La NOAA vigila cambios en el nivel del mar, la temperatura y la fauna del Pacífico, mientras distingue los efectos del fenómeno climático de una ola de calor marina previa
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
La costa oeste de Estados Unidos todavía no muestra plenamente los efectos del actual episodio de El Niño, pese a las temperaturas inusualmente elevadas observadas frente al centro y sur de California. Científicos de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) explicaron que buena parte de ese calentamiento corresponde a una ola de calor marina iniciada antes del fenómeno climático.
Mientras amplias zonas de la costa del Pacífico mantienen condiciones relativamente normales, los investigadores siguen una serie de indicadores físicos y biológicos que permitirán reconocer la llegada de la influencia de El Niño. Entre ellos figuran variaciones del nivel costero, cambios en la termoclina, debilitamiento del afloramiento de aguas frías y desplazamientos en la distribución de especies.
El Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos declaró en junio de 2026 que El Niño ya se había desarrollado. Esa identificación se basó en el calentamiento del Pacífico tropical cercano al ecuador, donde las temperaturas en la región oriental llegaron a situarse más de 2 grados Celsius por encima de lo normal. La propagación de sus efectos hasta Norteamérica suele demorarse varios meses.
El calor de California comenzó antes que El Niño
La distinción entre ambos procesos es importante para interpretar las condiciones actuales. La ola de calor marina NEP25A afecta sectores costeros del centro y sur de California desde mayo de 2025, mientras otro episodio cálido, denominado NEP26A, se desarrolló mar adentro. La NOAA indica que ninguno fue provocado directamente por el actual El Niño.
Las proyecciones experimentales muestran una probabilidad de entre 80% y 100% de que las olas de calor marinas continúen frente a California hasta finales de 2026. Para las aguas de Oregón y Washington, la probabilidad se sitúa entre 30% y 70%.
El riesgo principal para los ecosistemas no depende únicamente de que las temperaturas alcancen valores más extremos. La preocupación se concentra en la duración del calentamiento, porque las aguas asociadas a El Niño podrían llegar a la costa cuando todavía persistan los efectos de la ola de calor previa, prolongando el estrés ambiental y comprimiendo los hábitats marinos.
El episodio forma parte de un escenario más amplio marcado por la previsión de un El Niño muy fuerte hasta febrero de 2027. Sin embargo, las condiciones del Pacífico ecuatorial no se trasladan de manera inmediata ni uniforme a cada región costera.
Las ondas de Kelvin elevan ligeramente el nivel costero
Durante El Niño, los vientos que normalmente soplan hacia el oeste a lo largo del ecuador se debilitan y pueden presentar ráfagas en sentido contrario. Esos cambios generan ondas de Kelvin que avanzan hacia el este a través del Pacífico tropical y, al alcanzar América Central y Sudamérica, se desplazan hacia el norte pegadas a la costa.
Este mecanismo, conocido como teleconexión oceánica, conecta las anomalías ecuatoriales con el litoral norteamericano. Aunque las ondas viajan bajo la superficie, pueden producir elevaciones del nivel del mar de alrededor de 15 centímetros, detectables mediante mareógrafos y satélites.
Las ondas originadas durante la primavera y el verano boreales llegaron a California entre mayo y junio. Nate Mantua, investigador del Centro de Ciencias Pesqueras del Suroeste de la NOAA en Santa Cruz, señaló que sus efectos probablemente serán menores que los esperados durante el otoño y el invierno.
El proceso responde a la dinámica descrita en la explicación sobre cómo se forma El Niño: el calentamiento del Pacífico tropical modifica los vientos, la circulación oceánica y la distribución de las lluvias, generando respuestas que pueden extenderse a miles de kilómetros.
El afloramiento de aguas frías será otro indicador
Las ondas de Kelvin profundizan la termoclina, la frontera submarina a partir de la cual la temperatura desciende rápidamente. Al mismo tiempo, la respuesta de la atmósfera a El Niño puede alterar la presión sobre el Pacífico norte y debilitar los vientos responsables del afloramiento costero.
Este afloramiento transporta hacia la superficie agua fría y rica en nutrientes, por lo que resulta fundamental para la productividad de la corriente de California. Las mediciones actuales indican que el volumen de agua que asciende se mantiene cerca de los valores habituales para la época, aunque el transporte de nitratos es inferior a lo normal en algunos sectores.
Michael Jacox, oceanógrafo del Centro de Ciencias Pesqueras del Suroeste y del Laboratorio de Ciencias Físicas de la NOAA, explicó que la conexión oceánica tiene mayor influencia frente al sur de California. En el noroeste del Pacífico pesa más la teleconexión atmosférica.
La combinación de ambos mecanismos puede generar temperaturas elevadas dentro de una franja próxima a la costa que se extienda desde Baja California, en México, hasta Alaska. La evolución se relaciona también con los cambios en la intensidad de El Niño bajo un océano global más cálido, aunque cada proceso debe analizarse de forma diferenciada.
Los peces tropicales ya no bastan para confirmar la señal
La llegada de peces que prefieren aguas cálidas ha sido uno de los indicadores más visibles de episodios anteriores. Especies como el dorado, el marlín rayado y el atún aleta amarilla suelen extenderse hacia el norte durante El Niño, pero las olas de calor marinas ya habían provocado desplazamientos similares antes del episodio actual.
Un marlín rayado capturado en agosto frente al estado de Washington estableció un récord local. El calamar de mercado, que sustenta una de las principales pesquerías de la costa oeste, también suele desplazarse hacia Oregón y Washington cuando aumenta la temperatura del agua, seguido por las embarcaciones pesqueras.
La experiencia acumulada entre 2014 y 2018 muestra por qué una especie aislada no permite identificar el origen del calentamiento. Durante ese periodo, una gran ola de calor marina conocida como The Blob fue seguida por El Niño. Investigadores registraron 36 especies inusuales frente a California y 14 de ellas fueron observadas por primera vez en el sistema de la corriente de California.
Los científicos también vigilan la presencia de cangrejos rojos pelágicos. Estos animales son comunes frente a Baja California, pero en periodos cálidos pueden alcanzar las playas del sur de California, la bahía de Monterey y el noroeste del Pacífico. Los registros recientes todavía no presentan la abundancia observada durante otros episodios.
Aves, plancton y salmones revelan cambios en la cadena alimentaria
Las aves marinas constituyen otro indicador porque su reproducción depende de la disponibilidad de peces y otros organismos. Las primeras observaciones muestran condiciones desfavorables para pelícanos y cormoranes de Brandt, aunque será necesario mantener el seguimiento para separar el efecto de la ola de calor marina de la futura influencia de El Niño.
Durante el episodio de 2015-2016 disminuyeron la cantidad de aves que intentaron reproducirse y su éxito reproductivo en las islas Farallón, frente a la bahía de San Francisco. En la costa de Oregón, los araos comunes sufrieron un fracaso reproductivo completo durante esos dos años.
Frente a Newport, Oregón, los investigadores mantienen desde hace 30 años una línea de observación que registra las especies de copépodos, pequeños crustáceos situados en la base de la red alimentaria. Un aumento de su diversidad suele indicar la llegada de agua procedente de regiones más cálidas y distantes.
Los copépodos propios de aguas cálidas contienen menos lípidos que los provenientes del norte subártico. Esa menor calidad nutritiva puede perjudicar a los salmones jóvenes durante su entrada al océano y afectar posteriormente el retorno de ejemplares adultos.
La NOAA continuará combinando satélites, mareógrafos, campañas oceanográficas, índices de afloramiento y observaciones de pescadores. Este enfoque permitirá evaluar si el calentamiento costero comienza a responder a El Niño y anticipar sus posibles consecuencias para la biodiversidad y las pesquerías del Pacífico, incluidas las zonas donde un episodio potente ya modifica la vigilancia oceánica.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Evaluación Integrada del Ecosistema de la Corriente de California de la NOAA
Monitor de olas de calor marinas de la NOAA




