El calentamiento excepcional del Pacífico podría intensificar sequías, lluvias extremas e incendios, además de impulsar temporalmente la temperatura mundial
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
El Niño de 2026 avanza hacia una intensidad potencialmente histórica en el océano Pacífico ecuatorial. Pronósticos citados por especialistas de la Oficina Meteorológica del Reino Unido y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos indican que el episodio podría superar los registros modernos y ejercer una influencia considerable sobre el clima mundial durante 2027.
Las proyecciones describen un calentamiento extraordinario de la región Niño 3.4, utilizada para vigilar la evolución del fenómeno. Las temperaturas superficiales diarias se situaban alrededor de 2,6 grados Celsius por encima del promedio móvil de 30 años, mientras un conjunto de modelos anticipaba una anomalía máxima próxima a 3,9 grados en noviembre de 2026.
Estos valores representan estimaciones sujetas a revisión, no mediciones definitivas del máximo que alcanzará el episodio. La evolución real dependerá del acoplamiento entre el océano y la atmósfera, así como de los cambios que experimenten los vientos alisios, la presión y la distribución de las lluvias tropicales durante los próximos meses.
Una probabilidad del 69 % de superar los registros modernos
La NOAA calcula una probabilidad del 69 % de que el episodio sea el más intenso de su conjunto de datos iniciado en 1950. Esta evaluación emplea el Índice Oceánico de El Niño Relativo, una metodología que compara el calentamiento de la región Niño 3.4 con la evolución térmica del conjunto de los trópicos.
El indicador relativo fue adoptado para diferenciar mejor la señal propia del fenómeno del calentamiento general de los océanos. Aunque sus anomalías son menores que las obtenidas mediante mediciones convencionales, mantiene la previsión de que el episodio de 2026 podría ocupar el primer lugar del registro.
La nueva estimación refuerza las advertencias recogidas en el análisis sobre la posible intensidad histórica de El Niño en 2026. Aun así, alcanzar una categoría excepcional no permite determinar con exactitud dónde ocurrirán los impactos más graves ni atribuir anticipadamente cada fenómeno meteorológico al calentamiento del Pacífico.
Cómo el calentamiento del Pacífico altera la atmósfera
El Niño constituye la fase cálida del sistema El Niño-Oscilación del Sur. Se desarrolla cuando los vientos alisios que normalmente desplazan el agua superficial hacia el oeste pierden fuerza, permitiendo que las aguas cálidas se extiendan hacia el centro y el este del Pacífico ecuatorial.
La redistribución del calor modifica la formación de nubes y tormentas tropicales. Esos cambios se propagan por la circulación atmosférica y alteran las probabilidades de lluvia y temperatura en regiones alejadas del Pacífico. Algunas zonas pueden experimentar condiciones más húmedas y frescas, mientras otras afrontan sequías, calor e incendios más favorables.
Los efectos no siguen un patrón idéntico en todos los episodios. La posición del calentamiento oceánico, la estación del año y la interacción con otros sistemas climáticos condicionan la respuesta regional. Por eso, los pronósticos estacionales expresan probabilidades y no garantizan que un territorio concreto registre una sequía, una inundación o una ola de calor.
La intensidad proyectada ya mantiene bajo vigilancia a sectores sensibles como la agricultura, la gestión del agua y la protección civil. En Sudamérica, por ejemplo, el fortalecimiento de El Niño modifica las perspectivas de lluvia, aunque la distribución de las precipitaciones puede variar considerablemente entre países y cuencas.
El calentamiento global amplifica los riesgos
El episodio natural se desarrolla sobre una atmósfera y unos océanos calentados por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero. Esa combinación puede aumentar la severidad de algunos impactos: una atmósfera más cálida retiene más vapor de agua y puede favorecer precipitaciones intensas, mientras las temperaturas elevadas aceleran la pérdida de humedad del suelo donde predominan condiciones secas.
Los especialistas no mantienen el mismo grado de consenso sobre si el cambio climático está aumentando directamente la intensidad de El Niño. Existen indicios procedentes de corales, registros instrumentales y modelos que apuntan a una mayor amplitud del ciclo durante el último siglo, pero esa relación continúa sometida a investigación.
La acumulación de energía en el sistema climático también se refleja en las temperaturas récord registradas en los océanos. El Niño añade un impulso temporal a esa tendencia de largo plazo, pero no sustituye al calentamiento causado por las emisiones ni explica por sí solo el aumento sostenido de la temperatura mundial.
Por qué 2027 podría alcanzar un nuevo máximo térmico
Los efectos de El Niño sobre la temperatura media del planeta suelen manifestarse con mayor claridad después de que el episodio alcanza su máxima intensidad. Cálculos divulgados por los científicos Zeke Hausfather y Andrew Dessler estiman que el fenómeno podría añadir temporalmente unos 0,3 grados Celsius al calentamiento de fondo.
Bajo ese escenario, la temperatura media mundial de 2027 podría situarse alrededor de 1,76 grados por encima de los niveles preindustriales. Mike McPhaden, científico de la NOAA, consideró posible un valor cercano a 1,7 grados si los modelos actuales se cumplen. Ambas cifras son proyecciones y pueden cambiar conforme se incorporen nuevas observaciones.
Un año individual por encima de 1,5 grados no equivale, por sí mismo, a superar de manera permanente el objetivo climático internacional, evaluado mediante promedios de largo plazo. Sin embargo, mostraría las condiciones térmicas que podrían hacerse habituales durante las próximas décadas si las emisiones continúan elevando la temperatura de fondo.
La posibilidad de un nuevo récord se suma a la vigilancia iniciada cuando El Niño activó alertas climáticas internacionales. Los servicios meteorológicos deberán actualizar periódicamente sus perspectivas para precisar la intensidad final del episodio y traducir la señal global en riesgos regionales útiles para la prevención.
Preparación ante impactos que no están garantizados
Un El Niño más fuerte aumenta la probabilidad de que sus patrones característicos sean visibles, pero no convierte todos los efectos previstos en hechos seguros. La preparación debe apoyarse en boletines nacionales, observaciones oceánicas, pronósticos estacionales y sistemas de alerta temprana adaptados a cada territorio.
La revisión de reservas de agua, protocolos frente a inundaciones, planes contra incendios y medidas de protección para cultivos e infraestructura puede reducir la exposición. La prioridad científica durante los próximos meses será comprobar si las anomalías del Pacífico alcanzan los máximos previstos y cómo responde la circulación atmosférica mundial.
Fuente referencial:
Phys.org: What a record-breaking El Niño could mean for the world
