Un estudio de la Universidad Federal de Minas Gerais advierte que la vegetación tropical podría experimentar hacia 2050 alteraciones comparables con las acumuladas durante 3,3 millones de años
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
El cambio climático podría modificar en apenas unas décadas la distribución de los bosques, sabanas y desiertos tropicales con una magnitud comparable a las transformaciones ocurridas durante los últimos 3,3 millones de años, según una investigación desarrollada por científicos de la Universidad Federal de Minas Gerais, en Brasil.
El estudio, publicado en la revista Journal of Biogeography, reconstruyó la evolución de la vegetación tropical desde finales del Plioceno hasta la actualidad y proyectó sus posibles cambios hacia 2050. Los resultados muestran que el principal riesgo no depende únicamente de la intensidad del calentamiento, sino de la velocidad con la que los ecosistemas deberán responder.
Los trópicos ocupan menos de un tercio de la superficie terrestre, pero albergan más de la mitad de las especies conocidas. Esa diversidad se distribuye entre selvas húmedas, bosques secos, sabanas, pastizales y desiertos que han cambiado repetidamente durante la historia climática del planeta.
Satélites, paleoclima e inteligencia artificial reconstruyeron el paisaje
Los investigadores Ubirajara Oliveira y Britaldo Silveira Soares-Filho, del Centro de Teledetección de la Universidad Federal de Minas Gerais, combinaron datos satelitales, reconstrucciones paleoclimáticas y algoritmos de aprendizaje automático.
Con esa información cartografiaron la distribución potencial de los principales tipos de vegetación tropical durante 11 grandes periodos, desde hace aproximadamente 3,3 millones de años hasta el presente.
El método permitió comparar los cambios ocurridos durante ciclos naturales prolongados con los desplazamientos que podrían producirse bajo un escenario de altas emisiones de gases de efecto invernadero hacia mediados de siglo.
La investigación no sostiene que en 2050 los trópicos reproducirán exactamente un paisaje del pasado. La comparación se refiere a la magnitud espacial de las transformaciones proyectadas y al desplazamiento de las condiciones climáticas adecuadas para cada tipo de vegetación.
Los bosques tropicales alcanzaron mínimos durante el Plioceno
Hace cerca de 3,2 millones de años, cuando la temperatura media del planeta era aproximadamente cuatro grados Celsius superior a la actual, los bosques tropicales habrían ocupado su menor extensión dentro del periodo analizado.
La Amazonia cubría entonces menos de la mitad del área potencial que presenta actualmente, mientras que el bosque Atlántico brasileño habría quedado reducido a menos del 5 % de su extensión climáticamente adecuada.
Las sabanas dominaban regiones que hoy están cubiertas por selvas densas. En África, el continente tropical que mostró las mayores transformaciones durante el periodo estudiado, los bosques permanecieron relativamente restringidos y predominaron los paisajes abiertos.
El Sahara tampoco mantuvo permanentemente su configuración desértica actual. Durante partes del Plioceno contenía mosaicos de arbustos y vegetación dispersa, una evidencia de que los límites entre bosques, sabanas y desiertos responden a cambios climáticos prolongados.
Los ciclos glaciales desplazaron bosques y sabanas
Durante los ciclos glaciales de los últimos dos millones de años, la cobertura forestal tropical avanzó y retrocedió en respuesta a variaciones de temperatura, humedad y concentración atmosférica de dióxido de carbono.
Hace unos 21.000 años, durante el máximo de la última glaciación, la Amazonia perdió cerca de un tercio de su superficie forestal potencial. Pese a esa reducción, conservó un núcleo continuo y no habría quedado completamente fragmentada.
El bosque Atlántico mostró una respuesta diferente. Según la reconstrucción, quedó dividido en dos grandes bloques separados por cientos de kilómetros de vegetación abierta, una fragmentación con posibles consecuencias para la distribución y evolución de las especies.
La vulnerabilidad contemporánea de estos ecosistemas también está relacionada con las alteraciones humanas. La fragmentación modifica las condiciones ambientales y la estructura de los árboles amazónicos, especialmente en los bordes expuestos a mayor calor y sequedad.
El sudeste asiático conservó los ecosistemas más estables
El archipiélago malayo presentó el mayor grado de estabilidad entre las regiones estudiadas. Cerca de un tercio de su superficie habría mantenido condiciones forestales durante más de tres millones de años.
Esta región comprende territorios de Indonesia, Malasia, Filipinas, Brunéi, Timor Oriental y Papúa Nueva Guinea, donde millones de años de continuidad climática favorecieron la persistencia y diversificación de especies.
En conjunto, alrededor del 22 % de los trópicos permaneció climática y ecológicamente estable durante el periodo analizado. Estas áreas funcionaron como refugios donde la biodiversidad pudo acumularse durante extensos intervalos.
Muchas especies restringidas a esos refugios poseen distribuciones pequeñas y adaptaciones estrechamente vinculadas con condiciones ambientales relativamente constantes. Esa especialización puede convertirlas en particularmente vulnerables ante cambios rápidos.
La velocidad del calentamiento reduce el tiempo para adaptarse
Las transformaciones naturales reconstruidas por el estudio ocurrieron durante decenas o cientos de miles de años. Ese ritmo permitió que algunas especies migraran, se adaptaran, modificaran su distribución o evolucionaran a medida que cambiaba el clima.
Las proyecciones actuales concentran cambios de magnitud comparable en unas pocas décadas. Los organismos con ciclos reproductivos largos, poca capacidad de dispersión o dependencia de hábitats específicos podrían no desplazarse con suficiente rapidez.
La fragmentación provocada por carreteras, áreas agrícolas y expansión urbana agrava esta limitación porque interrumpe los corredores ecológicos necesarios para seguir condiciones más favorables.
La recuperación tampoco depende únicamente del clima. Un estudio sobre la regeneración de selvas concluyó que los bosques tropicales necesitan aves frugívoras para dispersar semillas y recuperar carbono, lo que evidencia la importancia de conservar las interacciones entre especies.
La Amazonia podría perder más de un tercio de sus bosques
Bajo el escenario de emisiones más elevadas utilizado en la investigación, las temperaturas tropicales podrían aumentar entre dos y cuatro grados Celsius hacia 2050. En la Amazonia, el incremento proyectado podría alcanzar los cuatro grados.
La combinación de temperaturas más altas y sequías más intensas favorecería la sustitución de bosques densos por vegetación más abierta. Los modelos indican que la Amazonia podría perder más de un tercio de su extensión forestal climáticamente adecuada.
Esta proyección no implica que toda esa superficie vaya a desaparecer automáticamente antes de 2050. Los resultados describen cambios en la aptitud climática y están sujetos a las emisiones futuras, las políticas de conservación, la deforestación y la capacidad de resistencia de los ecosistemas.
Otros estudios han advertido que distintas zonas de la selva no reaccionan de manera uniforme. La respuesta de la Amazonia al calentamiento y la degradación varía considerablemente entre regiones, por lo que algunos sectores podrían resistir mejor que otros.
El archipiélago malayo perdería parte de su estabilidad histórica
Una de las proyecciones más significativas afecta al archipiélago malayo, considerado por el estudio la región tropical más estable durante los últimos 3,3 millones de años.
Bajo el escenario de altas emisiones, su superficie forestal potencial podría reducirse en más del 40 % hacia 2050. El cambio sería especialmente relevante porque muchas de sus especies evolucionaron bajo condiciones prolongadas de estabilidad.
Los ecosistemas que experimentaron pocas variaciones históricas no necesariamente poseen una mayor capacidad para soportar transformaciones abruptas. Por el contrario, algunas especies pueden presentar rangos térmicos estrechos y una baja tolerancia a condiciones nuevas.
La pérdida de estos refugios climáticos podría afectar organismos endémicos que no existen en ninguna otra región y que disponen de pocas áreas alternativas hacia las cuales desplazarse.
Las transformaciones afectarían a toda la biodiversidad tropical
Los cambios en la vegetación no consisten únicamente en reemplazar árboles por pastos o sabanas. Cada tipo de cobertura sostiene comunidades de plantas, animales, hongos y microorganismos que dependen de determinadas condiciones de humedad, temperatura, sombra y disponibilidad de alimento.
La apertura de una selva puede modificar la frecuencia de incendios, elevar la temperatura del suelo, disminuir la humedad y favorecer especies propias de ambientes secos. Esos procesos pueden reforzarse mutuamente y dificultar la recuperación del bosque.
La pérdida de cobertura también afecta el almacenamiento de carbono y el ciclo regional del agua. La Amazonia recicla grandes volúmenes de humedad mediante la evapotranspiración, por lo que una reducción forestal extensa puede disminuir las lluvias y aumentar el calentamiento local.
Una investigación publicada anteriormente encontró que la deforestación amazónica puede reducir las precipitaciones y elevar las temperaturas, intensificando las presiones climáticas sobre los territorios ya degradados.
Los mapas históricos pueden orientar la conservación
La reconstrucción de 3,3 millones de años permite identificar regiones que mantuvieron condiciones estables durante varios ciclos climáticos y que podrían contener concentraciones excepcionales de especies endémicas.
Proteger estos refugios y mantener conexiones entre ellos puede facilitar el desplazamiento de organismos frente al aumento de las temperaturas. También resulta necesario conservar gradientes de altitud y humedad que ofrezcan alternativas ambientales dentro de una misma región.
Los autores destacan que la conservación debe considerar tanto las áreas actualmente biodiversas como las rutas potenciales de migración. Un espacio protegido aislado puede resultar insuficiente si las condiciones climáticas que conserva se desplazan fuera de sus límites.
La reducción de emisiones determinará la magnitud final de las transformaciones. Los escenarios más severos no constituyen predicciones inevitables, sino resultados condicionados por una trayectoria de calentamiento elevado.
Décadas frente a millones de años de evolución
La principal advertencia del estudio surge de la diferencia entre la escala temporal de los cambios pasados y la velocidad prevista para este siglo.
Las alteraciones naturales de la vegetación tropical tuvieron consecuencias ecológicas y coincidieron con extinciones y reorganizaciones de la fauna, aunque se desarrollaron durante periodos que permitieron respuestas evolutivas y desplazamientos geográficos.
Comprimir modificaciones de magnitud semejante en unas pocas décadas reduce drásticamente ese margen. Los ecosistemas más estables y diversos pueden convertirse en algunos de los más expuestos precisamente porque sus especies no han enfrentado variaciones equivalentes a esa velocidad.
Los resultados refuerzan la necesidad de limitar el calentamiento, frenar la deforestación, recuperar corredores ecológicos y proteger los refugios tropicales que han sostenido la biodiversidad durante millones de años.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Journal of Biogeography
