Un estudio del Instituto de Potsdam proyecta un aumento del 39 % con bajas emisiones y del 192 % si el calentamiento global alcanza aproximadamente 3,6 °C
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
La superficie afectada anualmente por incendios forestales en Europa podría aumentar de manera considerable hacia finales del siglo XXI debido a condiciones progresivamente más cálidas, secas y ventosas, según una investigación dirigida por el Instituto de Potsdam para la Investigación del Impacto Climático (PIK), en Alemania.
El estudio calcula que el área quemada crecería aproximadamente un 39 % bajo una trayectoria de emisiones reducidas, identificada como SSP1-2.6. En un escenario de emisiones elevadas, denominado SSP3-7.0, el incremento alcanzaría alrededor del 192 %, una variación que equivale a casi triplicar la superficie actual.
Las proyecciones comparan el promedio anual estimado para el período 2070-2100 con una referencia modelada entre 2000 y 2030. Los resultados, publicados en la revista Global Change Biology, no describen una predicción exacta para cada temporada, sino las diferencias esperadas entre escenarios climáticos y de gestión.
El calentamiento intensifica las condiciones favorables al fuego
Los incendios necesitan una fuente de ignición, combustible vegetal disponible y condiciones que permitan la propagación. El calentamiento climático modifica varios de estos componentes al elevar las temperaturas, reducir la humedad de los suelos y la vegetación y favorecer episodios atmosféricos capaces de secar rápidamente el paisaje.
El viento puede acelerar el avance de las llamas, transportar pavesas a larga distancia y provocar cambios repentinos de dirección. Cuando coincide con vegetación seca y temperaturas extremas, también dificulta el trabajo de los equipos terrestres y aéreos.
Maik Billing, investigador del PIK y autor principal, indicó que la actividad del fuego aumentaría en amplias zonas europeas incluso con un calentamiento comparativamente bajo de unos 1,8 °C. Bajo una subida cercana a 3,6 °C, los incendios serían mucho más frecuentes, especialmente alrededor del Mediterráneo y en sectores de Europa occidental y central.
La proyección coincide con análisis globales según los cuales el cambio climático aumentará el peligro de incendios en la mayoría de las regiones propensas al fuego, aunque la magnitud dependerá de las emisiones, el clima regional, la vegetación y la gestión territorial.
El escenario de bajas emisiones todavía muestra un aumento
En la trayectoria SSP1-2.6, caracterizada por una reducción considerable de las emisiones, el calentamiento global utilizado en el estudio se sitúa alrededor de 1,8 °C. Incluso bajo esas condiciones, el modelo proyecta un 39 % más de superficie quemada al año respecto del promedio actual.
El resultado muestra que limitar el calentamiento disminuye el riesgo, pero no elimina las consecuencias ya asociadas con el cambio climático acumulado. Las políticas de adaptación seguirían siendo necesarias aun cuando el mundo avanzara por la trayectoria de menores emisiones analizada.
En el escenario SSP3-7.0, la temperatura global aumenta aproximadamente 3,6 °C y la superficie quemada en Europa crece un 192 %. La diferencia entre ambas trayectorias evidencia que cada reducción del calentamiento evita parte de la exposición futura.
Estos porcentajes representan promedios continentales. No significan que todos los países o ecosistemas registrarán el mismo aumento ni que el área quemada crecerá de forma constante cada año. Las temporadas continuarán mostrando variaciones relacionadas con la meteorología, la disponibilidad de combustible, las igniciones y la capacidad de respuesta.
El riesgo se extiende más allá del Mediterráneo
El sur de Europa ya concentra una elevada actividad durante los veranos secos, especialmente en España, Portugal, Francia, Italia y Grecia. Sin embargo, las simulaciones indican que el aumento no quedaría limitado a los territorios mediterráneos.
Zonas de Europa occidental y central con menor experiencia histórica podrían afrontar condiciones de incendio más frecuentes. La adaptación resulta especialmente compleja en regiones donde los servicios de emergencia, los municipios y las comunidades no se han organizado tradicionalmente para gestionar grandes fuegos forestales.
La temporada de 2026 mostró esa ampliación geográfica. En Bélgica, unas 3.000 hectáreas ardieron en la reserva natural de Hautes Fagnes, cerca de Alemania, durante una emergencia dificultada por las turberas, el viento y el acceso limitado.
El estudio no atribuye un incendio individual exclusivamente al cambio climático. Cada emergencia tiene causas de ignición y condiciones locales específicas. La investigación proyecta cómo el calentamiento altera el entorno meteorológico en el que esos episodios pueden comenzar y propagarse.
La temporada de 2026 superó ampliamente el promedio
El Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales estimaba que cerca de 550.000 hectáreas habían ardido en la Unión Europea hasta el 12 de agosto de 2026. La superficie era aproximadamente dos veces y media superior al promedio de los 20 años anteriores para la misma fecha.
Los incendios registrados en Francia, España y Grecia coincidieron con temperaturas elevadas, sequedad y fuertes vientos. Varias emergencias obligaron a movilizar aeronaves, brigadas procedentes de otros territorios y mecanismos europeos de cooperación.
Las olas de calor también ampliaron la presión sobre el continente. Un episodio de agosto expuso a más de 135 millones de europeos a temperaturas de al menos 35 °C, mientras la sequedad de la vegetación elevó el peligro de propagación.
Una temporada excepcional no demuestra por sí sola el resultado proyectado para finales de siglo. No obstante, permite observar cómo los incendios simultáneos pueden tensionar los recursos nacionales y reducir la disponibilidad de ayuda internacional cuando varios países afrontan emergencias al mismo tiempo.
La gestión podría reducir parte de la superficie quemada
Los investigadores aplicaron un segundo enfoque para estimar cómo la prevención, la detección temprana y la extinción pueden modificar los resultados en un clima más cálido. El modelo incorporó la capacidad humana para limitar la propagación antes de que los incendios alcancen grandes dimensiones.
Las mejoras continuadas en la gestión podrían reducir la superficie quemada proyectada hasta un 92 % en el escenario de aproximadamente 1,8 °C y un 72 % bajo un calentamiento cercano a 3,6 °C, en comparación con las proyecciones sin esos avances.
Los autores advierten que estos resultados pueden ser optimistas. Cuando el fuego coincide con temperaturas extremas, baja humedad y viento intenso, puede superar la capacidad operativa de los equipos, independientemente de la cantidad de recursos disponibles.
Thomas Hickler, investigador de la Sociedad Senckenberg y coautor del trabajo, señaló que Europa necesita ampliar la inversión en capacitación, equipamiento y coordinación. También reconoció que todavía no se conoce con precisión el punto en el que las condiciones extremas hacen insuficientes los medios de contención.
La prevención comienza antes de la temporada de incendios
La respuesta no puede concentrarse únicamente en apagar las llamas. La reducción del combustible vegetal, el mantenimiento de cortafuegos, la restauración de paisajes, el pastoreo dirigido, las quemas prescritas y la vigilancia de zonas de riesgo pueden disminuir la probabilidad de que una ignición se transforme en un incendio de alta intensidad.
La efectividad de cada medida depende del ecosistema. El fuego forma parte de la dinámica natural de algunos paisajes y su eliminación completa puede favorecer una acumulación peligrosa de combustible. En otros hábitats, incendios demasiado frecuentes impiden la recuperación de la vegetación y degradan el suelo.
Las áreas protegidas tampoco están aisladas del peligro. Una revisión sobre los incendios en espacios de la Red Natura 2000 mostró que las fronteras administrativas no detienen el fuego y que la conservación requiere planes preventivos dentro y fuera de las reservas.
La planificación debe incluir las zonas de contacto entre vegetación y viviendas, donde las emergencias pueden causar pérdidas humanas y materiales. Las rutas de evacuación, la comunicación pública, la resistencia de las construcciones y la reducción de material inflamable alrededor de los edificios forman parte de esa preparación.
El humo amplía el impacto fuera de la zona incendiada
Los efectos no terminan en el perímetro quemado. El humo transporta partículas finas, gases y compuestos que pueden deteriorar la calidad del aire a cientos o miles de kilómetros, dependiendo de la altura alcanzada y de la circulación atmosférica.
Durante los grandes incendios de Francia y España en 2026, instrumentos lidar detectaron capas de humo sobre Alemania a una altura de entre 10 y 11 kilómetros. La observación mostró que la convección generada por el fuego podía impulsar partículas hasta las proximidades de la tropopausa.
El humo puede agravar enfermedades respiratorias y cardiovasculares, reducir la visibilidad y afectar el transporte. También modifica temporalmente la radiación solar y puede influir en la formación de nubes cuando asciende a capas elevadas de la atmósfera.
La recuperación ambiental depende de la intensidad y frecuencia de los incendios. Los fuegos severos pueden eliminar la cubierta vegetal, alterar la infiltración del agua, favorecer la erosión y afectar hábitats esenciales para especies amenazadas.
Emisiones y adaptación deben avanzar conjuntamente
La diferencia entre el aumento del 39 % y el 192 % indica que la reducción de emisiones constituye una herramienta central para limitar el riesgo. La gestión local puede reducir daños, pero su capacidad disminuye a medida que las condiciones meteorológicas se vuelven más extremas.
Kirsten Thonicke, científica del PIK y coautora del estudio, advirtió que la coincidencia de calor, sequedad y viento puede llevar los incendios más allá de los límites de control. Por ello, los autores plantean combinar la mitigación climática con una inversión sostenida en prevención y respuesta.
Las proyecciones no incluyen todas las decisiones futuras sobre uso del suelo, abandono rural, composición de los bosques o expansión urbana. Estas variables pueden aumentar o reducir la exposición y deberán incorporarse en planes regionales adaptados a cada paisaje.
La investigación proporciona un rango condicionado por dos trayectorias climáticas y distintas capacidades de gestión. Su mensaje principal no es que la superficie quemada vaya a triplicarse inevitablemente, sino que el resultado dependerá de cuánto se reduzcan las emisiones y de cómo Europa prepare sus territorios antes de que las condiciones de incendio sean todavía más exigentes.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Global Change Biology
