Mediciones geodésicas revelan que el terreno se eleva en las regiones polares y desciende cerca del ecuador mientras el agua procedente del hielo se redistribuye hacia latitudes más bajas
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
La redistribución de enormes cantidades de agua provocada por el deshielo contemporáneo está dejando una señal medible en la forma de la Tierra. Un nuevo estudio basado en observaciones geodésicas globales detectó una aceleración del levantamiento de las regiones polares acompañada por un hundimiento de magnitud comparable en las zonas ecuatoriales, un patrón relacionado con el desplazamiento de masa desde las grandes reservas de hielo hacia los océanos.
La investigación, publicada en septiembre de 2026 en Journal of Geophysical Research: Solid Earth, analizó velocidades verticales obtenidas mediante sistemas globales de navegación por satélite (GNSS). Los resultados indican que el levantamiento medio de las regiones polares pasó de aproximadamente 0,5 milímetros por año a finales de la década de 1990 a cerca de 1 milímetro anual en el período más reciente estudiado, mientras que las regiones ecuatoriales registraron un descenso de magnitud similar.
El fenómeno ayuda a entender que la pérdida de hielo que actualmente ocurre en distintas regiones del planeta no tiene únicamente consecuencias sobre el nivel del mar. Cuando desaparece hielo continental, cambia la distribución de peso sobre la superficie terrestre y la Tierra sólida responde a esa modificación de las cargas.
Los polos se elevan mientras el ecuador desciende
La Tierra no es una esfera perfecta. Su rotación hace que presente un ligero achatamiento en los polos y un ensanchamiento en torno al ecuador. Esa geometría tampoco permanece completamente fija: puede cambiar como consecuencia de procesos que ocurren en la corteza y el manto, de variaciones en la rotación y del desplazamiento de grandes masas de agua y hielo.
El investigador C. Kotsakis, del Departamento de Geodesia y Topografía de la Universidad Aristóteles de Tesalónica, desarrolló un método para utilizar las velocidades verticales registradas por estaciones GNSS y calcular cómo está evolucionando esa geometría a escala planetaria.
El análisis utilizó datos de los marcos de referencia terrestre ITRF2014 e ITRF2020 y reconstruyó la evolución de las deformaciones verticales durante el período 1997-2015. Tras considerar el efecto del ajuste isostático glacial, los resultados mostraron una señal adicional coherente con la redistribución contemporánea de masa desde las regiones polares hacia latitudes más bajas.
El patrón observado implica una disminución progresiva del achatamiento de la Tierra sólida: los polos tienden a elevarse y las regiones ecuatoriales a hundirse. Los cálculos del estudio sitúan la aceleración de esta modificación geométrica en torno a 0,4 milímetros por año por década.
El agua del deshielo redistribuye el peso sobre el planeta
La explicación física está relacionada con las cargas que soporta la superficie terrestre. Una gran capa de hielo ejerce presión sobre la corteza. Cuando pierde masa, disminuye el peso sobre la región que ocupaba y el terreno puede responder elevándose. Parte del agua liberada termina en los océanos, trasladando masa hacia otras zonas del planeta y modificando allí la carga ejercida sobre el fondo oceánico.
Este comportamiento está conectado con el ajuste isostático, un proceso que también puede observarse a escalas de tiempo mucho mayores después de la desaparición de antiguas capas de hielo. Las llamadas playas levantadas de la Antártida, por ejemplo, conservan evidencias de cómo el terreno asciende después de liberarse del peso del hielo.
Sin embargo, el nuevo trabajo intenta distinguir esa respuesta heredada de antiguas glaciaciones de la deformación vinculada con los cambios de masa que ocurren actualmente. El análisis concluye que las velocidades observadas en las regiones polares superan las que cabría esperar únicamente por el ajuste isostático glacial, lo que apunta a una contribución adicional del deshielo contemporáneo.
El mecanismo tiene especial relevancia porque Groenlandia y la Antártida contienen enormes cantidades de hielo terrestre. Las investigaciones sobre la historia de la capa de hielo de Groenlandia y su respuesta al calentamiento muestran hasta qué punto los cambios en estas masas heladas pueden repercutir sobre el sistema terrestre durante períodos prolongados.
GNSS permite medir movimientos de escala milimétrica
Uno de los aspectos centrales del estudio es el empleo de observaciones GNSS para estudiar directamente el movimiento vertical de la superficie. Estas redes permiten detectar desplazamientos extremadamente pequeños y complementan la información obtenida mediante mediciones del campo gravitatorio terrestre.
Desde la década de 1970, los científicos han estudiado cambios en la forma y la gravedad del planeta mediante técnicas como el seguimiento láser de satélites. Posteriormente, las misiones GRACE y GRACE-FO permitieron cartografiar con mayor precisión las variaciones temporales del campo gravitatorio y detectar el desplazamiento de masa asociado, entre otros procesos, a la pérdida de hielo en Groenlandia y la Antártida.
Las observaciones GNSS aportan una perspectiva diferente: registran geométricamente cómo se mueve la superficie. Al combinar estos datos con modelos del ajuste isostático glacial, es posible separar parcialmente procesos de larga duración de las respuestas relacionadas con redistribuciones de masa más recientes.
Los autores advierten, no obstante, que la red de estaciones no está distribuida uniformemente. Existen muchas estaciones en Norteamérica, Europa y algunas regiones de Asia, pero la cobertura es considerablemente menor en áreas polares y oceánicas. Esa desigualdad espacial introduce incertidumbres que deben corregirse mediante técnicas de interpolación y modelización.
El deshielo conecta océanos y Tierra sólida
La deformación de la superficie muestra que el aumento del nivel del mar y el comportamiento de la Tierra sólida forman parte de un sistema acoplado. El agua añadida al océano no se distribuye como una capa perfectamente uniforme y, además, su masa ejerce nuevas cargas sobre la corteza.
La pérdida de hielo terrestre constituye actualmente uno de los principales componentes del aumento del nivel del mar. El fenómeno adquiere especial importancia en la Antártida, donde los cambios en el hielo, el océano y el terreno interactúan. El comportamiento de la corteza bajo la Antártida Occidental puede influir a su vez en la evolución de la capa de hielo, generando una retroalimentación entre el planeta sólido y la criosfera.
Otros procesos derivados del descongelamiento también están transformando físicamente las regiones frías. En el Alto Ártico canadiense se ha comprobado, por ejemplo, que el deshielo estacional puede acelerar la erosión de los lechos fluviales, mientras el calentamiento y la pérdida de hielo modifican progresivamente paisajes que durante largos períodos permanecieron congelados.
Una señal global con múltiples causas
Los investigadores subrayan que la modificación de la forma terrestre no puede atribuirse a un único mecanismo. El ajuste isostático posterior a las antiguas glaciaciones, la pérdida contemporánea de hielo, las variaciones hidrológicas a gran escala, los procesos internos del planeta y los cambios en la rotación contribuyen, en distintas proporciones, a los movimientos verticales observados.
Por esa razón, el estudio no interpreta todo el levantamiento polar y el hundimiento ecuatorial exclusivamente como consecuencia del calentamiento actual. Después de retirar de los datos la contribución modelada del ajuste isostático glacial, sin embargo, permanece una señal compatible con una redistribución creciente de masa hacia latitudes más bajas y con la pérdida contemporánea de hielo.
La investigación también encontró que la evolución geométrica de la Tierra sólida no coincide exactamente con los cambios observados en su campo gravitatorio. Esto ocurre porque las mediciones gravitatorias responden tanto a la deformación del planeta como a la atracción ejercida directamente por las masas redistribuidas, mientras que las velocidades GNSS ofrecen una medición geométrica del desplazamiento de la superficie.
El resultado aporta una nueva herramienta para seguir las consecuencias físicas de la transformación de la criosfera. A medida que mejoren la cobertura de las estaciones GNSS y los modelos utilizados para separar los diferentes procesos geofísicos, será posible precisar mejor cuánto del cambio observado en la geometría terrestre corresponde al deshielo moderno y cuánto procede de procesos que comenzaron miles de años atrás.
Fuentes referenciales:
ABC Ciencia
Journal of Geophysical Research: Solid Earth




