El Pacífico oriental continúa más cálido de lo habitual y mantiene un nivel oceánico elevado mientras el Comité ERFEN sigue activo
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
Las aguas del océano Pacífico frente a Ecuador mantienen señales de un calentamiento excepcional, con anomalías de temperatura que alcanzan hasta 4,1 grados Celsius en la región Niño 1+2. El nivel del mar también permanece por encima de sus valores habituales, mientras el Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (ERFEN) continúa vigilando la evolución del evento.
La cifra de 4,1 grados corresponde a una anomalía térmica, es decir, a la diferencia entre la temperatura observada y el promedio esperado para la época y la zona. No significa que el mar tenga una temperatura absoluta de 4,1 grados, sino que determinados sectores presentan aguas considerablemente más cálidas de lo normal.
El calentamiento persiste en el Pacífico oriental
Las condiciones actuales muestran que el océano conserva una cantidad importante de calor en la franja cercana a las costas de Ecuador y Perú. Aunque la intensidad puede variar de una semana a otra y no todas las estaciones registran el mismo comportamiento, la persistencia de valores positivos mantiene la atención sobre la región Niño 1+2.
Esta área oceánica es especialmente relevante para Ecuador debido a su proximidad al litoral. Las variaciones de temperatura pueden modificar la evaporación, la humedad disponible y la interacción entre el mar y la atmósfera, factores capaces de influir en la distribución de las precipitaciones.
La situación forma parte de un contexto más amplio en el que El Niño amenaza el agua y la seguridad alimentaria en América Latina. Sus efectos, sin embargo, no son uniformes: mientras algunas regiones afrontan sequías, determinados sectores de la costa pacífica pueden quedar expuestos a lluvias intensas e inundaciones.
Una anomalía cálida del océano no permite anticipar por sí sola cuánto lloverá ni en qué lugares. La respuesta atmosférica depende también de los vientos, la presión, la humedad, las corrientes marinas y la evolución de las aguas superficiales y profundas.
El nivel del mar continúa por encima de lo habitual
El monitoreo también identifica una elevación del nivel oceánico frente a Ecuador. Esta condición puede estar relacionada con la expansión del agua al calentarse, la llegada o permanencia de masas de agua cálida y las variaciones de las corrientes y los vientos en el Pacífico.
La elevación observada durante un episodio oceánico regional no debe confundirse automáticamente con la tendencia mundial de aumento del nivel del mar asociada al cambio climático. Ambas pueden coincidir, pero operan en escalas temporales diferentes: las anomalías vinculadas con El Niño pueden variar en semanas o meses, mientras que el ascenso climático se evalúa a lo largo de décadas.
Cuando el nivel del mar permanece elevado, las mareas y el oleaje pueden alcanzar puntos más altos del litoral. El impacto concreto depende de la topografía costera, la fase de la marea, la dirección de las olas y las condiciones meteorológicas. Por ello, las autoridades deben combinar los indicadores oceánicos con pronósticos locales antes de emitir advertencias para playas, puertos o comunidades.
El Comité ERFEN mantiene la vigilancia del fenómeno
El Comité ERFEN integra información producida por instituciones ecuatorianas encargadas del seguimiento del océano, la atmósfera, la meteorología, los recursos marinos y los posibles efectos territoriales. Su labor consiste en analizar conjuntamente las señales disponibles y actualizar la evaluación del fenómeno.
Mantener activo el seguimiento indica que las condiciones requieren observación continua. No equivale, por sí mismo, a afirmar que todos los sectores del país afrontarán el mismo nivel de riesgo ni que cada anomalía tendrá consecuencias adversas inmediatas.
Los especialistas examinan la temperatura superficial del mar, el contenido de calor bajo la superficie, el nivel oceánico, los vientos, las lluvias y otros parámetros. La combinación de estos indicadores permite determinar si el calentamiento se fortalece, permanece estable o comienza a debilitarse.
También es importante distinguir el comportamiento del Pacífico costero del estado general del fenómeno El Niño-Oscilación del Sur en el Pacífico tropical. Ambos están relacionados, pero una señal intensa cerca de Ecuador puede evolucionar de manera distinta a los indicadores utilizados para caracterizar el Pacífico central. Un análisis sobre las señales costeras de un El Niño muy fuerte muestra por qué los efectos deben evaluarse regionalmente y no mediante una interpretación única para toda la cuenca.
Posibles efectos sobre costas y ecosistemas marinos
La presencia prolongada de aguas más cálidas puede alterar la distribución de nutrientes y modificar las zonas donde se concentran peces y otras especies. Los organismos adaptados a temperaturas más frías pueden desplazarse o reducir su presencia, mientras especies propias de aguas cálidas pueden extender temporalmente su rango.
Las alteraciones no son uniformes. La respuesta de los ecosistemas depende de la duración del calentamiento, su profundidad y la disponibilidad de nutrientes. En áreas influenciadas por surgencias, una reducción del ascenso de aguas frías puede disminuir el suministro de nutrientes hacia la superficie y repercutir en las redes alimentarias marinas.
El calor oceánico puede combinarse con otras presiones ambientales. Investigaciones recientes han encontrado que el calentamiento y la acidificación coinciden en los océanos con mayor frecuencia de la prevista, una superposición que puede reducir la capacidad de adaptación de especies y hábitats sensibles.
Para la pesca artesanal y otras actividades costeras, los cambios pueden modificar la localización de las capturas y aumentar la incertidumbre operativa. El seguimiento de las condiciones marinas permite ajustar decisiones, aunque no ofrece una predicción exacta sobre la presencia de cada especie.
Un Pacífico cálido puede reforzar fenómenos extremos
Las aguas cálidas proporcionan humedad y energía a la atmósfera, pero no generan automáticamente una tormenta o un ciclón. Para que se produzca un evento extremo deben coincidir otras condiciones, como una circulación atmosférica favorable, suficiente humedad y una configuración adecuada de los vientos.
La vigilancia adquiere mayor importancia cuando varios sistemas aparecen simultáneamente. La reciente presencia de tres ciclones avanzando en el Pacífico bajo un potente El Niño evidenció cómo el estado térmico del océano forma parte del entorno que los especialistas deben considerar al evaluar la evolución de estos fenómenos.
Esto no significa que el calentamiento frente a Ecuador determine la trayectoria o intensidad de cada ciclón. Los pronósticos deben elaborarse individualmente y actualizarse con observaciones atmosféricas y oceánicas, modelos numéricos y datos satelitales.
La evolución dependerá de las próximas semanas
El dato más relevante no será únicamente el máximo de 4,1 grados, sino su duración, extensión y relación con otras variables. Una anomalía intensa y localizada puede tener implicaciones diferentes a un calentamiento moderado que abarque una superficie extensa y persista durante varios meses.
Las actualizaciones del Comité ERFEN permitirán comprobar si el océano continúa almacenando calor o si comienza una transición hacia condiciones menos cálidas. También ayudarán a evaluar la posible incidencia sobre las lluvias, el borde costero, los ecosistemas y las actividades productivas vinculadas al mar.
Ante un sistema que cambia con rapidez, los reportes oficiales y los avisos territoriales constituyen la referencia para la población. Las cifras aisladas deben interpretarse dentro del conjunto de observaciones, porque la temperatura superficial y el nivel del océano representan solo una parte del funcionamiento del Pacífico ecuatorial.
Fuente referencial:
Infobae




