Entender cómo funcionan los ríos temporales puede ser decisivo para proteger la biodiversidad y gestionar de forma más sostenible los ríos del mañana.

Barcelona, 10 de septiembre de 2026. A primera vista, un río sin agua parece un ecosistema sin vida: el cauce está seco y apenas quedan algunas pozas aisladas. Sin embargo, bajo las piedras, entre los sedimentos o en estas pozas que conservan agua hay una intensa actividad biológica. Comprender esta biodiversidad oculta en los tramos secos y las pozas desconectadas es el objetivo de DRY-Guadalmed, un proyecto que busca transformar la forma en que se evalúa el estado ecológico de los ríos temporales mediterráneos durante la fase seca.
El proyecto lo financia la Agencia Estatal de Investigación (AEI) mediante la convocatoria de Proyectos de Generación de Conocimiento 2021, y lo cofinancia la Unión Europea. Está liderado por las investigadoras Núria Bonada, de la Facultad de Biología y el Instituto de Investigación de Biodiversidad (IRBio) de la Universidad de Barcelona; Núria Cid, del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias (IRTA-La Ràpita), y María del Mar Sánchez-Montoya, de la Universidad Complutense de Madrid.
DRY-Guadalmed desarrollará nuevas herramientas para evaluar el estado ecológico de los ríos temporales mediterráneos y mejorar su gestión del agua, en un contexto de cambio climático y sequías cada vez más frecuentes. El objetivo final es transferir todo este conocimiento a las administraciones públicas para que puedan incorporar nuevas metodologías de evaluación en la gestión de los recursos hídricos.
Un río seco es todavía un ecosistema vivo
«Un río seco no es un río muerto». Con esta frase contundente, la profesora Núria Bonada resume la idea central de un proyecto que cuestiona una visión muy extendida tanto entre la ciudadanía como, históricamente, entre los sistemas de evaluación ambiental.
Durante décadas, la evaluación ambiental de los ríos se ha hecho casi exclusivamente cuando contienen agua, pero esta aproximación resulta insuficiente en los ríos temporales mediterráneos, que alternan periodos de agua con fases secas que forman parte del ciclo del ecosistema. «Se trata de un ecosistema que sigue funcionando. Deja de ser un ecosistema acuático para convertirse en un ecosistema terrestre también muy dinámico», explica Bonada.
Esta alternancia entre fases húmedas y secas convierte los ríos temporales en sistemas extraordinariamente dinámicos. Además de albergar una biodiversidad especializada, funcionan como corredores ecológicos y proporcionan refugio a numerosas especies de fauna. El resultado es un ecosistema que sigue desempeñando un papel fundamental para la biodiversidad. Lejos de detenerse, el ecosistema cambia de funcionamiento.
Nuevas herramientas para medir la salud de los ríos del futuro
DRY-Guadalmed estudia varios bioindicadores tanto en las pozas aisladas como en los cauces secos. El equipo analiza comunidades de macroinvertebrados, diatomeas, vegetación e invertebrados terrestres para obtener una visión mucho más completa del estado ecológico de estos ecosistemas.

Otra de las aportaciones innovadoras del proyecto consiste en aplicar el concepto de metacomunidad, una perspectiva que permite comprender mejor la dinámica natural de estos sistemas y mejorar las herramientas de seguimiento ambiental.
Un laboratorio natural frente al cambio climático
Los ríos temporales son especialmente abundantes en las regiones mediterráneas, y se convierten en un laboratorio natural para comprender cómo podrían evolucionar otros ecosistemas fluviales europeos. «Los ríos temporales de la zona mediterránea son un espejo para ver cómo serán los ríos del futuro», afirma la investigadora. «Tenemos una oportunidad única para conocer estos ecosistemas y aprender a gestionarlos antes de que esta situación sea habitual en otras muchas regiones de Europa».
Resultados que ya apuntan a nuevas soluciones
Uno de los hallazgos que más ha sorprendido al equipo ha sido la enorme diversidad existente entre las pozas distribuidas por toda España. Algunas funcionan prácticamente como pequeñas lagunas y alojan especies que no aparecen en otras zonas, lo que demuestra la extraordinaria complejidad de estos ecosistemas.
En el caso de las diatomeas, el equipo ha comprobado que los métodos actuales se pueden adaptar para evaluar con mayor precisión las pozas aisladas. Paralelamente, se están perfeccionando nuevos protocolos para simplificar la labor de las administraciones responsables del seguimiento ambiental. En los cauces secos, los sedimentos presentan cualidades muy distintas, y determinadas especies terrestres podrían convertirse en excelentes bioindicadores del estado ecológico del río.
Comunicado de Prensa




