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Panorama Planetario · 26 de septiembre de 2026

El sistema Tierra entra en el último trimestre bajo múltiples presiones ambientales

La fotografía planetaria combina océanos excepcionalmente cálidos, concentraciones elevadas de gases de efecto invernadero, estrés hídrico regional, incendios de vegetación y una atmósfera capaz de alimentar episodios meteorológicos intensos. Al mismo tiempo, la vigilancia satelital y los sistemas de alerta temprana ganan protagonismo como herramientas para reducir impactos.
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Temperatura global

El planeta continúa dentro de un período caracterizado por temperaturas globales muy elevadas en comparación con los registros históricos. La señal de calentamiento de fondo permanece claramente activa, aunque las anomalías concretas varían entre continentes, océanos y estaciones. El seguimiento del cierre de 2026 será clave para evaluar la persistencia del calor acumulado.

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Océanos

El almacenamiento de calor en los océanos continúa siendo uno de los indicadores más importantes del desequilibrio energético terrestre. Las temperaturas marinas elevadas pueden alterar ecosistemas, favorecer olas de calor marinas y aportar humedad adicional a determinadas tormentas. Costas y mares regionales requieren vigilancia sostenida.

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CO₂ atmosférico

Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono continúan en niveles históricamente elevados. La acumulación de CO₂ mantiene la presión radiativa sobre el sistema climático durante períodos muy prolongados. Reducir nuevas emisiones y reforzar sumideros naturales siguen siendo dos componentes complementarios de la respuesta climática.

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Hielo polar

El final del verano boreal mantiene la atención científica sobre el hielo marino del Ártico y la evolución de glaciares y mantos de hielo. En ambos polos, las observaciones satelitales permiten comparar extensión, concentración y variabilidad interanual. Los cambios criosféricos repercuten mucho más allá de las regiones polares.

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Incendios

Los incendios continúan dejando señales ambientales importantes en diferentes regiones. En septiembre, el fuego afectó incluso ecosistemas de alta montaña y turberas de Mount Kenya. Los incendios severos pueden degradar suelos, liberar carbono, deteriorar la calidad del aire y modificar la regulación hídrica de las cuencas.

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Sequías

La sequía sigue siendo un riesgo ambiental de desarrollo lento pero de grandes consecuencias. La combinación de déficit de lluvia, temperaturas altas, evaporación y demanda creciente de agua puede afectar simultáneamente agricultura, ecosistemas y abastecimiento. La gestión anticipada de cuencas resulta cada vez más importante.

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Tormentas y extremos

El tránsito estacional hacia octubre mantiene activos distintos regímenes de tormentas tropicales y extratropicales. No existe una única señal mundial, pero mares cálidos y atmósferas húmedas pueden incrementar el potencial de precipitaciones intensas. La vulnerabilidad local continúa determinando cuánto daño produce finalmente cada fenómeno.

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Vigilancia planetaria

Satélites meteorológicos y de observación terrestre siguen integrando información sobre nubes, temperatura superficial, vegetación, incendios, humedad, hielo y océanos. La tendencia apunta hacia sistemas de alerta más rápidos e integrados, capaces de transformar observaciones ambientales en decisiones preventivas.

🌍 Señal planetaria destacada

La señal dominante del 26 de septiembre no procede de un único evento, sino de la superposición de riesgos. Calor oceánico, sequías, incendios, pérdida de biodiversidad y extremos meteorológicos interactúan con ciudades, sistemas alimentarios y recursos hídricos. La prioridad internacional está desplazándose cada vez más desde la observación aislada de amenazas hacia la gestión conjunta de riesgos climáticos y ambientales.

🔭 Perspectiva para los próximos 7–14 días

Entre finales de septiembre y comienzos de octubre será especialmente importante seguir la evolución de ciclones tropicales en las cuencas todavía activas del hemisferio norte, las anomalías térmicas marinas, los focos de incendios y las regiones sometidas a déficit hídrico. También crecerá la atención internacional sobre conservación y biodiversidad ante la proximidad de nuevas reuniones globales. Las alertas meteorológicas nacionales deben seguir siendo la referencia para cualquier riesgo inmediato.

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El Niño eleva el riesgo de una nueva crisis alimentaria mundial

Imagen referencial - Noticias de la Tierra

La FAO advierte que el episodio se fortalece sobre un planeta más caliente y pide anticipar medidas frente a sequías, inundaciones y pérdidas agrícolas antes del próximo ciclo de cosechas


Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz


El fortalecimiento de El Niño durante 2026 está elevando el riesgo de sequías, inundaciones y pérdidas de cosechas en regiones decisivas para la seguridad alimentaria mundial. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) advierte que el fenómeno se desarrolla sobre una base climática más cálida y que todavía existe una ventana de varios meses para proteger cultivos, ganado y medios de vida antes de las próximas temporadas agrícolas.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) prevé que el actual episodio alcance una intensidad muy fuerte hacia finales de 2026. El fenómeno ya había mostrado durante los últimos meses una rápida evolución en el Pacífico tropical, donde los pronósticos elevaron por encima del 90 % la probabilidad de una intensidad muy fuerte durante el otoño y el invierno boreales de 2026-2027.

El desafío no consiste únicamente en la intensidad que pueda alcanzar El Niño. Kaveh Zahedi, subdirector general de la FAO y responsable climático de la organización, ha advertido que el episodio actual se forma sobre una línea de base térmica superior a la de eventos anteriores. Esa combinación puede amplificar determinados impactos asociados con las alteraciones de las precipitaciones y las temperaturas.

El Pacífico altera las lluvias mucho más allá de sus costas

El Niño es la fase cálida del sistema El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), una interacción entre el océano y la atmósfera que comienza en el Pacífico ecuatorial pero modifica la circulación atmosférica a escala planetaria. El calentamiento anómalo de las aguas superficiales reorganiza los vientos y puede desplazar las zonas de lluvia a miles de kilómetros.

El mecanismo no produce los mismos efectos en todos los territorios. Algunas regiones pueden afrontar sequías persistentes mientras otras reciben precipitaciones superiores a lo habitual e inundaciones. Una explicación detallada de cómo se forma El Niño y altera el clima mundial muestra por qué la temperatura del Pacífico tropical es vigilada como uno de los principales indicadores de la variabilidad climática global.

La FAO combina más de cuatro décadas de información sobre episodios anteriores con las condiciones actuales, pronósticos estacionales y datos de inseguridad alimentaria. Ese análisis permite identificar algunas áreas vulnerables con una resolución aproximada de un kilómetro cuadrado y orientar las acciones preventivas hacia los territorios con mayor exposición.

África, Centroamérica y Asia figuran entre las zonas vulnerables

Las evaluaciones apuntan a una alta probabilidad de sequía agrícola en África austral, el Sahel, el Corredor Seco centroamericano y partes del sur y sudeste de Asia. En otros territorios, el peligro predominante será el exceso de precipitaciones y las inundaciones. El calentamiento anormal de las aguas también puede modificar la pesca y afectar a comunidades costeras.

Centroamérica ofrece un ejemplo especialmente sensible. El Corredor Seco ya afronta una fuerte variabilidad entre sequías y lluvias torrenciales, con consecuencias para cultivos, disponibilidad de agua e ingresos de comunidades que dependen directamente de la agricultura.

La evolución de 2026 también ha dejado señales concretas en esa región. El Salvador registró durante el año varios episodios de sequía meteorológica y una canícula que comenzó antes de su periodo climatológico más habitual. El calentamiento del Pacífico puede favorecer déficits de lluvia y temperaturas elevadas en partes de Centroamérica, aunque los impactos varían territorialmente y ningún episodio seco individual puede atribuirse exclusivamente a El Niño.

En América Latina, las amenazas tampoco se limitan a Centroamérica. los riesgos para el agua y la producción de alimentos asociados con El Niño abarcan territorios donde la reducción de cosechas puede disminuir las reservas familiares, recortar ingresos y aumentar la vulnerabilidad de agricultores de subsistencia.

El precedente de 2023-2024 muestra el alcance de las pérdidas

La preocupación de los organismos internacionales se apoya en daños observados durante el fuerte episodio de El Niño de 2023-2024. En Marruecos, el calor extremo y la sequía redujeron los rendimientos de cereales un 43 %, de acuerdo con los antecedentes recopilados por la FAO.

África austral sufrió entonces su peor sequía en más de un siglo. Alrededor de 61 millones de personas necesitaron asistencia y más de ocho millones quedaron en situación de inseguridad alimentaria. Las malas cosechas también contribuyeron a elevar los precios de algunos productos básicos.

El precedente resulta relevante porque los efectos agrícolas no terminan cuando regresa la lluvia. Una mala cosecha puede reducir las reservas disponibles durante meses, disminuir los ingresos de los hogares rurales, afectar la alimentación del ganado y aumentar la dependencia de mercados cuyos precios también pueden verse sometidos a presión.

El calentamiento global cambia el contexto de El Niño

El Niño es un fenómeno natural y recurrente, pero el episodio de 2026 se desarrolla en un sistema climático que acumula más calor. Esto no significa que todos sus impactos puedan atribuirse directamente al cambio climático, pero sí modifica las condiciones de fondo sobre las que actúan las anomalías oceánicas y atmosféricas.

Las observaciones del Pacífico oriental han mostrado la magnitud del calentamiento durante las últimas semanas. Frente a Ecuador, se registraron anomalías térmicas de hasta 4,1 grados Celsius en la región Niño 1+2, mientras las autoridades mantuvieron activo el seguimiento del evento.

La relación entre intensidad oceánica e impacto local, sin embargo, no es automática. Un El Niño muy fuerte no determina por sí solo la magnitud de una sequía o una inundación específica. La vulnerabilidad del territorio, las reservas de agua, el estado de los suelos, la infraestructura, el momento del ciclo agrícola y otros patrones atmosféricos también condicionan los daños.

La FAO plantea actuar antes de febrero o marzo

Una diferencia fundamental frente a desastres súbitos es que El Niño puede seguirse con meses de anticipación. Los cambios de temperatura del océano, los vientos y la circulación atmosférica permiten construir pronósticos estacionales y detectar regiones donde aumentan determinados riesgos.

Zahedi sostiene que las intervenciones destinadas a proteger la siguiente cosecha deberían estar operativas para febrero o marzo. Entre las medidas señaladas se encuentran el uso de semillas resistentes a la sequía, el almacenamiento de agua, la recuperación de la salud de los suelos, la protección del ganado y sistemas de alerta que permitan a los productores modificar fechas de siembra o cambiar cultivos cuando resulte necesario.

El objetivo es actuar antes de que el deterioro de las precipitaciones se transforme en pérdida productiva y, posteriormente, en inseguridad alimentaria. Las intervenciones anticipatorias pueden concentrarse en áreas donde coinciden alta exposición climática, dependencia agrícola y vulnerabilidad socioeconómica.

La financiación climática para los sistemas alimentarios disminuyó

La preparación coincide, no obstante, con restricciones financieras. Un análisis de la FAO estima que la financiación para el desarrollo vinculada al clima destinada a los sistemas agroalimentarios cayó un 10 % durante 2024, hasta aproximadamente 26.900 millones de dólares.

Los cultivos, la ganadería, los bosques y la pesca recibieron cerca del 5 % de la financiación climática para el desarrollo. En África, los recursos destinados a los sistemas agroalimentarios disminuyeron un 20 %, pese al aumento del flujo general de financiación climática dirigido al continente.

La advertencia convierte los próximos meses en un periodo operativo para gobiernos y organizaciones humanitarias. La trayectoria exacta de El Niño y sus impactos regionales seguirá dependiendo de la evolución conjunta del océano y la atmósfera, pero los territorios históricamente vulnerables pueden identificarse antes de que lleguen las fases más críticas de las próximas campañas agrícolas.

Fuentes referenciales:
Infobae
Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO)
FAO – Cereal Supply and Demand Brief