El 29 de junio marcó el segundo Glacier Loss Day más temprano registrado: desde entonces, el deshielo dejó de consumir nieve estacional y comenzó a reducir directamente el hielo glaciar acumulado durante décadas y siglos
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Los glaciares de Suiza alcanzaron el 29 de junio de 2026 su denominado Glacier Loss Day, el momento del año en que la nieve acumulada durante el invierno deja de compensar el deshielo y cualquier pérdida posterior comienza a reducir directamente la masa de hielo del glaciar. La fecha fue la segunda más temprana registrada, solo superada por el 26 de junio de 2022, y llegó aproximadamente tres meses antes de lo que correspondería a un glaciar en condiciones saludables.
El episodio se produjo después de un invierno con escasa nieve en distintas zonas de los Alpes y en medio de temperaturas elevadas que aceleraron la fusión durante la primavera y el comienzo del verano. Glacier Monitoring in Switzerland (GLAMOS), la red que vigila la evolución de los glaciares suizos, constató que las reservas invernales se habían agotado cuando todavía quedaban alrededor de tres meses de la temporada habitual de deshielo.
El Glacier Loss Day llegó casi tan pronto como en el récord de 2022
El concepto Glacier Loss Day permite representar el balance anual entre la acumulación de nieve y su posterior fusión. Durante el invierno, las precipitaciones sólidas forman una cubierta que protege el hielo antiguo. A medida que aumentan las temperaturas, esa reserva comienza a derretirse. Cuando las pérdidas acumuladas igualan todo lo ganado durante la temporada fría, el glaciar entra en balance negativo.
En 2026, ese punto llegó el 29 de junio. Solo en 2022 se había registrado antes, el 26 de junio. Aquel año, caracterizado también por poca nieve invernal y varias olas de calor, los glaciares suizos terminaron perdiendo alrededor del 6 % de su masa.
El adelanto observado encaja con los cambios que están experimentando otras cordilleras europeas. La reducción de la cobertura nival modifica tanto la protección de los glaciares como el funcionamiento de los ecosistemas de montaña. En los Pirineos, por ejemplo, investigaciones recientes han analizado cómo el calentamiento está alterando la cantidad y duración de la nieve, un componente esencial para retrasar la exposición del hielo durante el verano.
Una combinación de poca nieve, calor y polvo sahariano
Las condiciones previas al verano dejaron a los glaciares suizos especialmente expuestos. En abril, la cobertura de nieve se encontraba en mínimos históricos en algunos puntos y apenas alcanzaba valores medios en determinados glaciares. A ello se sumó el transporte de polvo del Sahara durante marzo y posteriormente una intensa ola de calor.
Las partículas de polvo depositadas sobre la nieve pueden oscurecer su superficie y reducir su capacidad para reflejar la radiación solar. Una superficie más oscura absorbe mayor cantidad de energía y puede acelerar la fusión cuando coinciden temperaturas elevadas y fuerte radiación.
Durante las olas de calor de 2026, los glaciares alpinos registraron tasas elevadas de deshielo. El 29 de junio se convirtió así en un punto crítico: la nieve invernal que todavía permanecía en sectores altos ya no era suficiente para compensar las pérdidas producidas en las partes inferiores.
El hielo se derrite al doble del ritmo medio de la década pasada
Las mediciones de GLAMOS mostraban a finales de junio que los glaciares suizos estaban perdiendo masa aproximadamente al doble de la tasa media observada entre 2010 y 2020. El balance acumulado se acercaba ya a los niveles alcanzados durante el mismo periodo de 2022.
Matthias Huss, glaciólogo de ETH Zúrich, el Instituto Federal Suizo de Investigación Forestal, de Nieve y del Paisaje (WSL) y responsable de GLAMOS, explicó que alcanzar esta situación al final de junio significa que el hielo formado durante décadas y siglos queda expuesto al deshielo durante el resto del verano.
El problema no se limita a Suiza. Los indicadores climáticos europeos muestran pérdidas generalizadas de hielo. El balance continental de 2025 ya había determinado que los glaciares de todas las regiones europeas registraron una pérdida neta de masa, dentro de una tendencia que los organismos científicos esperan que continúe durante este siglo.
Los Alpes suizos han perdido extensas superficies de hielo
El Glacier Loss Day de 2026 forma parte de una transformación acumulada durante décadas. Entre los años extremos de 2003 y 2022 desaparecieron aproximadamente 200 kilómetros cuadrados de hielo glaciar en Suiza, una superficie casi equivalente a la del cantón de Zug.
La pérdida continuada de masa reduce el tamaño de los glaciares y modifica su capacidad para aportar agua durante los periodos cálidos. En principio, un verano con fuerte deshielo puede generar grandes cantidades de agua, pero ese comportamiento depende de que todavía exista suficiente volumen de hielo disponible.
La transformación de los Alpes también tiene consecuencias territoriales. El retroceso glaciar ya ha obligado a redefinir una parte de la frontera entre Italia y Suiza, porque algunos límites internacionales de alta montaña se habían establecido siguiendo divisorias vinculadas a glaciares cuya geometría está cambiando.
Más deshielo no garantiza más agua en el futuro
Los glaciares funcionan como reservas que almacenan nieve y hielo y liberan agua durante los meses cálidos. Esa aportación puede amortiguar temporalmente el descenso de los caudales y el aumento de la temperatura de los ríos durante veranos secos y calurosos.
Sin embargo, la reducción progresiva de la superficie glaciar termina disminuyendo la cantidad de hielo disponible para alimentar los cursos de agua. Un estudio del WSL comparó las condiciones de 2003 y 2022 y encontró que, entre junio y agosto de 2022, el agua procedente de los glaciares contribuyó menos al caudal en la mayoría de las cuencas analizadas que durante el mismo periodo de 2003, pese a que en 2022 la pérdida de hielo fue mayor.
Esta aparente contradicción refleja el efecto acumulado del retroceso: un glaciar más pequeño puede derretirse intensamente y, aun así, disponer de menos hielo total para producir agua. La disminución de las reservas congeladas forma parte de una tendencia hídrica más amplia; la Organización Meteorológica Mundial informó recientemente de un cuarto año consecutivo de pérdidas de hielo en todas las grandes regiones glaciares durante 2025.
El calentamiento también desestabiliza otros ambientes de montaña
La pérdida de glaciares no ocurre de manera aislada. El aumento de las temperaturas afecta simultáneamente la nieve, el hielo y el permafrost de las regiones montañosas, alterando procesos que intervienen en la estabilidad de las laderas y en el almacenamiento y circulación del agua.
En Suiza, científicos han desarrollado métodos para determinar cómo se transmite el calor hacia las capas profundas del terreno congelado. Estas investigaciones muestran que el permafrost de montaña se está calentando y descongelando, otro cambio relevante para comprender la evolución de los ambientes alpinos bajo temperaturas crecientes.
El retroceso del hielo es un fenómeno global y no exclusivo de Europa. En los Andes tropicales, donde los glaciares son particularmente sensibles a los cambios térmicos, un glaciar de la Sierra Nevada del Cocuy, en Colombia, desapareció en 2026, dejando roca expuesta donde años atrás todavía permanecía hielo.
El balance definitivo de 2026 dependerá del resto del verano
Alcanzar el Glacier Loss Day a finales de junio no determina por sí solo cuál será la pérdida total de masa al concluir el año hidrológico. Las condiciones meteorológicas posteriores —temperaturas, nubosidad, precipitaciones y posibles nevadas en altura— influyen en la intensidad del deshielo durante los meses siguientes.
La comparación con 2022 resulta, sin embargo, significativa. A finales de junio de 2026, la evolución se encontraba próxima a la observada durante el peor año registrado hasta entonces para los glaciares suizos. La diferencia es que en 2022 el Glacier Loss Day ocurrió tres días antes.
Para los glaciólogos, el indicador permite comunicar con claridad un proceso físico: la reserva acumulada durante el invierno se consumió cuando el verano apenas comenzaba. Desde ese momento, cada periodo adicional de fusión dejó de eliminar nieve estacional y pasó a reducir directamente un patrimonio de hielo formado a lo largo de décadas o siglos.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Columbia Climate School
ETH Zúrich
Instituto Federal Suizo de Investigación Forestal, de Nieve y del Paisaje




