Un estudio atribuye más de la mitad de la tendencia hacia veranos más secos a cambios en los vientos y los sistemas de alta presión desde 1980
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Europa atraviesa una intensificación sostenida de las olas de calor y las sequías estivales, impulsada por la combinación del calentamiento global y cambios persistentes en la circulación atmosférica. Una investigación de la Universidad de Leipzig concluyó que las variaciones en los sistemas de presión y en los patrones de viento explican una parte decisiva de la pérdida de humedad observada durante las últimas décadas.
El análisis fue publicado en la revista científica Nature Geoscience y examinó las causas del avance de la sequía de verano en el continente. Los resultados indican que aproximadamente el 55 % de la tendencia hacia veranos europeos más secos se relaciona con transformaciones en la circulación atmosférica, especialmente con una mayor frecuencia y persistencia de sistemas de alta presión.
Estas configuraciones atmosféricas reducen la formación de lluvias, favorecen cielos despejados y permiten que el calor permanezca durante más tiempo sobre una misma región. El fenómeno coincide con una etapa en la que Europa se calienta con mayor rapidez que otras zonas del planeta y registra episodios térmicos cada vez más severos.
Junio de 2026 fue el más caluroso registrado en Europa occidental, con récords de temperatura en Francia, España, Alemania, Hungría y Reino Unido. Las condiciones extremas provocaron emergencias sanitarias y ambientales, aumentaron la presión sobre los recursos hídricos y elevaron el riesgo de incendios forestales.
Los sistemas de alta presión explican gran parte del secado
El equipo dirigido por István Dunkl estudió la evolución de la humedad del suelo y la sequedad atmosférica desde 1980. Los resultados muestran que los cambios en los patrones de viento y presión explican más de la mitad de la pérdida de humedad del suelo y cerca de la mitad del aumento de la sequedad del aire.
La influencia de la circulación atmosférica no es uniforme en todo el continente. En determinadas zonas del oeste y el este de Europa, los cambios en los sistemas de presión llegan a explicar hasta el 80 % de la tendencia observada.
Los investigadores identificaron un aumento de los sistemas de alta presión sobre el Mediterráneo y Europa central. Al mismo tiempo, detectaron una disminución de los sistemas de baja presión sobre el Atlántico y el norte europeo, que normalmente transportan humedad y favorecen las precipitaciones.
La persistencia de altas presiones también interviene en los episodios conocidos como domos de calor, durante los cuales una masa de aire cálido queda atrapada sobre una región. Este mecanismo estuvo presente en el episodio de temperaturas récord registrado en Europa occidental durante 2026.
El calentamiento global amplifica los años secos
La investigación diferencia entre los procesos dinámicos, relacionados con el movimiento de la atmósfera, y los procesos termodinámicos, asociados al aumento general de las temperaturas. Ambos factores interactúan y determinan la intensidad final de las sequías.
Los procesos dinámicos dependen de la frecuencia, posición y duración de las áreas de alta y baja presión. Los termodinámicos están vinculados al calentamiento global, que incrementa la evaporación y la demanda de humedad de la atmósfera, acelerando el secado de los suelos y la vegetación.
Durante los veranos con pocas precipitaciones, el aumento de la temperatura intensifica la pérdida de agua. En cambio, durante los años húmedos, el incremento de las lluvias extremas puede compensar parcialmente la reducción estacional de humedad, aunque también eleva el riesgo de inundaciones y erosión.
Esta combinación de calor y falta de lluvia ya ha sido identificada en investigaciones sobre olas de calor y sequías simultáneas en Eurasia, donde los sistemas persistentes de alta presión retienen el calor y aceleran la evaporación.
Un modelo climático separó la influencia de cada factor
Para distinguir el efecto del calentamiento global del provocado por la circulación atmosférica, el equipo utilizó el modelo climático Community Earth System Model Version 2, conocido como CESM2. El sistema fue ajustado para reproducir los patrones reales de viento observados sobre Europa.
Los científicos desarrollaron simulaciones bajo tres escenarios: condiciones históricas, condiciones anteriores a la industrialización y condiciones climáticas actuales. En todos los experimentos conservaron la misma dinámica de vientos para medir de manera separada el peso de las temperaturas y de los sistemas de presión.
La comparación con los registros meteorológicos mostró que las simulaciones reprodujeron adecuadamente los cambios observados en temperatura y precipitación. Esta validación permitió estimar con mayor precisión cuánto del secado europeo corresponde a la circulación atmosférica y cuánto al calentamiento causado por los gases de efecto invernadero.
Los resultados refuerzan investigaciones previas sobre la intensificación de los extremos de presión en el Atlántico Norte, capaces de generar condiciones opuestas entre el norte, el oeste y el sur de Europa.
La evolución futura todavía presenta incertidumbre
Uno de los principales desafíos científicos consiste en determinar si las transformaciones actuales de la circulación atmosférica forman parte de la variabilidad natural del clima o si responden a un forzamiento externo relacionado con el cambio climático.
Si predominara la variabilidad interna, la tendencia podría experimentar una reversión temporal. Si los cambios están impulsados principalmente por el calentamiento global, los sistemas de alta presión y las sequías estivales podrían continuar intensificándose.
Sebastian Sippel, profesor del Instituto de Meteorología y coautor del estudio, destacó que Europa experimenta algunas de las tendencias de calentamiento más pronunciadas del planeta. También señaló que la frecuencia y la intensidad del calor y la sequía durante el verano han aumentado notablemente en las últimas décadas.
Esta incertidumbre dificulta anticipar con exactitud la duración, localización y severidad de las próximas sequías. También complica la planificación de reservas de agua, la administración de los sistemas energéticos y la preparación de los territorios agrícolas y forestales.
Impactos sobre agua, agricultura, energía e incendios
La pérdida de humedad del suelo puede reducir el rendimiento de los cultivos, debilitar la vegetación y limitar la disponibilidad de agua para el consumo humano, el riego y la industria. Los caudales bajos también afectan la navegación fluvial y la generación de energía en instalaciones hidroeléctricas o centrales que necesitan agua para refrigeración.
El calor extremo y la vegetación seca crean además condiciones favorables para incendios de rápida propagación. España y Francia registraron episodios relevantes durante 2025 y 2026, dentro de una sucesión de olas de calor tempranas y récords térmicos en Europa.
Los investigadores consideran necesario integrar los cambios de la circulación atmosférica en las evaluaciones de riesgo. Analizar únicamente el aumento promedio de la temperatura puede subestimar la magnitud de los extremos regionales y la posibilidad de que varios impactos ocurran de manera simultánea.
El equipo de la Universidad de Leipzig prevé ampliar sus estudios hacia la relación entre cambio climático e incendios forestales, además de examinar si la biodiversidad y los ecosistemas bien conservados pueden reducir parcialmente los efectos de los extremos térmicos e hídricos.
Los resultados ofrecen una base para mejorar las proyecciones de sequía y diseñar políticas de adaptación que contemplen conjuntamente la gestión del agua, la protección de los suelos, la prevención de incendios y la resistencia de los sistemas agrícolas y energéticos.
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