La temperatura media de sus aguas superficiales llegó el 13 de agosto de 2026 al nivel más alto de la serie disponible desde, al menos, 1940
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
El conjunto del mar Mediterráneo registró el 13 de agosto de 2026 una temperatura media superficial de 28,54 grados Celsius, el valor más elevado observado desde, al menos, 1940. La Agencia Estatal de Meteorología de España (Aemet) informó que el récord no fue un episodio aislado: durante prácticamente todo agosto se superaron las marcas diarias anteriores.
El dato refleja la intensidad y persistencia del calentamiento acumulado por las aguas mediterráneas durante el verano. También prolonga una sucesión de registros excepcionales que ya había comenzado a manifestarse a finales de junio, cuando la superficie marina alcanzó temperaturas propias de una etapa mucho más avanzada de la temporada estival.
El calor llegó al Mediterráneo antes de lo habitual
A finales de junio, la temperatura superficial del Mediterráneo se situó 2,6 grados por encima de los valores habituales. El mar ya había superado entonces el promedio correspondiente a la segunda quincena de agosto, periodo en el que normalmente alcanza su máximo térmico anual.
Aemet calificó aquella situación como excepcional para el comienzo del verano. La anomalía confirmó que el calentamiento no se limitaba a jornadas concretas ni a puntos costeros aislados, sino que afectaba al promedio de una cuenca marina extensa y diversa.
El récord de 28,54 grados se refiere a la temperatura media de la superficie del Mediterráneo en su conjunto. Por ello, no debe confundirse con las mediciones puntuales de playas, puertos o boyas, donde las condiciones locales pueden producir valores superiores o inferiores por la profundidad, las corrientes, el viento y los procesos de afloramiento de aguas más frías.
Agosto encadenó nuevos máximos diarios
La persistencia fue uno de los elementos más destacados del episodio de 2026. Según la información difundida por Aemet, el Mediterráneo estableció récords de temperatura en casi todos los días de agosto, hasta alcanzar su máximo el día 13.
Esta continuidad resulta relevante porque el impacto ambiental del calor marino depende no solo de la temperatura máxima, sino también de su duración, extensión y profundidad. Cuando las anomalías permanecen durante periodos prolongados, los organismos marinos disponen de menos tiempo para recuperarse y aumenta la presión sobre hábitats sensibles.
Las temperaturas elevadas pueden alterar los ciclos biológicos de numerosas especies, favorecer desplazamientos geográficos y modificar las relaciones entre depredadores y presas. También pueden aumentar el riesgo de mortalidad en organismos con escasa movilidad, aunque las consecuencias concretas varían entre regiones, profundidades y comunidades ecológicas.
El calentamiento atmosférico acompañó al récord marino
El episodio coincidió con un verano extremadamente cálido en España. Los datos provisionales divulgados durante los primeros días de septiembre situaban la temperatura media del verano peninsular 2,5 grados por encima del promedio del periodo de referencia 1991-2020.
El verano de 2025 había registrado una anomalía de 2,2 grados, mientras que el de 2022 se situó 2,1 grados por encima de la referencia. Aemet señaló además que el periodo comprendido entre enero y agosto de 2026 fue el más cálido de la serie histórica española, iniciada en 1961.
Rubén del Campo, portavoz del organismo, enmarcó estos resultados en una tendencia vinculada al cambio climático, caracterizada por veranos que comienzan antes y presentan episodios de calor más intensos y prolongados. Durante el verano de 2026 se contabilizaron cuatro olas de calor en España, con los eventos más extremos concentrados en julio.
Un mar cálido influye sobre las zonas costeras
El Mediterráneo funciona como un importante depósito de energía. Cuando su superficie mantiene temperaturas excepcionalmente altas, aumenta la cantidad de calor y humedad disponible en la atmósfera próxima, aunque la aparición de lluvias intensas o tormentas depende también de la circulación atmosférica y de otros factores meteorológicos.
Las aguas cálidas pueden asimismo reducir el alivio térmico nocturno en localidades litorales. Este efecto adquiere especial importancia durante las olas de calor, cuando las temperaturas mínimas elevadas dificultan la recuperación de la población y mantienen una presión continua sobre los ecosistemas costeros.
La sucesión de récords observada en los últimos años ofrece una señal más consistente que cualquier máximo aislado. El valor alcanzado en agosto de 2026 confirma que el Mediterráneo continúa acumulando calor en un contexto de calentamiento global, con implicaciones para la biodiversidad, la dinámica atmosférica y las comunidades asentadas alrededor de la cuenca.
Fuente referencial:
Infobae




