Un estudio internacional creó una medida global del ciclo de la vegetación y detectó cambios en su trayectoria estacional durante las últimas cuatro décadas
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
La distribución estacional de la vegetación terrestre está cambiando y su centro global de verdor se desplaza de forma acelerada hacia el norte y el este. El hallazgo procede de una investigación dirigida por la Universidad de Leipzig y el Centro Alemán para la Investigación Integrativa de la Biodiversidad (iDiv), con participación de la Universitat de València y otras instituciones científicas.
El trabajo, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), propone una medida unificada para seguir el movimiento de la denominada onda verde: el pulso de crecimiento vegetal que recorre la superficie terrestre conforme se alternan las estaciones entre ambos hemisferios.
Los autores calcularon el centroide o centro de masa del verdor planetario mediante información satelital y datos de modelos del sistema terrestre. Esta referencia no representa un lugar donde se concentren físicamente todas las plantas, sino una posición matemática que resume cómo se distribuye la actividad vegetal mundial en cada momento del año.
Una coordenada para medir el pulso de la biosfera
La vegetación responde principalmente a la radiación solar, pero su ciclo también está condicionado por la variabilidad climática, el funcionamiento de los ecosistemas y las transformaciones del territorio. Durante el verano boreal, la onda verde se intensifica en el hemisferio norte; meses después, el protagonismo estacional pasa al hemisferio sur.
Para condensar esa compleja dinámica en un indicador comparable, el equipo asignó mayor peso a las superficies con más verdor y siguió la trayectoria anual de su punto de equilibrio. El análisis incluyó, entre otras variables, el índice de área foliar correspondiente al periodo 1982-2020 y el índice de vegetación kNDVI obtenido con observaciones del sensor MODIS.
La metodología permitió examinar tanto las oscilaciones normales del ciclo anual como sus tendencias de largo plazo. De ese modo, los investigadores identificaron una deriva hacia el norte durante los veranos de ambos hemisferios y un movimiento oriental cuya aceleración no había sido descrita anteriormente a escala planetaria.
El desplazamiento austral superó lo esperado
La hipótesis inicial planteaba que el reverdecimiento global produciría un avance rápido hacia el norte durante el verano boreal y un desplazamiento moderado hacia el sur durante el verano austral. Los resultados mostraron un comportamiento diferente: el centroide avanzó hacia el norte en los dos periodos estivales, y el cambio registrado durante el verano austral fue consistentemente mayor en los conjuntos de datos analizados.
Esta diferencia está reduciendo la amplitud espacial de la trayectoria anual de la onda verde. Según las proyecciones elaboradas con seis modelos climáticos CMIP6 y distintos escenarios de emisiones, la contracción podría intensificarse a lo largo del siglo XXI.
Los resultados también revelaron que el movimiento no responde por igual en todas las regiones. Durante el verano boreal, el avance septentrional estuvo impulsado principalmente por cambios en el hemisferio norte, especialmente en Siberia oriental y occidental.
En el verano austral, el desplazamiento hacia el norte estuvo asociado a una combinación de mayor peso del verdor en Asia oriental y la región mediterránea, junto con cambios en el sureste de Sudamérica y el área del monzón sudamericano. La deriva oriental surgió, a su vez, del contraste entre las dinámicas de Asia y Siberia y las observadas en América del Norte y del Sur.
Reverdecimiento no equivale siempre a recuperación ecológica
La investigación sitúa estos movimientos dentro del fenómeno de reverdecimiento global, pero sus autores advierten que un aumento del verdor observado desde el espacio no debe interpretarse automáticamente como una mejora de los ecosistemas. Una superficie puede volverse más verde por temporadas de crecimiento más prolongadas, cambios en el uso del suelo, expansión agrícola, recuperación forestal o modificaciones en la disponibilidad de agua y nutrientes.
El incremento del dióxido de carbono atmosférico puede estimular la fotosíntesis bajo determinadas condiciones, mientras que el calentamiento puede prolongar la actividad vegetal en latitudes altas. Sin embargo, el estrés hídrico, los incendios, las olas de calor y la degradación del territorio pueden producir respuestas opuestas. El centroide resume el balance global de estos procesos, pero no sustituye el análisis detallado de cada ecosistema.
Por esta razón, los investigadores presentan la nueva métrica como una herramienta para detectar reorganizaciones amplias de la biosfera y localizar las regiones que contribuyen con mayor intensidad a ellas. El método permite comparar observaciones satelitales con simulaciones climáticas y comprobar si los modelos reproducen correctamente los cambios registrados en la superficie terrestre.
Una herramienta ampliable a otros cambios planetarios
El marco matemático desarrollado para la vegetación también podría adaptarse al estudio de otras variables ambientales. Los científicos plantean que conceptos semejantes permitirían seguir desplazamientos globales de las condiciones oceánicas o de las anomalías térmicas, creando indicadores sintéticos del funcionamiento del sistema terrestre.
El estudio aporta así una perspectiva complementaria a los mapas regionales: en lugar de observar exclusivamente dónde aumenta o disminuye el verdor, muestra cómo la suma de esas variaciones modifica la posición y la amplitud del ciclo vegetal mundial. La aceleración hacia el noreste constituye una señal medible de que las dinámicas de la superficie terrestre se están reorganizando, aunque las causas y consecuencias deben evaluarse por regiones y sin confundir verdor satelital con biodiversidad o salud ecológica.
Fuentes referenciales:
OKGreen
Proceedings of the National Academy of Sciences
PubMed




