Una revisión dirigida por la Universidad de Washington documenta una temporada de fusión 7,5 días más larga, impulsada principalmente por la formación tardía del hielo marino durante el otoño
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Karem Díaz S.
La temporada de deshielo del océano Ártico se ha prolongado aproximadamente siete días y medio desde 1979, según una revisión científica encabezada por la Universidad de Washington, en Estados Unidos. El análisis muestra que el cambio se debe sobre todo a que el hielo marino comienza a formarse más tarde en otoño, cuando el océano todavía conserva demasiado calor.
El trabajo, publicado en Nature Reviews Earth & Environment, examina las transformaciones experimentadas por el hielo marino del Ártico y la Antártida durante los últimos 50 años. La investigación fue dirigida por Melinda Webster, científica del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad de Washington y especialista con experiencia directa en expediciones árticas desde 2009.
El océano abierto retrasa la recuperación del hielo
La prolongación del deshielo no representa únicamente una modificación del calendario estacional. El hielo marino refleja hacia el espacio entre el 60 % y el 90 % de la radiación solar que recibe, mientras que la superficie oscura del océano refleja alrededor del 7 %. Cuando desaparece el hielo, el agua absorbe una proporción mucho mayor de energía.
Ese calor acumulado tarda en disiparse y retrasa la congelación otoñal. El hielo estacional que finalmente se forma dispone de menos tiempo para crecer, por lo que llega más delgado a la primavera siguiente y puede derretirse con mayor facilidad durante el verano.
El resultado es un mecanismo de retroalimentación: una superficie helada menor deja más océano expuesto, el agua absorbe más energía y las condiciones para recuperar el hielo se vuelven progresivamente menos favorables. Este proceso ayuda a explicar por qué el estado del hielo funciona simultáneamente como indicador y amplificador del cambio climático.
La tendencia se suma a otras alteraciones documentadas en la región, entre ellas la posible reanudación abrupta de la pérdida de cobertura después de la desaceleración temporal del deshielo observada desde 2012.
Menos hielo perenne y una cubierta de nieve más fina
La revisión no se limitó a medir la extensión del hielo. Los investigadores actualizaron tendencias relacionadas con sus propiedades físicas e incorporaron entre 15 y 20 años adicionales de observaciones a estudios anteriores. Uno de los objetivos fue evaluar el hielo perenne, que consigue sobrevivir al periodo de fusión del verano.
El calentamiento reduce la cantidad de hielo que permanece de un año a otro. Al mismo tiempo, la nieve acumulada sobre la superficie helada se ha vuelto más delgada y el propio hielo presenta una textura más lisa, cambios que modifican el hábitat de especies dependientes de sus relieves y cavidades.
Osos polares y focas utilizan determinadas estructuras de nieve y hielo para construir refugios y criar a sus descendientes. Una superficie más uniforme y una cubierta nival menos profunda pueden limitar la disponibilidad de esos espacios. El problema se extiende, por tanto, más allá de la pérdida de superficie congelada visible desde los satélites.
El calentamiento regional también interactúa con procesos situados lejos del polo. Investigaciones anteriores han identificado una conexión entre la variabilidad climática tropical y el deshielo otoñal del Ártico, especialmente en sectores del norte de Rusia.
La transformación alcanza la base de la cadena alimentaria
La reducción del hielo y de la nieve permite que una mayor cantidad de luz penetre en el océano. Este cambio afecta a las algas adaptadas a condiciones de iluminación muy baja, organismos que constituyen la base de la red alimentaria marina polar.
Una alteración en la productividad o composición de esas algas puede propagarse hacia peces, aves y mamíferos. También puede influir en las pesquerías árticas y subárticas, debido a que una menor disponibilidad de alimento en los niveles inferiores condiciona la abundancia y distribución de especies comerciales.
El cambio climático está transformando otros componentes menos visibles del territorio polar. El deshielo del permafrost y la activación de flujos subterráneos pueden movilizar carbono, minerales y contaminantes hacia ríos y lagos, ampliando el alcance ecológico del calentamiento.
Ártico y Antártida responden de manera diferente
Los autores destacan que las dos regiones polares no pueden interpretarse como sistemas equivalentes. El Ártico es un océano rodeado por continentes, mientras que la Antártida es una masa continental cubierta de hielo y circundada por océanos. Su geografía determina dinámicas distintas de circulación, crecimiento y desplazamiento del hielo marino.
La cobertura antártica no mostró durante años un descenso comparable con el observado en el norte. Sin embargo, durante los cuatro años previos a la publicación de la revisión registró pérdidas excepcionales. Los científicos consideran prioritario determinar si ese comportamiento representa una transición persistente o responde a una combinación temporal de factores oceánicos y atmosféricos.
La investigación en la Antártida afronta además mayores dificultades logísticas y un sistema de hielo marino más complejo, lo que limita la precisión y continuidad de algunas mediciones. Estas incertidumbres refuerzan la necesidad de ampliar las observaciones sobre una región donde ya se han documentado efectos ambientales con repercusiones más allá de los polos.
La próxima campaña internacional reforzará la observación polar
El estudio coincide con los preparativos del quinto Año Polar Internacional, cuyo periodo principal de observaciones está previsto para 2032 y 2033. Estas iniciativas se han celebrado históricamente cada 30 o 50 años, pero la próxima comenzará solo 25 años después de la campaña de 2007 debido a la rapidez de los cambios climáticos.
La revisión sostiene que reducir las emisiones de gases de efecto invernadero es la medida central para abordar la causa del deterioro. Las propuestas de geoingeniería polar todavía presentan dudas sobre su seguridad, eficacia y gobernanza, por lo que sus autores reclaman investigación rigurosa y reglas internacionales con participación de las comunidades afectadas antes de considerar cualquier intervención.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Nature Reviews Earth & Environment




