El PMA advierte que la sequía, las pérdidas agrícolas y el descenso de las reservas hídricas podrían llevar a 16 millones de personas a una situación de inseguridad alimentaria
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
La sequía asociada al fenómeno de El Niño ya perjudica los cultivos, reduce las fuentes de agua y compromete los medios de vida de comunidades rurales en América Latina. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de las Naciones Unidas advirtió que alrededor de 16 millones de personas podrían sufrir inseguridad alimentaria como consecuencia de sus efectos.
La alerta fue formulada por Lena Savelli, directora regional del PMA para América Latina y el Caribe, durante una visita a Honduras destinada a evaluar el impacto de la falta de lluvias. La funcionaria señaló que el episodio podría convertirse en una de las sequías más intensas registradas en la región durante las últimas décadas.
El deterioro no se limita a la disminución temporal de la producción agrícola. La pérdida de cosechas también reduce los alimentos almacenados, elimina ingresos familiares y debilita la capacidad de los hogares para afrontar los meses siguientes. Esta combinación afecta especialmente a quienes dependen de la agricultura de subsistencia.
Centroamérica concentra algunos de los daños más graves
Honduras se encuentra entre los países más expuestos. Desde agosto, cerca del 80 % de su territorio permanece bajo alerta por la sequía, mientras numerosas zonas agrícolas afrontan déficit de precipitaciones y una disponibilidad limitada de agua.
El Salvador y Panamá también declararon emergencias para responder a los efectos del fenómeno. En Ecuador, las autoridades activaron una alerta roja ante su intensificación, mientras el descenso de las reservas hídricas en Panamá llegó a ocasionar restricciones operativas en el canal interoceánico.
El Corredor Seco Centroamericano, que comprende áreas de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua, figura entre los territorios más vulnerables. Allí, muchas familias rurales dependen del maíz y los frijoles tanto para alimentarse como para obtener ingresos.
Una evaluación realizada por Oxfam y Acción contra el Hambre en 58 municipios encontró que aproximadamente 91.000 hogares rurales habían sido afectados. Más de 70.000 familias productoras de maíz comunicaron pérdidas graves, mientras la sequía fue identificada como la causa principal de los daños en el 89 % de las comunidades consultadas.
Los resultados mostraron que el 78,6 % de los hogares dedicados al maíz perdió entre el 75 % y el 100 % de su producción. Cerca de dos tercios de las familias que cultivaban frijoles informaron pérdidas dentro del mismo intervalo. Además, más de 23.000 hogares registraron una reducción del acceso a su principal fuente de agua.
La escasez de agua prolonga el impacto de la sequía
La disminución de las lluvias afecta simultáneamente la humedad del suelo, los caudales, los embalses y las reservas subterráneas. Estos componentes no siempre se recuperan al mismo ritmo, por lo que el retorno de las precipitaciones no garantiza una reposición inmediata del agua disponible.
Investigaciones anteriores han señalado que El Niño puede intensificar la sequía de las aguas subterráneas en la Amazonia. Cuando estos reservorios pierden humedad durante episodios prolongados, la vegetación queda más expuesta al estrés hídrico y aumenta el riesgo de incendios.
La presión sobre las fuentes subterráneas también se agrava por su explotación intensiva. Un análisis sobre la reducción del caudal de los ríos en Brasil mostró que la extracción excesiva puede disminuir el aporte de los acuíferos a los cursos superficiales.
Este escenario se inserta en una crisis hídrica más amplia. Un informe de Naciones Unidas examinó cómo el consumo persistente por encima de la capacidad natural de reposición está llevando al mundo hacia una bancarrota hídrica. La agricultura resulta especialmente sensible porque depende de un abastecimiento regular durante etapas decisivas del desarrollo de los cultivos.
Un mismo fenómeno produce sequías e inundaciones
El Niño constituye la fase cálida del sistema El Niño-Oscilación del Sur. Se forma cuando las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental mantienen temperaturas superiores a las habituales durante varios meses, alterando la circulación atmosférica y la distribución de las precipitaciones.
Sus efectos no son iguales en toda América Latina. Mientras Centroamérica y sectores del norte de Sudamérica pueden recibir menos lluvias, algunas zonas de la costa pacífica sudamericana quedan expuestas a precipitaciones intensas e inundaciones. Por ello, la evolución regional no debe interpretarse como una sequía uniforme sobre todo el continente.
La Organización Meteorológica Mundial indicó que el episodio actual podría fortalecerse durante los próximos meses y persistir al menos hasta febrero de 2027. Esa duración ampliaría el periodo de exposición de la agricultura, los sistemas de abastecimiento y los ecosistemas a condiciones climáticas anómalas.
La experiencia de la extensa sequía que afectó a más de la mitad de Brasil también evidencia que la variabilidad climática puede coincidir con factores ambientales locales, como la deforestación, y agravar la pérdida de humedad y la alteración de los ciclos de lluvia.
La asistencia humanitaria enfrenta recursos limitados
El PMA entrega desde abril raciones de alimentos y ayuda financiera a productores de la región. Sin embargo, Savelli reconoció que los recursos disponibles son insuficientes frente a la magnitud de las necesidades previstas.
La prioridad inmediata consiste en evitar que la pérdida de una temporada agrícola desencadene una crisis prolongada de ingresos, nutrición y abastecimiento. El seguimiento de las lluvias, los cultivos y las reservas de agua será determinante para dirigir la ayuda hacia las comunidades con menor capacidad de respuesta.
La cifra de 16 millones representa una estimación de población en riesgo y no un resultado definitivo. Su materialización dependerá de la duración e intensidad de El Niño, la evolución de las cosechas, los precios de los alimentos y la capacidad de los gobiernos y organismos internacionales para intervenir antes de que los hogares agoten sus reservas.
Fuentes referenciales:
Infobae
Reuters




