El Rin, el Ródano y el Danubio registraron caudales excepcionalmente bajos en julio, con efectos sobre el abastecimiento, los ecosistemas, la navegación y la producción energética
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
La sequía y el calor persistente redujeron a niveles extraordinarios el caudal de algunos de los mayores ríos de Europa durante julio de 2026. Amplios tramos del Rin, el Ródano y el Danubio presentaron flujos nunca registrados para ese mes, de acuerdo con datos publicados por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus.
El descenso afectó gran parte de Europa occidental, central y oriental. Copernicus identificó caudales muy inferiores al promedio en Francia, Alemania, Suiza, Austria, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Polonia, Ucrania y Bielorrusia, además de buena parte del Reino Unido, Irlanda y sectores del sur de Escandinavia.
El Rin y el Danubio alcanzaron condiciones excepcionales
El caudal del Rin en Alemania y los Países Bajos descendió a su nivel más bajo para un mes de julio dentro del registro analizado. La reducción limita la profundidad disponible para las embarcaciones y obliga a disminuir la carga transportada, una situación con posibles consecuencias para las cadenas industriales que dependen de esta vía fluvial.
La navegación comercial ya enfrentaba dificultades en diferentes tramos. El impacto de los bajos niveles sobre el transporte y la actividad económica fue examinado recientemente al documentarse cómo el descenso del Rin amenaza a la industria alemana, especialmente en zonas donde el río moviliza materias primas y productos energéticos.
En la cuenca del Danubio se registraron niveles récord o cercanos a récord. Las mayores alteraciones alcanzaron sectores de Hungría, Rumanía, Serbia y Croacia, donde el bajo caudal afectó la navegación, el riego y determinadas operaciones de producción energética.
El Danubio atraviesa o delimita diez países y constituye una infraestructura hídrica esencial para numerosas ciudades, áreas agrícolas, industrias y ecosistemas. Una disminución prolongada de su caudal puede producir efectos simultáneos en territorios situados a cientos de kilómetros entre sí.
La humedad del suelo cayó a niveles mínimos
La señal hidrológica no se limitó a los cauces. En gran parte de la península ibérica, Francia, Alemania, Austria y Hungría, la humedad media de los primeros siete centímetros del suelo fue la más baja observada en julio desde al menos 1979, según el conjunto de datos ERA5-Land.
La sequedad registrada durante mayo y junio persistió y se intensificó en julio. También se observaron condiciones excepcionalmente secas en el Reino Unido, Irlanda, Islandia y los países del Benelux.
Copernicus determinó que la humedad superficial del suelo en Europa occidental quedó significativamente por debajo de la observada en julio de 2022, cuando el continente atravesó otra sequía severa. La comparación muestra la magnitud del déficit acumulado durante los primeros meses del verano de 2026.
La evolución coincide con investigaciones que atribuyen una parte importante del secamiento estival europeo a modificaciones de la circulación atmosférica. Un análisis publicado anteriormente explicó que los cambios atmosféricos explican el 55 % de la sequía estival observada en el continente entre 1980 y 2024.
El calor y la falta de lluvia reforzaron la sequía
Europa occidental experimentó en 2026 una secuencia excepcional de olas de calor desde mayo. La temperatura media combinada de junio y julio alcanzó 21,62 °C en la región, unos 2,79 °C por encima del promedio 1991-2020 y el valor más alto registrado para ese periodo.
Los sistemas persistentes de alta presión favorecieron cielos despejados, temperaturas elevadas y ausencia prolongada de precipitaciones en amplias zonas. Cuando el terreno pierde humedad, disminuye el enfriamiento producido por la evaporación y una proporción mayor de la energía solar se dedica a calentar la superficie y el aire.
Este mecanismo genera una interacción entre calor y sequía: las temperaturas elevadas aceleran la pérdida de agua, mientras los suelos secos facilitan que el calor se intensifique. El continente ya presenta un calentamiento aproximado de 2,4 °C respecto a la era preindustrial, como se detalló en un análisis sobre la aceleración del calentamiento en Europa.
Los déficits hídricos también coincidieron con una intensa actividad de incendios. Francia, España y Portugal estuvieron entre los países afectados por fuegos que arrasaron miles de hectáreas después de las olas de calor. La combinación de vegetación seca, altas temperaturas y baja humedad favoreció la propagación de las llamas.
Los ecosistemas acuáticos pierden espacio y oxígeno
El descenso del caudal reduce el volumen de hábitat disponible para peces, invertebrados y plantas acuáticas. También puede fragmentar los cauces, dejar organismos aislados en pozas y dificultar sus desplazamientos hacia zonas con mejores condiciones.
El agua poco profunda se calienta con mayor rapidez y suele contener menos oxígeno disuelto. Las temperaturas elevadas, además, pueden concentrar contaminantes y nutrientes, incrementar la proliferación de algas y alterar las relaciones entre especies.
Una revisión internacional de 965 casos determinó que la calidad del agua suele deteriorarse durante las sequías y olas de calor. Entre las variables afectadas figuran la temperatura, el oxígeno, la salinidad y las concentraciones de nutrientes, metales y microorganismos.
La presión es especialmente importante en ríos modificados por presas, canalizaciones y extracciones. Estas intervenciones pueden reducir la capacidad de los cauces y humedales asociados para retener agua, amortiguar extremos y mantener refugios ecológicos durante periodos secos.
La escasez de agua afecta varios sectores a la vez
Los caudales reducidos generan dificultades que se extienden más allá del ambiente fluvial. La navegación puede requerir embarcaciones con menos carga; el riego dispone de menores reservas durante la etapa de mayor demanda; y algunas instalaciones energéticas encuentran limitaciones para captar agua o descargarla sin elevar excesivamente la temperatura del río.
La escasez también aumenta la presión sobre embalses y sistemas de abastecimiento. En la cuenca del Sena y otros ríos del centro de Francia, Copernicus detectó flujos excepcionalmente bajos que incrementaron la preocupación por las reservas de agua y los ecosistemas acuáticos.
La situación fue particularmente severa en Polonia, donde varios cauces llegaron a marcas históricas. El episodio se relaciona con la sequía extrema que redujo los ríos polacos después de meses de precipitaciones insuficientes y temperaturas elevadas.
Aunque algunas áreas del noreste y el sur de Europa presentaron caudales superiores al promedio, fueron zonas limitadas y fragmentadas. El patrón predominante del continente durante julio fue de flujos inferiores o muy inferiores a los valores habituales.
El monitoreo utilizado por Copernicus compara los caudales de julio de 2026 con el periodo de referencia 1992-2020 y reserva las categorías extremas para los valores más altos o bajos del registro 1992-2026. Solo se incluyeron ríos con cuencas superiores a 1.000 kilómetros cuadrados, por lo que numerosos cauces pequeños afectados por la sequía no aparecen en el análisis continental.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Servicio de Cambio Climático de Copernicus
Copernicus y Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio
