NOAA confirmó el desarrollo del fenómeno en el Pacífico ecuatorial y científicos advierten que puede intensificar sequías, inundaciones, calor extremo y riesgos alimentarios hacia finales de 2026
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
El fenómeno de El Niño ya está activo en el Pacífico ecuatorial y los científicos prevén que pueda intensificarse hasta finales de 2026, con potencial para ubicarse entre los episodios más fuertes registrados desde 1950. La confirmación fue realizada por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, NOAA, que advirtió sobre una probabilidad del 63% de que el evento alcance una categoría muy fuerte durante el periodo noviembre-enero.
El Niño es un patrón climático natural asociado al calentamiento de las aguas superficiales del Pacífico central y oriental. Ese calentamiento altera vientos, lluvias y temperaturas en distintas regiones del planeta, por lo que su llegada vuelve a colocar en primer plano la vigilancia climática, la seguridad alimentaria, la gestión del agua y la preparación ante extremos. En Noticias de la Tierra ya se había abordado el avance de una ola cálida en el Pacífico ecuatorial como una señal previa de especial interés para los sistemas de alerta.
Un fenómeno natural sobre un planeta más caliente
Cada evento de El Niño es distinto, pero los episodios intensos suelen seguir patrones reconocibles: sequías en zonas de la Amazonía, Indonesia y Australia, alteraciones en los monzones de India y cambios en las lluvias tropicales. También puede favorecer temperaturas globales más altas, especialmente cuando el calor acumulado en el océano se libera lentamente hacia la atmósfera.
La preocupación científica actual no se limita a la variabilidad natural del Pacífico. El fenómeno llega sobre una base climática ya calentada por las emisiones derivadas de la quema de combustibles fósiles. Esa combinación puede amplificar impactos, elevar la probabilidad de récords de temperatura y complicar la respuesta de comunidades expuestas a sequías, inundaciones, incendios y pérdidas agrícolas.
La meteoróloga Haley Thiem, de NOAA, resumió la alerta al señalar que El Niño ya está aquí y que podría convertirse en un episodio histórico. La agencia estadounidense estima que, si alcanza la categoría prevista, se ubicaría entre los mayores eventos observados en el registro moderno desde mediados del siglo XX.
Sequías, lluvias extremas y presión sobre alimentos
El Niño suele desarrollarse cada dos a siete años y puede durar entre nueve y doce meses. Aunque su fase más intensa tiende a producirse hacia finales de año, sus efectos pueden sentirse después, porque el océano retiene y libera calor de forma gradual. Por eso, un episodio fuerte en 2026 también puede influir en las temperaturas y condiciones climáticas de 2027.
En Centroamérica, los gobiernos de países del llamado Corredor Seco —incluyendo zonas de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua— han elevado niveles de alerta ante el riesgo de sequía. En Guatemala, las autoridades indicaron que cuentan con 1,1 millones de raciones preparadas para enfrentar una posible emergencia de seguridad alimentaria.
La alerta también alcanza a África oriental, donde comunidades ya afectadas por sequías e inundaciones recientes podrían enfrentar nuevos extremos. Mohamed Adow, director del centro climático y energético Power Shift Africa, advirtió que para millones de personas este escenario no es solo un pronóstico meteorológico, sino una señal de riesgo directo para lluvias, cultivos, precios de alimentos y estabilidad familiar.
El Pacífico vuelve a ordenar el clima global
La dinámica de El Niño se origina en el Pacífico tropical, pero sus consecuencias se propagan por la atmósfera y pueden modificar patrones de lluvia en regiones muy alejadas. Esa conexión entre océano y clima mundial explica por qué la vigilancia de las temperaturas superficiales del mar, los vientos alisios y las anomalías oceánicas resulta clave para anticipar impactos.
Modelos recientes ya habían advertido que 2026 podía evolucionar hacia un episodio potente. Un análisis basado en datos oceánicos anticipó la posibilidad de temperaturas más de 2 °C superiores a lo normal en zonas clave del Pacífico ecuatorial, un umbral que puede marcar diferencias importantes en la intensidad del fenómeno. Ese tipo de señal fue analizada previamente al explicar cómo los datos oceánicos pueden anticipar un El Niño potente.
Carlo Buontempo, director del Servicio de Cambio Climático de Copernicus, indicó que las probabilidades favorecen un evento moderado a fuerte, probablemente fuerte o incluso cercano a récord. Su lectura coincide con la de otros centros que observan una evolución clara hacia un episodio de gran magnitud.
Por qué la alerta importa para la adaptación
La llegada de El Niño no significa que todos los países sufran los mismos efectos. Algunas regiones pueden experimentar sequía, otras lluvias más intensas y otras cambios de temperatura o alteraciones en temporadas agrícolas y pesqueras. Por eso, la preparación depende de sistemas de alerta temprana, información climática regional y capacidad institucional para actuar antes de que los impactos se consoliden.
El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, pidió tratar la probable intensificación del fenómeno como una advertencia climática urgente. En su planteamiento, las condiciones de El Niño añaden combustible a un mundo ya calentado y obligan a acelerar acciones de mitigación, adaptación, energías renovables y protección de las poblaciones más vulnerables.
La vigilancia de este episodio también se relaciona con la tendencia reciente de temperaturas extremas. Las proyecciones de corto plazo ya habían señalado que un fuerte El Niño podría empujar al planeta hacia nuevos máximos térmicos, un escenario que conecta con la advertencia de que la Tierra volvería a romper récords de calor si se combinan variabilidad natural y calentamiento global.
Un episodio distinto, pero con señales conocidas
Aunque el término “súper El Niño” aparece con frecuencia en el debate público, no forma parte de las clasificaciones operativas estandarizadas de los organismos meteorológicos. Lo relevante es la intensidad real del calentamiento del Pacífico, la respuesta de la atmósfera y la forma en que esas señales se traducen en impactos regionales.
La experiencia científica muestra que incluso los grandes episodios no producen efectos idénticos. La ubicación exacta del calentamiento, la estación del año, el estado previo de los océanos y la interacción con el cambio climático pueden modificar los resultados. Por eso, el seguimiento continuo será determinante durante los próximos meses.
El regreso de El Niño en 2026 concentra varias advertencias al mismo tiempo: océanos cálidos, riesgo de extremos, presión sobre alimentos, vulnerabilidad de regiones tropicales y necesidad de planificación pública. La clave estará en convertir la información climática en preparación concreta antes de que el episodio alcance su posible pico hacia finales de año.
Fuente(s) referenciales
Phys.org – El Niño arrives and could rank among strongest events since 1950
