Unas 3.000 hectáreas ardieron en la reserva natural de Hautes Fagnes, donde aeronaves, bomberos, militares y agricultores intentan contener el fuego
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Raúl Méndez C.
Bélgica desplegó medios terrestres y aéreos para contener el mayor incendio forestal de su historia moderna, que hasta este domingo 16 de agosto había quemado alrededor de 3.000 hectáreas en la reserva natural de Hautes Fagnes, cerca de la frontera con Alemania. Más de 250 bomberos y trabajadores de emergencias participaban en una operación dificultada por la vegetación, las turberas y el acceso limitado al terreno.
Aviones de descarga de agua procedentes de Suecia, helicópteros de Bélgica y Países Bajos, unidades militares y equipos llegados desde Alemania y Luxemburgo se incorporaron a las labores. Agricultores de la zona también utilizaron tractores para transportar agua desde lagos cercanos y apoyar a los servicios de extinción.
Tres días de fuego en una reserva de difícil acceso
El incendio comenzó el viernes en Hautes Fagnes, un espacio protegido del este de Bélgica formado por bosques, brezales y turberas. Para la mañana del domingo, la superficie afectada se estimaba en 3.000 hectáreas, más del doble de las aproximadamente 1.400 hectáreas quemadas durante otro gran episodio registrado en 2011.
Las características del terreno limitaron la entrada de vehículos pesados. Las zonas húmedas y los suelos de turba pueden ceder bajo el peso de los camiones, mientras que los senderos elevados de madera y la vegetación densa complican el movimiento de los equipos terrestres.
La intervención aérea se volvió esencial para alcanzar los sectores inaccesibles. Las autoridades restringieron temporalmente el acceso al lago de Bütgenbach para permitir que las aeronaves cargaran agua sin interferencias, mientras los agricultores colaboraban trasladando suministros desde el lago de Robertville.
El operativo europeo incluyó dos aviones cisterna enviados desde Suecia y helicópteros movilizados por Bélgica y Países Bajos. La Unión Europea activó recursos adicionales después de que el Gobierno belga solicitara apoyo internacional para afrontar la magnitud del incendio.
Evacuaciones preventivas cerca de la frontera alemana
Alrededor de 600 residentes y visitantes fueron evacuados de sectores de los municipios de Waimes y Bütgenbach, en la provincia de Lieja. Aunque la línea defensiva establecida para proteger las localidades se mantenía el domingo, las autoridades indicaron a los evacuados que todavía no regresaran.
Los equipos concentraron parte de sus esfuerzos en el frente que avanzaba hacia Alemania. La administración de la región belga de Valonia señaló que contener ese flanco era una de las prioridades de la jornada.
En la ciudad alemana de Monschau, próxima a la frontera, se aconsejó abandonar preventivamente algunas áreas debido a la posible llegada de humo. Las autoridades locales no esperaban que las llamas alcanzaran territorio alemán, pero advirtieron de una contaminación atmosférica significativa.
Dos frentes orientados hacia Jalhay y Monschau habían sido controlados durante la tarde, según informó el ministro del Interior belga, Bernard Quintin. No obstante, los recursos permanecían movilizados porque las condiciones dentro de la reserva seguían siendo difíciles y podían aparecer reactivaciones.
El humo extiende el impacto más allá del área quemada
Los incendios forestales no afectan únicamente la superficie recorrida por las llamas. El humo contiene partículas finas y gases capaces de desplazarse a grandes distancias, deteriorar la calidad del aire y provocar riesgos respiratorios, especialmente entre niños, adultos mayores y personas con enfermedades cardiopulmonares.
La posibilidad de transportar humo a escala regional ya ha quedado documentada durante otros incendios europeos. Mediciones recientes mostraron que partículas procedentes de incendios de Francia y España alcanzaron la alta troposfera y fueron detectadas sobre Alemania a una altitud de entre 10 y 11 kilómetros.
En Hautes Fagnes también preocupa el efecto del fuego sobre las turberas. Estos ecosistemas acumulan materia orgánica y carbono durante largos periodos. Cuando se secan, el fuego puede penetrar bajo la superficie, avanzar lentamente y continuar activo incluso después de que las llamas visibles hayan disminuido.
Las turberas quemadas pueden tardar años en recuperar sus funciones ecológicas. Además de almacenar carbono, regulan el agua y proporcionan hábitat a especies adaptadas a condiciones muy específicas, por lo que la evaluación ambiental deberá continuar una vez finalice la emergencia.
Calor y sequedad elevan el peligro de incendios en Europa
El incendio belga coincide con una sucesión de olas de calor que ha reducido la humedad del suelo y secado la vegetación en amplias zonas del continente. Durante agosto, incendios graves también afectaron a Grecia, España, Francia, Alemania, Croacia y el Reino Unido.
La situación se desarrolla mientras una nueva ola de calor extremo mantiene elevado el peligro de incendios en Europa. Las temperaturas altas, la escasa humedad y el combustible vegetal seco permiten que una ignición se propague con mayor rapidez cuando coincide con viento.
Investigaciones recientes también han relacionado el avance de los veranos secos europeos con cambios persistentes en la circulación atmosférica. Un estudio sobre la influencia de la presión atmosférica en el calor y la sequía de Europa atribuyó aproximadamente el 55 % de la tendencia hacia condiciones estivales más secas a modificaciones en los patrones de viento y en los sistemas de alta presión desde 1980.
El cambio climático causado por las actividades humanas aumenta la probabilidad de condiciones cálidas y secas que favorecen incendios más rápidos y prolongados. Sin embargo, ese contexto no determina por sí solo la causa concreta de cada fuego, que debe establecerse mediante una investigación específica.
El análisis global del peligro muestra que las condiciones meteorológicas favorables a los incendios están aumentando en numerosas regiones. La gestión de la vegetación, la detección temprana, la preparación comunitaria y la cooperación transfronteriza pueden reducir las pérdidas incluso dentro de un escenario climático más adverso.
La recuperación dependerá del daño ecológico acumulado
Una vez controladas las llamas, las autoridades tendrán que determinar la extensión real de los daños en bosques, brezales y turberas. La cifra provisional de hectáreas quemadas no describe por sí sola la severidad ecológica, ya que algunas áreas pueden haber sufrido fuego superficial y otras una combustión más profunda.
También será necesario vigilar la erosión, la calidad del agua y la capacidad de regeneración de la vegetación. Las lluvias posteriores a un incendio pueden arrastrar cenizas y sedimentos hacia lagos y cursos de agua, especialmente donde el fuego elimina la cobertura que protegía el suelo.
La participación conjunta de Bélgica, Alemania, Luxemburgo, Países Bajos, Suecia y los mecanismos de la Unión Europea muestra la dimensión transfronteriza de la emergencia. En territorios pequeños y densamente conectados, el fuego, el humo y sus consecuencias ambientales pueden superar rápidamente los límites administrativos.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Reuters
