros patrones atmosféricos y oceánicos, la humedad de los suelos y las condiciones ambientales locales. Esa variabilidad ya fue analizada por Noticias de la Tierra al examinar el riesgo climático asociado al fortalecimiento de El Niño hasta 2027.
El Pacífico reorganiza las lluvias a escala planetaria
El Niño constituye la fase cálida del sistema El Niño-Oscilación del Sur (ENSO). Se desarrolla cuando las temperaturas de la superficie del mar permanecen por encima de lo habitual en sectores del Pacífico ecuatorial central y oriental y esos cambios oceánicos interactúan con la atmósfera.
La modificación de los vientos y de las zonas de convección tropical puede repercutir a miles de kilómetros. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) señala que durante los episodios de El Niño suelen registrarse precipitaciones superiores a lo normal en el Pacífico oriental y centro-oriental, mientras partes de Australia, Indonesia y Filipinas tienden a experimentar condiciones más secas.
En determinados momentos del año también aumenta la probabilidad de lluvias por encima de la media en sectores costeros de Ecuador y el noroeste de Perú, el sur de Brasil, el centro de Argentina y África oriental. En contraste, regiones del norte de Sudamérica, Centroamérica y el sur de África pueden presentar déficits de precipitación.
Estas relaciones son probabilísticas y no constituyen pronósticos deterministas para cada localidad. Incluso dos episodios de El Niño con una intensidad oceánica semejante pueden producir distribuciones diferentes de lluvia. Por ello, los organismos meteorológicos combinan el estado del ENSO con modelos estacionales y otros componentes del sistema climático.
Indonesia enfrenta sequedad e incendios
El sudeste asiático figura entre las regiones especialmente sensibles a la reducción de las lluvias durante El Niño. En Indonesia, la pérdida de humedad favorece la propagación de incendios sobre bosques y turberas, ecosistemas donde el fuego puede liberar grandes cantidades de carbono y generar episodios prolongados de contaminación atmosférica.
La sequedad también afecta reservas de agua, agricultura y ecosistemas. Noticias de la Tierra ya examinó cómo El Niño está agravando la sequía en Asia y aumentando la presión sobre el suministro de alimentos, con efectos potenciales sobre cultivos, pesca y disponibilidad hídrica.
El riesgo de incendios tampoco responde exclusivamente a la presencia de El Niño. El uso del suelo, las quemas, la humedad de la vegetación, la gestión forestal y las condiciones meteorológicas de corto plazo determinan si una anomalía climática termina convirtiéndose en una temporada de incendios especialmente destructiva.
África puede recibir sequías e inundaciones simultáneamente
Una de las características de El Niño es que puede favorecer anomalías de precipitación opuestas dentro de un mismo continente. Sectores del este de África pueden experimentar lluvias superiores a las habituales, mientras zonas del sur del continente presentan un mayor riesgo de déficit hídrico.
En el este africano, precipitaciones excepcionalmente intensas pueden aumentar la amenaza de inundaciones repentinas, deslizamientos y daños a viviendas e infraestructura. En el sur, una temporada seca puede reducir la humedad de los suelos y perjudicar cultivos básicos como el maíz.
Los efectos sobre la agricultura pueden extenderse rápidamente a la seguridad alimentaria cuando las anomalías climáticas afectan territorios donde las comunidades dependen de cultivos de secano o disponen de escasas reservas. Esa conexión entre extremos meteorológicos y producción fue abordada recientemente al analizar cómo El Niño eleva el riesgo de una nueva crisis alimentaria mundial.
Perú y Ecuador bajo vigilancia por lluvias intensas
En la costa pacífica de Sudamérica ocurre el escenario contrario. El calentamiento de las aguas frente a Perú y Ecuador puede favorecer una atmósfera más húmeda y aumentar la probabilidad de precipitaciones intensas en regiones donde normalmente las lluvias son escasas.
Cuando esas precipitaciones se concentran en periodos breves, los riesgos incluyen crecidas de ríos, inundaciones, deslizamientos, interrupciones de carreteras y daños en infraestructura. La saturación previa del suelo puede incrementar todavía más la vulnerabilidad ante nuevos episodios de lluvia.
La relación entre El Niño y las precipitaciones sudamericanas tampoco es uniforme. Algunas regiones pueden recibir más lluvia mientras otras atraviesan déficits prolongados. Noticias de la Tierra ha documentado esta diferencia al analizar cómo El Niño amenaza simultáneamente el agua y la producción de alimentos en diferentes zonas de América Latina.
Las inundaciones pueden prolongar los impactos ambientales
Los efectos de las lluvias extremas no terminan cuando desciende el nivel del agua. Las inundaciones pueden contaminar fuentes de abastecimiento, movilizar sedimentos y residuos, erosionar suelos y alterar ecosistemas fluviales y costeros.
Las altas temperaturas combinadas con acumulaciones de agua también pueden modificar las condiciones ecológicas para diferentes organismos y vectores de enfermedades. Por ello, los impactos asociados a un episodio climático intenso pueden extenderse durante semanas o meses después del fenómeno meteorológico inicial.
Las ciudades presentan otro tipo de vulnerabilidad. Drenajes insuficientes, urbanización sobre zonas inundables y pérdida de superficies permeables pueden amplificar los daños producidos por precipitaciones extraordinarias. Estas condiciones fueron examinadas en el análisis sobre cómo El Niño está poniendo a prueba la preparación de las ciudades frente a eventos extremos.
El calor oceánico también amenaza a los arrecifes
El Niño no modifica únicamente las precipitaciones terrestres. El calentamiento del océano puede someter a los arrecifes de coral a un fuerte estrés térmico. Cuando la temperatura marina permanece demasiado elevada durante suficiente tiempo, los corales expulsan las algas simbióticas que les proporcionan gran parte de su energía y adquieren el aspecto blanquecino característico del blanqueamiento.
Un coral blanqueado no está necesariamente muerto, pero pierde una fuente fundamental de energía y queda más vulnerable. Si las condiciones térmicas extremas persisten, aumenta el riesgo de mortalidad y de degradación del ecosistema arrecifal.
El episodio actual se desarrolla además sobre océanos globalmente muy cálidos, por lo que El Niño se superpone a una base térmica diferente de la registrada durante muchos eventos históricos. Investigaciones recientes también muestran cambios de largo plazo en la variabilidad del Pacífico: un estudio basado en registros coralinos, analizado por Noticias de la Tierra, encontró que las oscilaciones de El Niño se han intensificado durante las últimas décadas.
Un El Niño fuerte no determina por sí solo cada desastre
La OMM prevé que el actual episodio alcance una intensidad muy fuerte y produzca cambios importantes en las temperaturas y las precipitaciones durante los próximos meses. Sin embargo, la categoría asignada al fenómeno describe principalmente la magnitud de las anomalías del Pacífico tropical y no permite calcular directamente cuánto lloverá, qué superficie arderá o qué región sufrirá una inundación.
La vulnerabilidad local resulta decisiva. El estado de las cuencas, la conservación de los bosques, la humedad de los suelos, la disponibilidad de agua, la infraestructura, los sistemas de alerta temprana y la capacidad de respuesta pueden determinar si una anomalía meteorológica se convierte en un desastre de grandes dimensiones.
Los pronósticos estacionales ofrecen precisamente una oportunidad para anticipar esos riesgos. A medida que El Niño avance hacia su máximo previsto, la vigilancia del Pacífico y de las respuestas atmosféricas regionales permitirá ajustar las previsiones de lluvia, sequía, temperatura e impactos ecológicos para finales de 2026 y comienzos de 2027.
Fuentes referenciales:
Organización Meteorológica Mundial (OMM)
Climate Prediction Center de NOAA
Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA)
Infobae




