La NOAA elevó al 81 % la probabilidad de que el episodio sea muy fuerte entre octubre y diciembre, con efectos potenciales sobre lluvias, temperaturas y ciclones
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose en el océano Pacífico ecuatorial y podría convertirse durante los próximos meses en uno de los episodios más intensos observados desde que comenzaron los registros modernos en 1950. La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) elevó su vigilancia ante los cambios detectados en el océano y la atmósfera.
El Centro de Predicción Climática de la NOAA situó en 81 % la probabilidad de que El Niño alcance la categoría de “muy fuerte” entre octubre y diciembre de 2026. La agencia también estima una probabilidad del 97 % de que el episodio persista hasta la primavera boreal de 2027.
La proyección no significa que todos los territorios experimentarán fenómenos extremos ni permite anticipar con precisión su ubicación o magnitud. El Niño modifica las probabilidades climáticas estacionales, pero sus efectos concretos dependen también de otros patrones atmosféricos y oceánicos.
El calentamiento del Pacífico supera los umbrales habituales
El Niño se desarrolla cuando la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial central y oriental permanece por encima del promedio y la atmósfera responde a ese calentamiento. Entre las señales asociadas aparecen cambios en los vientos, la presión atmosférica, la nubosidad y las precipitaciones tropicales.
La NOAA declaró oficialmente el episodio el 11 de junio, después de comprobar que el océano y la atmósfera habían comenzado a actuar de manera acoplada. En aquel momento, la probabilidad de que alcanzara una intensidad muy fuerte era del 63 %; las actualizaciones posteriores elevaron esa estimación al 81 %.
Para que un episodio sea clasificado como muy fuerte, la anomalía térmica media en la región Niño 3.4 debe alcanzar o superar los 2 °C durante el periodo de máxima intensidad. Los modelos actuales proyectan que ese umbral podría rebasarse hacia finales de 2026.
Las condiciones ya habían motivado una alerta global por el rápido fortalecimiento de El Niño, debido a la posibilidad de alteraciones simultáneas en lluvias, temperaturas, cultivos, disponibilidad de agua y seguridad alimentaria.
Un posible máximo entre noviembre de 2026 y enero de 2027
Los pronósticos sitúan el periodo de máxima intensidad entre noviembre de 2026 y enero de 2027. Este calendario coincide con la época en la que los impactos de El Niño suelen volverse más claros en el hemisferio norte, especialmente sobre la circulación atmosférica invernal.
Los episodios de 1982-1983, 1997-1998 y 2015-2016 son los principales antecedentes de intensidad excepcional. Durante esos periodos, la temperatura del Pacífico tropical superó ampliamente el promedio y se produjeron cambios importantes en los patrones meteorológicos de distintas regiones.
El término “súper El Niño” se utiliza con frecuencia para describir eventos extraordinariamente intensos, pero no constituye una categoría oficial de la NOAA o de la Organización Meteorológica Mundial. La denominación científica reconoce intensidades débil, moderada, fuerte y muy fuerte.
La incertidumbre continúa siendo relevante. Un análisis anterior explicó por qué era prematuro confirmar un “súper El Niño”: las proyecciones necesitan que el calentamiento oceánico mantenga una retroalimentación estable con los vientos y la circulación atmosférica.
El invierno de Estados Unidos puede cambiar de patrón
En Estados Unidos, un El Niño intenso suele desplazar hacia el sur la corriente en chorro del Pacífico. Ese cambio puede favorecer una mayor llegada de tormentas a California y a otros sectores meridionales del país durante el otoño y el invierno.
La franja sur presenta una mayor probabilidad de lluvias superiores al promedio y posibles inundaciones, aunque el resultado variará entre regiones. En el norte estadounidense suelen aumentar las probabilidades de un invierno más cálido, pero no desaparece la posibilidad de episodios de frío o nieve.
La NOAA no pronostica eventos concretos con varios meses de anticipación. Sus perspectivas indican qué condiciones tienen una probabilidad mayor o menor respecto de la climatología, sin determinar la fecha exacta de una tormenta, una sequía o una inundación.
En Florida, la evolución del fenómeno ya ha motivado un seguimiento específico de los posibles efectos de El Niño sobre huracanes y temperaturas. Las condiciones previstas podrían prolongarse hasta la primavera de 2027.
Menos huracanes en el Atlántico y más actividad en el Pacífico
El fortalecimiento de El Niño tiende a aumentar la cizalladura vertical del viento sobre el Atlántico tropical. Esa diferencia de velocidad y dirección entre los vientos de distintas alturas puede dificultar que las tormentas organicen su circulación o alcancen una mayor intensidad.
La Universidad Estatal de Colorado redujo su previsión para la temporada atlántica de 2026 a nueve tormentas con nombre, cuatro huracanes y uno de categoría mayor. El pronóstico se sitúa por debajo del promedio histórico, aunque no elimina el riesgo de que algún ciclón afecte áreas pobladas.
Una temporada con menos sistemas no garantiza daños reducidos. Un solo huracán que toque tierra puede causar consecuencias graves, y la intensidad de El Niño no determina por sí sola la trayectoria de cada tormenta.
En el Pacífico oriental suele producirse el efecto contrario. Las aguas más cálidas y los cambios en la circulación pueden favorecer una mayor actividad ciclónica, por lo que las costas expuestas deben mantener la vigilancia durante toda la temporada.
Las lluvias y sequías cambiarán según la región
El Niño redistribuye calor y humedad a escala planetaria. Algunas regiones pueden recibir precipitaciones por encima de lo habitual, mientras otras afrontan sequías, temperaturas elevadas o una temporada lluviosa irregular.
En partes de Sudamérica pueden aumentar las lluvias y las inundaciones, pero el efecto no es uniforme en todo el continente. Ecuador, por ejemplo, mantiene bajo observación el impacto potencial de El Niño sobre la seguridad alimentaria después de una temporada que ya dejó daños en cultivos e infraestructuras.
En Australia y sectores del sudeste asiático, un episodio fuerte suele elevar la probabilidad de condiciones secas y peligro de incendios. En África, los efectos pueden incluir lluvias deficientes en unas zonas y precipitaciones intensas en otras, según la época del año y la posición de los sistemas atmosféricos.
El fenómeno tampoco produce exactamente el mismo patrón en cada aparición. La localización del calentamiento dentro del Pacífico, la intensidad de la respuesta atmosférica y la interacción con otros océanos pueden cambiar considerablemente sus consecuencias.
El calentamiento global amplifica el contexto de riesgo
El Niño es un fenómeno natural y recurrente, pero actualmente se desarrolla sobre un planeta más cálido debido a la acumulación de gases de efecto invernadero. Ambos procesos pueden coincidir y contribuir a temperaturas globales excepcionalmente elevadas.
La NOAA estima que 2026 tiene una probabilidad muy alta de situarse entre los cinco años más cálidos registrados. Si El Niño alcanza su máximo al finalizar el año, parte de su influencia sobre la temperatura media mundial podría hacerse más visible durante 2027.
No todos los eventos meteorológicos ocurridos durante El Niño pueden atribuirse directamente al fenómeno. Para establecer una relación causal se necesitan análisis específicos que comparen observaciones, modelos y la probabilidad de que el episodio hubiera sucedido bajo otras condiciones.
La actualización de la NOAA aumenta la necesidad de revisar planes de emergencia, reservas de agua, sistemas de alerta, infraestructura y protección de cultivos. Las perspectivas estacionales deben utilizarse como instrumentos de preparación y ajustarse con cada nuevo boletín.
Fuentes referenciales:
Infobae
Centro de Predicción Climática de la NOAA
Organización Meteorológica Mundial
