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19 de septiembre de 2026

Panorama Planetario

El sistema Tierra mantiene señales combinadas de calor oceánico excepcional, mayor humedad atmosférica, sequías regionales e incendios persistentes. La energía acumulada en mares y atmósfera eleva la probabilidad de lluvias intensas, noches cálidas y tormentas con mayor contenido de humedad. El panorama no es uniforme: mientras unas regiones enfrentan déficit hídrico, otras permanecen expuestas a precipitaciones concentradas e inundaciones repentinas.

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Temperatura global

Agosto dejó una señal térmica extraordinaria y septiembre comienza con amplias zonas continentales y oceánicas todavía por encima de sus referencias habituales. El calentamiento de origen humano continúa como tendencia de fondo, mientras El Niño refuerza temporalmente el transporte de calor y humedad entre el océano y la atmósfera.

Vigilancia elevada
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Océanos

La superficie oceánica mundial permanece inusualmente cálida. Durante agosto, la media fuera de las regiones polares alcanzó aproximadamente 21,07 °C, una señal con consecuencias para arrecifes, pesquerías, nivel del mar y disponibilidad de oxígeno. El exceso de calor también suministra energía y vapor de agua a los sistemas meteorológicos.

Estrés térmico marino
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CO₂ atmosférico

Las concentraciones globales de dióxido de carbono se mantienen por encima de 420 partes por millón, dentro de una trayectoria ascendente impulsada por combustibles fósiles, cambios de uso del suelo y pérdida de sumideros. La variación estacional no altera el diagnóstico: la acumulación de gases de efecto invernadero sigue elevando el desequilibrio energético planetario.

Tendencia estructural
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Hielo polar

El hielo marino del Ártico atraviesa el periodo cercano a su mínimo anual. Además de la extensión, importa el espesor y la distribución del hielo, porque las placas pueden desplazarse por viento, corrientes y colisiones. En la Antártida, la evolución de la cobertura continúa bajo observación tras varios años de fuertes anomalías.

Mínimo estacional próximo
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Incendios

Indonesia registra su temporada de incendios más grave en once años, con focos especialmente preocupantes en Borneo y Sumatra. La sequedad prolongada favorece el fuego en bosques y turberas, mientras el humo deteriora la calidad del aire local y alcanza países vecinos. El riesgo puede mantenerse hasta la llegada sostenida de las lluvias.

Humo transfronterizo
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Sequías

La sequía rápida continúa intensificándose en las llanuras del sur y la cuenca baja del Misisipi, con extensión hacia sectores del sureste estadounidense. Al 15 de septiembre, alrededor del 59 % de los 48 estados continentales presentaba alguna categoría de sequía. Europa también concluyó un verano marcado por calor, incendios y presión hídrica.

Agua y suelos bajo presión
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Tormentas y fenómenos extremos

La atmósfera registró en agosto un contenido medio de vapor de agua cercano a 27,35 kilogramos por metro cuadrado. Una atmósfera más húmeda puede aumentar la lluvia disponible dentro de tormentas y amplificar el calor nocturno. Esto no determina un episodio concreto, pero eleva el potencial de extremos cuando coinciden los mecanismos meteorológicos adecuados.

Más humedad disponible
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Señal planetaria destacada

El vínculo entre océano cálido y humedad atmosférica es la señal central del día. El mar no solo almacena la mayor parte del exceso de calor del sistema climático: también alimenta la evaporación. Ese acoplamiento aumenta simultáneamente el estrés marino y la posibilidad de precipitaciones intensas lejos de las zonas donde se originó el vapor.

Océano y atmósfera conectados
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Perspectiva planetaria para los próximos 7–14 días

Entre finales de septiembre y comienzos de octubre será importante seguir tres señales: la persistencia del calor oceánico, la evolución de los incendios y el reparto desigual de las lluvias. En Estados Unidos se favorecen temperaturas superiores a lo normal en gran parte del territorio continental entre el 22 y el 26 de septiembre, con más probabilidad de lluvia en la costa oriental y el suroeste, pero condiciones más secas desde el centro hasta el alto Medio Oeste. En el sudeste asiático, la combinación de sequedad, turberas combustibles y retraso de las lluvias mantiene el peligro de incendios y contaminación. En otras regiones tropicales, el calor marino y el abundante vapor de agua justifican vigilancia ante lluvias torrenciales. Estas señales describen probabilidades regionales y deben complementarse con los avisos de los servicios meteorológicos nacionales.

Seguimiento diario recomendado

Referencias de seguimiento: NOAA Climate, Copernicus Climate Change Service y Drought.gov. Los indicadores globales deben interpretarse como una fotografía operativa sujeta a actualización.

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El agua dulce terrestre sigue en descenso, advierte la OMM


Su balance de 2025 registra caudales bajos en el 36 % de la superficie de las cuencas analizadas y un cuarto año consecutivo de pérdidas de hielo en todas las grandes regiones glaciares.


Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Eduardo Schmitz


La Organización Meteorológica Mundial (OMM) publicó el 17 de septiembre su evaluación de los recursos hídricos de 2025. El informe describe uno de los años más secos para el caudal de los ríos en 35 años y confirma una tendencia descendente del agua almacenada en tierra desde mediados de la década de 2010. El diagnóstico abarca ríos, aguas subterráneas, lagos, humedad del suelo, nieve y glaciares, aunque sus condiciones varían entre regiones.

La distinción entre esos componentes importa: un río puede responder a una temporada seca en semanas, mientras que un acuífero o un glaciar tarda mucho más en recuperarse. Los caudales bajos tienen consecuencias visibles para los ecosistemas y los usos del agua, como muestran los mínimos registrados en grandes ríos europeos durante julio de 2026. Ese episodio regional es posterior al año evaluado por la OMM y ofrece un ejemplo de los efectos que puede tener una sequía.

Qué dicen las cifras sobre ríos y reservas

Según la OMM, los flujos estuvieron por debajo de lo normal en el 36 % de la superficie de las cuencas fluviales evaluadas en 2025. La estimación procede de simulaciones de 13 modelos hidrológicos globales alimentados con datos meteorológicos observados. Además, por séptimo año consecutivo, las cuencas con caudales normales fueron una minoría.

La cifra del 42 % no debe interpretarse como una pérdida comprobada del volumen total de agua dulce mundial en 2025. El balance oficial informa una tendencia decreciente del almacenamiento terrestre desde 2014–2016, pero no presenta ese porcentaje como caída anual de todas las reservas. Distinguir una tendencia, la superficie afectada y el volumen almacenado evita atribuir al informe una conclusión que no contiene.

Glaciares y aguas subterráneas requieren seguimiento prolongado

En 2025, todas las grandes regiones glaciares perdieron masa por cuarto año consecutivo, de acuerdo con la OMM. El retroceso puede modificar la disponibilidad de agua a largo plazo y, en determinadas cuencas de montaña, acompañarse de otros riesgos. Un estudio sobre la expansión de lagos glaciares en el norte de India ilustra por qué el seguimiento del hielo también exige observar los valles situados aguas abajo.

Bajo la superficie, casi dos tercios de los pozos monitoreados en el mundo presentaron condiciones fuera de sus valores históricos en 2025. Esa cifra incluye desviaciones en ambos sentidos; la OMM señala que el balance se desplazó más hacia el déficit respecto de 2024. La necesidad de proteger estas reservas da contexto a las medidas para recuperar manantiales y reducir la presión sobre aguas subterráneas en Alemania.

Una señal mundial que exige decisiones por cuenca

El informe combina observaciones de campo, datos satelitales y modelos. La OMM advierte que todavía existen vacíos de información hidrológica, especialmente en partes de África y Asia. Por ello, el balance mundial ayuda a identificar tendencias, pero las decisiones sobre abastecimiento, conservación y prevención de inundaciones necesitan mediciones y alertas de cada territorio.

La gestión también debe prepararse para extremos opuestos: conservar agua durante periodos secos y mantener capacidad de respuesta ante crecidas. Ese desafío aparece en el replanteamiento de la gestión hídrica en Países Bajos, donde los bajos caudales han impulsado medidas para retener agua dulce. El mensaje del balance de 2025 es seguir conjuntamente las reservas lentas y los cambios rápidos de los ríos, sin convertir una media global en el diagnóstico de cada cuenca.

Fuentes referenciales:
Infobae
Organización Meteorológica Mundial: Estado de los recursos hídricos mundiales 2025
Organización Meteorológica Mundial: comunicado sobre las tendencias recientes del agua