Un estudio de UCLA detectó una disminución entre 2003 y 2023 y plantea que la pérdida del ligero efecto refrigerante del polvo pudo contribuir modestamente al calentamiento reciente
Redactor: Luis Ortega
Editor: Camila Herrera R.
La cantidad de polvo mineral suspendido en la atmósfera terrestre disminuyó alrededor de un 10 % entre 2003 y 2023, según una investigación de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) que combinó observaciones satelitales, mediciones terrestres y modelos atmosféricos. El resultado aporta la evidencia más sólida hasta ahora de un descenso global del polvo durante las primeras décadas del siglo XXI.
La tendencia tiene implicaciones climáticas porque el polvo desértico ejerce, en conjunto, un ligero efecto de enfriamiento sobre el planeta. Los investigadores consideran que su reducción probablemente contribuyó de manera modesta al calentamiento observado recientemente, aunque subrayan que este efecto se suma al calentamiento provocado por las actividades humanas y no constituye su causa principal.
Satélites y estaciones terrestres revelan una tendencia global
El estudio, publicado en Science Advances, fue dirigido por Ashok Kumar Gupta, quien desarrolló gran parte del análisis mientras trabajaba en el Departamento de Ciencias Atmosféricas y Oceánicas de UCLA y actualmente es científico de la Universidad de Vanderbilt. Jasper Kok, científico atmosférico de UCLA, fue el investigador principal del proyecto.
Determinar la evolución global del polvo es complejo porque su presencia en la atmósfera varía considerablemente entre regiones y estaciones. El nuevo trabajo integró diferentes fuentes de observación y simulaciones para reconstruir su comportamiento durante dos décadas y encontró una disminución consistente a escala planetaria.
Los aerosoles atmosféricos ya son objeto de una intensa investigación por su capacidad para modificar el balance energético de la Tierra. Estudios anteriores han utilizado observaciones desde el espacio para obtener estimaciones globales del enfriamiento asociado a las interacciones entre aerosoles y nubes, uno de los procesos que todavía introduce incertidumbres en las proyecciones climáticas.
El Sahara y los desiertos asiáticos alimentan gran parte del polvo
La mayor parte del polvo atmosférico procede del hemisferio norte. El Sahara, en África, y los grandes desiertos asiáticos, incluido el Gobi, figuran entre las fuentes más importantes. Los vientos pueden levantar partículas minerales desde estas regiones y transportarlas durante miles de kilómetros sobre continentes y océanos.
La magnitud de estos desplazamientos puede observarse durante episodios especialmente intensos. En marzo de 2026, por ejemplo, una extensa masa de polvo sahariano alcanzó diferentes regiones de Europa, donde interactuó con sistemas meteorológicos y produjo episodios de lluvia cargada de partículas.
Estos eventos muestran que el polvo no permanece cerca de los desiertos donde se origina. Las corrientes atmosféricas pueden trasladarlo a grandes distancias y modificar temporalmente la radiación solar, la visibilidad, la calidad del aire y determinados procesos de formación de nubes.
Menos polvo puede significar ligeramente menos enfriamiento
El efecto climático del polvo es complejo porque las partículas pueden interactuar con la radiación de distintas maneras. Parte de la luz solar que llega a la Tierra es reflejada hacia el espacio, lo que favorece el enfriamiento, mientras que el polvo también puede absorber radiación y retener calor. El balance global de estos procesos produce actualmente un ligero efecto refrigerante.
La disminución detectada desde 2003 implica que una parte de ese enfriamiento se habría reducido. Jasper Kok señaló que esta pérdida probablemente realizó una contribución modesta al calentamiento reciente asociado al cambio climático de origen humano.
El mecanismo tiene paralelismos con lo observado en otros aerosoles. La reducción de determinados contaminantes atmosféricos ha mejorado la calidad del aire, pero también ha disminuido parte del efecto refrigerante que esas partículas ejercían. Investigaciones anteriores han mostrado que la reducción de aerosoles contaminantes puede dejar pasar más radiación solar y reforzar temporalmente el calentamiento.
En ningún caso estos resultados implican que aumentar deliberadamente la contaminación o el polvo constituya una solución climática. Los aerosoles pueden perjudicar la salud, deteriorar la calidad del aire y producir múltiples efectos ambientales, mientras que la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero continúa siendo fundamental para limitar el calentamiento a largo plazo.
El descenso rompe con la tendencia observada durante el siglo XX
La disminución registrada entre 2003 y 2023 representa un cambio respecto de buena parte del siglo XX. De acuerdo con los investigadores, la cantidad de polvo atmosférico aumentó durante décadas y alcanzó un máximo aproximadamente en la década de 1980, aunque las razones de esa evolución histórica todavía no se comprenden completamente.
A pesar del descenso más reciente, los niveles actuales continúan siendo superiores a los existentes antes de la industrialización. Las fuentes tampoco son exclusivamente grandes desiertos naturales. Lagos y humedales que pierden agua pueden dejar sedimentos expuestos que posteriormente son movilizados por el viento.
Entre los ejemplos mencionados por los investigadores aparecen el mar de Salton y el valle de Owens, en California; el Gran Lago Salado de Utah; y el mar de Aral, entre Kazajistán y Uzbekistán. En algunos de estos sistemas, las actividades humanas y la desviación de recursos hídricos han contribuido a dejar extensas superficies secas capaces de convertirse en fuentes de polvo.
Las causas del descenso todavía no están resueltas
Uno de los principales interrogantes abiertos por la investigación es por qué está disminuyendo el polvo global. El estudio establece la tendencia, pero no atribuye el cambio a una única causa. Gupta continúa investigando cuánto puede explicarse por modificaciones en los vientos superficiales y cuánto corresponde a otros factores ambientales.
La generación de polvo depende de numerosas condiciones: disponibilidad de sedimentos secos, cobertura vegetal, humedad del suelo, precipitaciones y fuerza del viento, entre otras. Cambios regionales en cualquiera de estas variables pueden modificar la cantidad de partículas que alcanza la atmósfera.
El Sahara ofrece un ejemplo de la estrecha relación entre clima, vegetación y polvo a escalas prolongadas. Investigaciones paleoclimáticas han mostrado que los cambios de circulación y precipitaciones participaron en la transición del antiguo Sahara húmedo hacia condiciones más áridas, con retroalimentaciones posteriores relacionadas con la vegetación y las partículas minerales.
El polvo también modifica nubes, ecosistemas, nieve y hielo
Las consecuencias del descenso atmosférico no se limitan a la temperatura global. El polvo transporta minerales y nutrientes que posteriormente se depositan sobre continentes y océanos, donde pueden influir en ecosistemas alejados miles de kilómetros de las regiones de origen.
Las partículas también interactúan con las nubes y pueden actuar como núcleos alrededor de los cuales se forman gotas o cristales de hielo. Por eso, las variaciones en la concentración y las características del polvo pueden influir en procesos atmosféricos relacionados con la formación de nubes y precipitaciones.
En Europa, el transporte sahariano ha mostrado además efectos sobre la radiación que alcanza la superficie. Investigaciones recientes han documentado cómo las partículas procedentes del Sahara modifican las condiciones atmosféricas y la interacción con la radiación solar durante episodios de transporte a larga distancia.
Cuando el polvo termina depositándose sobre nieve o hielo puede disminuir la reflectividad de la superficie. Una cubierta más oscura absorbe una proporción mayor de la energía solar y puede favorecer el deshielo. Este proceso depende de la cantidad y características de las partículas depositadas y de las condiciones locales.
Una reducción global no elimina los riesgos de las tormentas de polvo
La tendencia descendente detectada a escala planetaria tampoco significa que hayan desaparecido los episodios regionales extremos. Las tormentas de arena y polvo siguen afectando a amplias poblaciones y pueden deteriorar la calidad del aire, reducir la visibilidad, alterar actividades económicas y transportar partículas entre países y continentes.
La Organización Meteorológica Mundial ha estimado que unos 330 millones de personas en más de 150 países están expuestas a los efectos de las tormentas de arena y polvo. La frecuencia e intensidad de estos eventos pueden evolucionar de manera diferente en cada región aunque el promedio atmosférico mundial esté disminuyendo.
La nueva evidencia obliga por ello a analizar simultáneamente dos escalas. A nivel global, la carga de polvo atmosférico descendió aproximadamente un 10 % durante las dos décadas estudiadas; a nivel regional, siguen ocurriendo grandes episodios capaces de transportar enormes cantidades de partículas y generar impactos ambientales y sociales importantes.
Comprender el polvo permitirá afinar las proyecciones climáticas
Los investigadores pretenden ahora identificar los mecanismos responsables de la reducción y determinar si la tendencia continuará bajo diferentes condiciones climáticas. Esa información será necesaria para representar con mayor precisión el papel del polvo en los modelos que proyectan la evolución futura de la temperatura y de la atmósfera.
La incertidumbre resulta relevante porque una nueva disminución del polvo podría reducir ligeramente su efecto refrigerante, mientras que una reversión de la tendencia produciría una respuesta diferente. Al mismo tiempo, los cambios podrían modificar el transporte de nutrientes, la calidad del aire y las interacciones entre aerosoles y nubes.
El trabajo no atribuye al descenso del polvo el calentamiento global observado ni modifica la evidencia sobre el papel dominante de los gases de efecto invernadero emitidos por las actividades humanas. Su aportación consiste en identificar un componente adicional del sistema climático: la atmósfera se ha vuelto menos polvorienta durante las primeras décadas del siglo XXI y esa transformación puede estar alterando ligeramente el balance energético del planeta.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad de California en Los Ángeles
Science Advances




