Un sistema láser detectó sobre Alemania partículas procedentes de las zonas incendiadas de Francia y España a una altitud de hasta 11 kilómetros
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
El humo generado por los grandes incendios forestales de Francia y España fue detectado sobre Leipzig, Alemania, a una altitud de entre 10 y 11 kilómetros, cerca del límite entre la troposfera y la estratosfera. Las mediciones del Instituto Leibniz de Investigación Troposférica (TROPOS) muestran que las partículas recorrieron más de mil kilómetros impulsadas por las corrientes atmosféricas superiores.
La detección se produjo después de que los incendios próximos a Burdeos generaran enormes columnas convectivas y aparecieran informes sobre la formación de una nube pirocumulonimbo, también llamada tormenta de fuego. Este fenómeno puede elevar humo, gases y partículas muy por encima de las alturas alcanzadas habitualmente por una columna de incendio.
Los científicos advierten, sin embargo, que todavía no se ha demostrado que todo el humo encontrado sobre Alemania fuera inyectado por un único pirocumulonimbo. En la región francesa también se desarrollaron tormentas asociadas con un sistema frontal, capaces de transportar aerosoles hacia capas elevadas de la atmósfera.
El láser identificó dos capas de humo sobre Leipzig
El instrumento MARTHA de TROPOS registró durante las noches del 28 al 30 de julio de 2026 dos capas diferenciadas. La primera se encontraba entre los tres y siete kilómetros de altitud, mientras la segunda aparecía entre los 10 y 11 kilómetros, en la parte superior de la troposfera y cerca de la tropopausa.
MARTHA es un sistema lidar que emite pulsos láser hacia la atmósfera y analiza la luz reflejada por aerosoles y nubes. Su funcionamiento permite estudiar la altura, distribución y propiedades de las partículas suspendidas sobre el centro de observación.
El equipo dispone de un canal de fluorescencia incorporado en 2022 y posteriormente mejorado. Ciertos compuestos orgánicos presentes en el humo emiten una señal característica al recibir la luz del láser, lo que ayuda a diferenciarlos del polvo mineral, la ceniza volcánica y otros aerosoles.
Esta identificación resulta especialmente importante a gran altura, donde las partículas pueden confundirse si únicamente se estudia su capacidad para dispersar la luz. La fluorescencia proporcionó a los investigadores una evidencia adicional de que las capas observadas correspondían a humo de biomasa.
Las trayectorias conducen hacia Francia y España
Para establecer el origen probable del humo, los investigadores reconstruyeron hacia atrás el recorrido de las masas de aire. El análisis indicó que el aire detectado entre los 10 y 11 kilómetros sobre Leipzig había pasado aproximadamente 15 horas antes sobre la zona de incendios próxima a Burdeos.
Las mismas trayectorias se encontraban unas 24 horas antes sobre áreas con incendios activos en el centro de España. Esta secuencia llevó a TROPOS a concluir que las partículas procedían probablemente de los grandes fuegos que afectaron a ambos países.
El transporte confirma que el humo de un incendio no permanece limitado al territorio donde arde la vegetación. A gran altitud, las corrientes de viento pueden desplazar los aerosoles rápidamente y alterar la atmósfera de regiones situadas a cientos o miles de kilómetros.
La dispersión regional ya había generado preocupación por el deterioro de la calidad del aire provocado por los incendios de Francia y España. Las nuevas mediciones añaden otra dimensión: parte del material también consiguió alcanzar niveles cercanos a la estratosfera.
Qué es una nube pirocumulonimbo
Una nube pirocumulonimbo se forma cuando un incendio libera suficiente energía para impulsar una columna de aire caliente, vapor, ceniza y humo a gran velocidad. Si la atmósfera presenta humedad e inestabilidad adecuadas, la columna puede evolucionar hasta convertirse en una tormenta profunda generada o reforzada por el propio fuego.
Estas nubes pueden producir ráfagas intensas, descargas eléctricas y corrientes descendentes capaces de modificar repentinamente la dirección de las llamas. También pueden levantar brasas y depositarlas lejos del frente principal, creando nuevos focos que complican el trabajo de los servicios de emergencia.
Los pirocumulonimbos han sido documentados con mayor frecuencia durante incendios extremos en Australia, Canadá y el oeste de Estados Unidos. Su presencia continúa considerándose menos habitual en Europa, por lo que el episodio próximo a Burdeos recibió especial atención científica.
El comportamiento de estas tormentas se relaciona con otros fenómenos analizados en incendios capaces de producir rayos, remolinos y su propio sistema meteorológico. Cuando el fuego alcanza intensidades excepcionales, deja de responder pasivamente al tiempo atmosférico y comienza a modificarlo.
La causa exacta de la elevación continúa bajo análisis
Una nube convectiva observada cerca del incendio de Burdeos durante la tarde del 25 de julio presentaba características compatibles con un pirocumulonimbo. No obstante, se desarrolló dentro de un sistema meteorológico frontal en el que también había tormentas convencionales.
Estas tormentas pueden incorporar humo procedente de capas inferiores y transportarlo hacia la alta troposfera. Por esa razón, los investigadores no atribuyen de manera definitiva la capa medida sobre Leipzig a una única tormenta generada por el fuego.
La diferencia es relevante para comprender la dinámica del episodio. Si el ascenso fue impulsado principalmente por la energía del incendio, constituiría una evidencia de piroconvección extrema. Si intervinieron tormentas meteorológicas ordinarias, el transporte habría dependido de una interacción entre el humo y el sistema frontal.
En ambos casos, la observación confirma que partículas procedentes de incendios europeos alcanzaron una altitud excepcional. Las investigaciones continuarán para determinar cuánto humo fue elevado, qué mecanismo dominó el proceso y si una parte llegó a atravesar efectivamente la tropopausa.
Alcanzar 11 kilómetros no confirma la entrada en la estratosfera
La tropopausa separa la troposfera, donde se desarrolla la mayor parte del tiempo meteorológico, de la estratosfera. Su altura cambia según la latitud, la estación y las condiciones atmosféricas, por lo que detectar humo a 10 u 11 kilómetros no demuestra por sí solo que las partículas hayan penetrado en la estratosfera.
El hallazgo sitúa la capa en la alta troposfera y cerca de ese límite. Esta precisión es importante porque la permanencia de los aerosoles cambia considerablemente dependiendo del nivel que alcancen.
En las capas inferiores, la lluvia y otros procesos atmosféricos pueden eliminar el humo en cuestión de días. En la estratosfera, donde las precipitaciones son escasas, las partículas pueden persistir durante semanas o meses y dispersarse sobre extensas regiones.
Investigaciones anteriores han mostrado que las tormentas profundas pueden introducir humo de incendios en la estratosfera. También se ha observado que el carbono negro absorbe radiación solar, se calienta y puede contribuir a que determinadas capas de aerosoles continúen ascendiendo.
El humo elevado puede modificar radiación y nubes
La influencia climática del humo depende de su composición, altura, concentración y evolución química. Algunas partículas dispersan la radiación solar y reducen temporalmente la cantidad de energía que llega a la superficie, mientras otras, como el carbono negro, absorben energía y calientan la capa atmosférica donde se encuentran.
Los aerosoles también pueden intervenir en la formación de nubes y cristales de hielo. En la alta troposfera, esta interacción puede modificar las propiedades de las nubes cirrus, aunque la magnitud y el sentido final de esos efectos todavía contienen importantes incertidumbres.
TROPOS señala que los procesos relacionados con el envejecimiento químico del humo, su interacción con la radiación y su participación en la formación de hielo aún no están completamente representados en los modelos climáticos globales.
Estudios recientes sobre cómo los incendios extremos y los volcanes alteran la humedad estratosférica reflejan el creciente interés científico por estos intercambios entre las capas inferiores y superiores de la atmósfera.
Los incendios extremos amplían sus efectos ambientales
La elevación del humo ocurrió durante una grave oleada de incendios en el suroeste europeo. Las altas temperaturas, la baja humedad, el viento y la disponibilidad de vegetación seca facilitaron una propagación rápida y dificultaron las operaciones de extinción en distintas zonas de Francia y España.
El calentamiento global no inicia por sí solo cada incendio, ya que la ignición puede tener causas humanas o naturales. Sin embargo, el aumento de los episodios cálidos y secos puede deshidratar la vegetación y crear condiciones más favorables para que una fuente de ignición produzca un fuego de alta intensidad.
La acumulación y continuidad del combustible vegetal, el abandono rural, la configuración del territorio y la presencia de viviendas junto a áreas forestales también determinan la magnitud de los daños. La prevención exige combinar gestión de la vegetación, vigilancia, restricciones durante periodos críticos y planes de evacuación.
Las observaciones sobre Leipzig muestran que las consecuencias atmosféricas tampoco terminan cuando disminuye el frente de llamas. El humo puede viajar, transformarse químicamente y afectar la radiación, las nubes y la calidad del aire mucho más allá del área quemada.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Science Media Centre
