El organismo de Naciones Unidas elevó a casi el 100% la probabilidad de persistencia del fenómeno y pidió reforzar la preparación ante sequías, inundaciones y calor extremo
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó este 3 de septiembre desde Ginebra, Suiza, que El Niño está firmemente establecido en el Pacífico tropical y continuará intensificándose hasta alcanzar una categoría muy fuerte. Sus pronósticos sitúan en casi el 100% la probabilidad de que el fenómeno persista hasta febrero de 2027.
La actualización representa el pronóstico más categórico emitido por la OMM en sus cinco décadas de actividad sobre la continuidad de un episodio de El Niño. El fenómeno podría alcanzar su máxima intensidad hacia finales de 2026, mientras sus repercusiones sobre las temperaturas y las precipitaciones se prolongarían durante 2027.
El secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, advirtió que El Niño está adquiriendo dimensiones extraordinarias mientras las temperaturas de la superficie marina continúan elevándose. Por su parte, la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo, reclamó una preparación excepcional y una mayor coordinación con los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales.
El calor del Pacífico impulsa una nueva intensificación
El fortalecimiento se sustenta en señales oceánicas y atmosféricas coincidentes. La región central y oriental del Pacífico ecuatorial presenta temperaturas superficiales muy superiores al promedio, mientras una acumulación todavía mayor de calor permanece bajo la superficie.
El índice Niño 3.4, una de las principales referencias para vigilar el fenómeno, registró una anomalía media de 1,5 °C entre mayo y julio de 2026 y de 2 °C durante julio. Entre finales de ese mes y mediados de agosto, los valores semanales aumentaron hasta situarse aproximadamente entre 2,2 °C y 2,6 °C por encima de lo normal.
La OMM también identificó zonas donde las temperaturas bajo la superficie oceánica superaron el promedio en más de 8 °C durante julio y comienzos de agosto. Esa reserva térmica favorece la continuidad del episodio y respalda las previsiones sobre una intensificación adicional durante los próximos meses.
Los nuevos datos consolidan las señales recogidas en el análisis sobre la posible intensidad histórica de El Niño en 2026, aunque la magnitud definitiva deberá confirmarse con observaciones continuas del océano y la atmósfera.
Un episodio muy fuerte no produce los mismos efectos en cada región
El Niño corresponde a la fase cálida del sistema El Niño-Oscilación del Sur y se caracteriza por un calentamiento persistente del Pacífico ecuatorial central y oriental. Esa alteración modifica la circulación atmosférica y puede desplazar los patrones de lluvia y temperatura a miles de kilómetros de su zona de origen.
La OMM aclaró que la intensidad del fenómeno no determina por sí sola la gravedad de sus efectos en un país. Las consecuencias dependen de la ubicación, la estación y la interacción con otros factores climáticos, entre ellos las condiciones de los océanos Índico y Atlántico.
Para el periodo comprendido entre septiembre y noviembre de 2026, los modelos indican una mayor probabilidad de temperaturas superiores a lo normal en casi todas las áreas terrestres. Las previsiones de lluvia muestran además una respuesta atmosférica característica de un episodio intenso, pero no permiten anticipar acontecimientos concretos en cada territorio.
El desarrollo de una fase positiva del dipolo del océano Índico y la persistencia de temperaturas elevadas en el Atlántico tropical podrían reforzar, debilitar o modificar los patrones habitualmente asociados con El Niño. Por eso, los pronósticos globales deben complementarse con boletines meteorológicos nacionales y evaluaciones regionales.
Aumenta la vigilancia sobre sequías, inundaciones y calor extremo
Un El Niño muy fuerte eleva la probabilidad de alteraciones importantes en las lluvias, las temperaturas y la circulación atmosférica. Dependiendo de la región, esos cambios pueden favorecer sequías, inundaciones, olas de calor, incendios forestales y presiones adicionales sobre la agricultura, el agua, la energía y la salud pública.
Los antecedentes no deben interpretarse como una repetición automática. Los episodios históricos muestran patrones generales, pero cada evento evoluciona en condiciones oceánicas y atmosféricas particulares. Este carácter probabilístico también fue destacado en el informe sobre los posibles efectos climáticos de El Niño durante 2027.
En el Atlántico, la mayor cizalladura del viento asociada con El Niño suele dificultar la organización de ciclones tropicales. Sin embargo, esa influencia no elimina el riesgo de huracanes ni determina por sí sola la evolución de la temporada, una relación examinada en el seguimiento de El Niño y la actividad ciclónica en Florida.
La OMM y los servicios meteorológicos nacionales reforzarán los sistemas de pronóstico y alerta temprana. La información estacional puede ayudar a revisar reservas de agua, planes contra inundaciones e incendios, medidas agrícolas, protocolos sanitarios y mecanismos de protección para comunidades expuestas.
El Niño actúa sobre océanos ya sometidos al calentamiento global
El fenómeno es una oscilación natural, pero se desarrolla en un planeta cuya atmósfera y océanos acumulan calor debido al aumento de los gases de efecto invernadero. La OMM remarcó que las temperaturas marinas continúan elevándose y que esa base térmica amplifica los riesgos asociados con los extremos climáticos.
El Niño redistribuye temporalmente el calor del Pacífico y puede añadir un impulso a la temperatura media mundial. No obstante, no explica por sí solo el calentamiento sostenido del planeta, que responde principalmente a las emisiones humanas. La diferencia entre ambos procesos resulta esencial para interpretar el récord reciente de temperatura en la superficie de los océanos.
La persistencia prevista hasta febrero de 2027 ofrece tiempo para anticipar riesgos, pero exige traducir las proyecciones mundiales en información local. Los impactos concretos deberán evaluarse mediante observaciones actualizadas, pronósticos estacionales y alertas emitidas por las autoridades de cada país.
Fuentes referenciales:
Infobae
Organización Meteorológica Mundial
Actualización El Niño/La Niña de la Organización Meteorológica Mundial




