Corales de Galápagos revelan que la variabilidad del Pacífico oriental entre 1990 y 2010 superó ampliamente los niveles de la era preindustrial
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
La amplitud del sistema El Niño-Oscilación del Sur en el Pacífico oriental aumentó durante las últimas décadas hasta alcanzar niveles sin equivalentes en una reconstrucción climática de aproximadamente 1.000 años. El hallazgo procede de un estudio internacional encabezado por la paleoclimatóloga Julia Cole, de la Universidad de Michigan, y publicado en la revista Science.
El análisis determinó que la amplitud media entre las fases cálidas y frías registrada entre 1990 y 2010 fue un 36,5 % superior a la del periodo preindustrial anterior a 1850. También resultó un 16 % mayor que la observada entre 1851 y 1982. Los autores atribuyen este fortalecimiento reciente principalmente a la influencia del calentamiento global causado por las actividades humanas.
ENSO alterna entre El Niño y La Niña
El Niño-Oscilación del Sur, conocido como ENSO por sus siglas en inglés, es una variación natural del sistema acoplado entre el océano y la atmósfera del Pacífico tropical. Sus cambios afectan las temperaturas superficiales y subsuperficiales del mar, los vientos alisios, la presión atmosférica y la localización de las lluvias tropicales.
Durante El Niño, las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental se vuelven más cálidas de lo habitual y los vientos alisios tienden a debilitarse. En La Niña ocurre el patrón contrario: el océano ecuatorial presenta temperaturas inferiores al promedio y los alisios suelen fortalecerse.
La amplitud de ENSO representa la magnitud de las variaciones entre esas condiciones cálidas y frías. Por tanto, el aumento identificado no significa que El Niño haya dejado de ser un fenómeno natural, sino que sus oscilaciones recientes en el Pacífico oriental alcanzaron una intensidad excepcional dentro del periodo reconstruido.
La relación general entre El Niño y la temperatura del planeta funciona en ambas direcciones. ENSO puede modificar temporalmente el promedio térmico mundial, mientras el calentamiento de fondo altera el entorno oceánico y atmosférico donde se desarrolla el ciclo.
Los corales conservaron un milenio de variabilidad oceánica
Los registros instrumentales directos de la temperatura marina abarcan un periodo demasiado corto para determinar si las oscilaciones observadas recientemente corresponden a una variación excepcional o forman parte de ciclos naturales mucho más largos. Para ampliar esa perspectiva, el equipo recurrió a corales modernos y fósiles de las islas Galápagos.
El archipiélago se encuentra en el Pacífico ecuatorial oriental, una de las regiones donde las anomalías térmicas de El Niño se expresan con especial claridad. Sin embargo, esta zona había quedado poco representada en reconstrucciones anteriores debido a la escasez de corales y a las dificultades del trabajo oceanográfico.
Los corales forman capas de carbonato cálcico que conservan señales químicas relacionadas con las condiciones del agua durante su crecimiento. El análisis de esos compuestos permite reconstruir variaciones mensuales de la temperatura superficial del mar e identificar episodios breves que podrían desaparecer en registros de menor resolución temporal.
El equipo estudió 13 corales antiguos y modernos extraídos cerca de Galápagos. La combinación de sus registros produjo una cronología de aproximadamente 1.000 años para el Pacífico oriental, suficientemente extensa para comparar la era industrial con siglos de variabilidad natural anterior.
Los grandes eventos recientes no tienen equivalentes en el registro
La reconstrucción mostró que la variabilidad interanual de la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial oriental aumentó con especial fuerza durante las últimas cuatro décadas. El cambio estuvo impulsado sobre todo por eventos cálidos de El Niño más intensos.
Los grandes episodios recientes aparecen con una frecuencia y magnitud superiores a las encontradas en el registro del milenio previo. Esa perspectiva ayuda a contextualizar los eventos de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016, considerados entre los más intensos de la era instrumental.
El resultado también adquiere relevancia ante las previsiones de un episodio de El Niño muy fuerte durante 2026. Los pronósticos estacionales y la reconstrucción paleoclimática responden a preguntas distintas: los primeros estiman la evolución inmediata del sistema, mientras los corales permiten evaluar si su comportamiento reciente resulta excepcional dentro de una escala histórica más amplia.
Doce modelos probaron la influencia de la variabilidad natural
Los científicos compararon la reconstrucción obtenida de los corales con simulaciones preindustriales de 12 modelos climáticos. Esas pruebas representaron factores naturales capaces de modificar el clima, entre ellos las erupciones volcánicas y los cambios en la actividad solar.
Las simulaciones no reprodujeron un fortalecimiento comparable con el observado desde finales del siglo XX. Para los autores, esta diferencia indica que la variabilidad natural por sí sola no ofrece una explicación suficiente para el aumento reciente.
La amplitud de ENSO avanzó en paralelo con la temperatura media del planeta durante la industrialización. Ese comportamiento, sumado a la ausencia de antecedentes equivalentes en la reconstrucción, llevó al equipo a atribuir el fortalecimiento principalmente al calentamiento antropogénico.
El estudio aporta así evidencia observacional complementaria a los modelos que anticipan una mayor variabilidad del sistema bajo el cambio climático. Las investigaciones sobre la intensificación del Pacífico ecuatorial ya habían señalado que las fases cálidas y frías se desarrollan actualmente sobre océanos y una atmósfera con más energía acumulada.
Por qué una oscilación más intensa desafía los pronósticos
Los modelos climáticos se calibran y evalúan mediante registros históricos. Si el comportamiento reciente de ENSO se desplaza fuera del rango representado adecuadamente en esas observaciones, las simulaciones pueden subestimar su amplitud o reproducir de forma incompleta sus impactos regionales.
El desafío no consiste únicamente en calcular cuánto se calienta el Pacífico. Los modelos deben representar la interacción entre temperaturas oceánicas, vientos alisios, corrientes, afloramientos de aguas profundas, nubes y convección tropical. Pequeñas diferencias en cualquiera de esos componentes pueden modificar la evolución del episodio y sus conexiones con otras regiones.
La nueva reconstrucción ofrece una referencia adicional para comprobar qué modelos representan correctamente la variabilidad natural y cuáles capturan la respuesta de ENSO al calentamiento. También puede ayudar a reducir la incertidumbre de las proyecciones sobre lluvias, sequías y temperaturas.
Mayor intensidad no determina cada impacto regional
Un El Niño fuerte eleva la probabilidad de anomalías meteorológicas, pero no garantiza que todos sus efectos sean más graves en cada territorio. La distribución de lluvias y sequías depende de la posición exacta del calentamiento oceánico, la estación, las condiciones atmosféricas regionales y la interacción con otros patrones climáticos.
ENSO modifica la circulación global mediante teleconexiones capaces de influir en regiones muy alejadas del Pacífico. Un episodio cálido puede favorecer lluvias en algunas zonas de Sudamérica, África oriental o el sur de Estados Unidos, mientras aumenta la probabilidad de sequedad en Australia, Indonesia y otras partes del sudeste asiático.
La meteoróloga Cindy Fernández explicó que una mayor magnitud del fenómeno incrementa la frecuencia probable de eventos meteorológicos anómalos, pero no permite anticipar automáticamente la severidad de cada inundación, sequía o tormenta.
La evaluación de los posibles efectos de un El Niño intenso debe realizarse por regiones y actualizarse con observaciones del océano y la atmósfera. Las perspectivas estacionales expresan probabilidades, no predicciones exactas para una ciudad o una cuenca.
El calentamiento amplifica un sistema naturalmente variable
El Niño y La Niña existían antes de la industrialización y continuarán formando parte del clima. El resultado publicado en Science no atribuye su origen a las emisiones humanas, sino el fortalecimiento excepcional de su amplitud reciente.
Una atmósfera más cálida puede almacenar una mayor cantidad de vapor de agua, lo que aporta más humedad a ciertos sistemas de precipitación. Al mismo tiempo, las temperaturas elevadas intensifican la evaporación y pueden agravar la pérdida de agua del suelo donde predominan condiciones secas.
Estos efectos aumentan la presión sobre la gestión del agua, la agricultura, los ecosistemas, la seguridad alimentaria y la protección ante fenómenos extremos. La respuesta concreta seguirá variando entre regiones, pero una oscilación más amplia incrementa el rango de condiciones que deben contemplar los planes de adaptación.
La reconstrucción de Galápagos proporciona una evidencia independiente de que el comportamiento contemporáneo del Pacífico oriental se alejó del observado durante siglos. Su incorporación a los modelos permitirá evaluar con mayor precisión cómo podrían evolucionar El Niño y La Niña si las temperaturas globales continúan aumentando.
Fuentes referenciales:
Infobae
Science




