Las posibles alteraciones de lluvia, humedad y temperatura podrían cambiar los hábitats de mosquitos, roedores y parásitos durante 2026 y 2027
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.
La evolución de un episodio de El Niño de intensidad inusual en el océano Pacífico mantiene bajo vigilancia a las autoridades climáticas y sanitarias de Estados Unidos. Los cambios previstos en las lluvias, la humedad y las temperaturas podrían transformar temporalmente los entornos donde se reproducen mosquitos, proliferan roedores o sobreviven determinados parásitos.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) estima una probabilidad superior al 90 % de que se desarrolle un episodio de intensidad excepcional durante el otoño y el invierno boreales de 2026-2027. La atención sanitaria se concentra en enfermedades como el hantavirus, el virus del Nilo Occidental y la ciclosporiasis, aunque las agencias advierten que una previsión climática no permite anticipar por sí sola la aparición de brotes.
El calentamiento del Pacífico reorganiza el clima regional
El Niño corresponde a la fase cálida del sistema El Niño-Oscilación del Sur y se desarrolla cuando las temperaturas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental permanecen por encima del promedio. Este calentamiento interactúa con la atmósfera, modifica los vientos, desplaza las áreas de formación de tormentas y altera la distribución de las precipitaciones en regiones alejadas del océano tropical.
El término “súper El Niño” se utiliza de manera informal para describir episodios extraordinariamente intensos, pero no constituye una categoría operativa oficial de la NOAA. La clasificación científica distingue eventos débiles, moderados, fuertes y muy fuertes. Una anomalía térmica de al menos 2 °C en la región oceánica de referencia suele asociarse con la última categoría.
Las proyecciones actuales coinciden con el seguimiento de la posible intensidad histórica de El Niño durante 2026. El máximo podría producirse entre noviembre de 2026 y enero de 2027, periodo en el que la influencia del fenómeno suele hacerse más visible sobre la circulación atmosférica del hemisferio norte.
En Estados Unidos, un episodio intenso suele favorecer condiciones más húmedas en sectores meridionales y un invierno relativamente más cálido en partes del norte. Sin embargo, el comportamiento concreto depende de la ubicación del calentamiento oceánico, la respuesta de la atmósfera y la interacción con otros patrones climáticos.
Las lluvias pueden modificar las poblaciones de roedores
Uno de los riesgos bajo observación es el hantavirus, una infección poco frecuente que en Estados Unidos se transmite principalmente cuando una persona inhala partículas contaminadas con orina, heces o saliva de roedores. Su posible relación con El Niño no se debe a una acción directa del océano sobre el patógeno, sino a una secuencia de cambios ecológicos.
Las lluvias abundantes pueden estimular el crecimiento de la vegetación y aumentar la disponibilidad de semillas y otros alimentos. Estas condiciones favorecen la reproducción de determinadas poblaciones de ratones y elevan la posibilidad de encuentros con seres humanos en viviendas, depósitos, graneros y espacios rurales.
El antecedente más estudiado ocurrió en 1993 en la región de Four Corners, en el suroeste de Estados Unidos. Un periodo de precipitaciones elevadas estuvo seguido por un aumento de roedores y por un brote de síndrome pulmonar por hantavirus. Esa experiencia demostró que la observación ambiental puede ayudar a identificar condiciones de riesgo, pero no significa que cada temporada lluviosa produzca necesariamente un brote.
La exposición humana, las características de las viviendas y las prácticas de limpieza también influyen. Incluso cuando aumenta la población de roedores, el riesgo sanitario depende de que existan oportunidades de contacto con materiales contaminados.
Humedad y temperatura influyen en los mosquitos
El virus del Nilo Occidental constituye otro foco de vigilancia. Las precipitaciones pueden generar acumulaciones de agua donde se desarrollan las larvas, mientras la temperatura interviene en el ciclo de vida de los mosquitos y en la velocidad con la que el virus se reproduce dentro de estos insectos.
La relación, sin embargo, no es lineal. Una lluvia moderada puede crear criaderos, pero una tormenta intensa también puede arrastrar larvas y alterar temporalmente sus hábitats. Las sequías, por su parte, pueden concentrar aves y mosquitos alrededor de fuentes reducidas de agua, creando otras condiciones favorables para la transmisión.
Esta complejidad coincide con las investigaciones sobre la expansión climática de los hábitats de mosquitos. Temperaturas más altas, inviernos suaves y disponibilidad de agua pueden prolongar las temporadas de actividad de algunas especies, aunque el resultado cambia según la región y el vector analizado.
Los años con extremos de humedad o sequedad han coincidido en ocasiones con una mayor carga de casos del virus del Nilo Occidental. Esa asociación justifica reforzar el monitoreo de insectos y aves, pero no permite afirmar que El Niño causará automáticamente un aumento de infecciones humanas.
La ciclosporiasis requiere una evaluación separada
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) informaron en agosto de 2026 un aumento considerable de ciclosporiasis. Desde mayo se habían confirmado 17.180 infecciones en 48 estados y el Distrito de Columbia, mientras más de 11.000 casos permanecían bajo investigación, según los datos divulgados.
La ciclosporiasis es causada por el parásito Cyclospora cayetanensis y suele relacionarse con el consumo de agua o vegetales frescos contaminados. El brote identificado por las autoridades fue atribuido a lechuga iceberg, no directamente a El Niño.
Las condiciones cálidas y húmedas pueden favorecer la supervivencia del parásito en el ambiente, pero las autoridades no han establecido un vínculo causal entre el episodio oceánico y el brote de 2026. La contaminación también depende de las condiciones agrícolas, el agua de riego, la manipulación, el procesamiento y las cadenas de distribución.
Un pronóstico climático no equivale a un brote
La NOAA recalca que El Niño modifica probabilidades y no garantiza un resultado meteorológico concreto para una localidad. Del mismo modo, los cambios de lluvia y temperatura pueden transformar el entorno de vectores y reservorios sin provocar necesariamente un aumento de enfermedades.
La relación entre las condiciones climáticas y las enfermedades humanas incluye numerosas variables. Además del ambiente intervienen la presencia del patógeno, la movilidad de las personas, el comportamiento social, el saneamiento, la infraestructura sanitaria y la capacidad de detectar los casos.
La evolución prevista también debe analizarse dentro de un planeta más cálido. El episodio de El Niño es un fenómeno natural recurrente, mientras el cambio climático responde a la acumulación de gases de efecto invernadero. La coincidencia de ambos procesos puede intensificar algunos extremos, pero no permite atribuir automáticamente cada tormenta, sequía o brote al calentamiento del Pacífico.
El seguimiento de la señal térmica de El Niño y sus posibles efectos durante 2027 será fundamental para actualizar los escenarios. Las observaciones del océano, la atmósfera, la vegetación y las poblaciones animales deberán compararse con los registros epidemiológicos.
La vigilancia continuará durante 2027
La NOAA y los CDC prevén mantener el monitoreo ambiental y sanitario durante los próximos meses. En el caso de las enfermedades transmitidas por mosquitos, la primavera y el verano boreales de 2027 serán periodos especialmente importantes para evaluar si las condiciones del invierno modificaron la abundancia de vectores o la dinámica de transmisión.
Los estados y las organizaciones locales pueden reforzar la identificación de mosquitos, la observación de poblaciones de roedores y los sistemas de notificación epidemiológica. La utilidad de estas medidas reside en detectar variaciones inusuales antes de que se conviertan en problemas de mayor alcance.
La previsión de un El Niño muy fuerte funciona así como una herramienta de preparación y no como una confirmación anticipada de enfermedades. Vincular información climática, vigilancia ecológica y datos sanitarios permitirá determinar qué cambios ocurren realmente y dónde deben concentrarse las acciones preventivas.
Fuente referencial:
Infobae




