El calentamiento del Pacífico tropical modifica los vientos y desplaza las lluvias a miles de kilómetros; la OMM anticipa que el episodio actual alcanzará una intensidad muy fuerte
Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.
El fenómeno de El Niño está firmemente establecido en el océano Pacífico tropical y continuará intensificándose durante los próximos meses, según la actualización publicada el 3 de septiembre de 2026 por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) en Ginebra, Suiza. El organismo prevé que alcance una intensidad muy fuerte hacia finales del año y persista hasta febrero de 2027.
El Niño no es una tormenta ni un episodio meteorológico aislado. Se trata de la fase cálida del sistema El Niño-Oscilación del Sur, conocido como ENSO, un ciclo natural formado por cambios vinculados entre el océano y la atmósfera del Pacífico ecuatorial. Sus alteraciones pueden modificar temperaturas y precipitaciones en regiones situadas a miles de kilómetros.
Cómo comienza el calentamiento anormal del Pacífico
En condiciones habituales, los vientos alisios soplan de este a oeste a lo largo del Pacífico ecuatorial. Estos vientos empujan las aguas superficiales cálidas hacia Asia y Oceanía, mientras frente a las costas occidentales de Sudamérica ascienden aguas más frías y ricas en nutrientes desde las profundidades.
Durante El Niño, los vientos alisios se debilitan y, en algunos sectores, pueden cambiar de dirección. El agua cálida deja de concentrarse principalmente en el oeste y se desplaza hacia el centro y el este del océano. Al mismo tiempo, disminuye el ascenso de agua fría cerca de Sudamérica.
El calentamiento superficial modifica la evaporación, la formación de nubes y la ubicación de las tormentas tropicales. La atmósfera responde a esos cambios oceánicos y altera su circulación, lo que a su vez puede reforzar el calentamiento. Esa interacción distingue a un episodio plenamente desarrollado de una fluctuación pasajera de la temperatura marina.
El desarrollo actual ya había motivado una vigilancia especial ante la posibilidad de una intensidad histórica durante 2026. La nueva evaluación de la OMM confirma que las señales oceánicas y atmosféricas se mantienen acopladas y continúan fortaleciéndose.
Por qué El Niño influye a miles de kilómetros
La concentración de aguas cálidas cambia la zona donde asciende el aire húmedo y se producen las principales lluvias tropicales. Esta reorganización genera ondas atmosféricas capaces de modificar las corrientes en chorro, las trayectorias de las tormentas y la distribución de la presión en regiones alejadas del Pacífico.
Estas conexiones, denominadas teleconexiones climáticas, explican por qué El Niño puede asociarse con lluvias abundantes en algunos territorios y sequías en otros. También puede alterar las temperaturas estacionales, la actividad de los ciclones tropicales y las condiciones que favorecen incendios forestales.
Los efectos dependen del lugar y de la época del año. También intervienen otros componentes del sistema climático, como las temperaturas del Atlántico, el dipolo del océano Índico y las variaciones atmosféricas regionales. Por esa razón, El Niño cambia probabilidades, pero no determina automáticamente el tiempo que experimentará una ciudad o un país.
Las diferencias regionales resultan esenciales para interpretar la influencia de El Niño sobre los huracanes del Atlántico. Aunque el fenómeno suele aumentar la cizalladura del viento y dificultar la organización de ciclones en esa cuenca, no elimina por completo el riesgo de tormentas destructivas.
Las señales que muestran la intensidad del episodio actual
La OMM informó que el índice Niño 3.4, utilizado para medir las anomalías térmicas del Pacífico ecuatorial central y oriental, se situó 1,5 °C por encima del promedio entre mayo y julio de 2026. Durante julio, la anomalía media llegó a 2 °C.
Los registros semanales aumentaron posteriormente hasta valores aproximados de entre 2,2 °C y 2,6 °C por encima de la media entre finales de julio y mediados de agosto. Bajo la superficie se detectaron condiciones todavía más excepcionales, con sectores que superaron el promedio en más de 8 °C durante julio y comienzos de agosto.
Esta acumulación de energía respalda la previsión de un fortalecimiento adicional antes de que El Niño alcance su máximo hacia finales de 2026. Los modelos de los centros mundiales de producción de pronósticos de la OMM asignan una probabilidad cercana al 100% a su persistencia durante los trimestres septiembre-noviembre de 2026 y diciembre de 2026-febrero de 2027.
Las proyecciones se suman a los análisis sobre la posible influencia de El Niño en el clima de 2027. Sin embargo, la categoría final del episodio y la respuesta de cada región deberán confirmarse con observaciones continuas.
Lluvias, sequías y temperaturas no cambian de igual manera
Para el periodo septiembre-noviembre de 2026, los modelos de la OMM muestran una probabilidad elevada de temperaturas superiores a las normales en casi todas las zonas terrestres. Las previsiones de precipitación también presentan una señal característica de un episodio intenso del Pacífico.
En algunas regiones, el desplazamiento de la circulación atmosférica puede favorecer lluvias abundantes e inundaciones. En otras, puede reducir las precipitaciones, intensificar las sequías y elevar el peligro de incendios. También puede afectar la disponibilidad de agua, la producción agrícola, los ecosistemas y la seguridad alimentaria.
La fuerza de El Niño no permite calcular directamente la gravedad de los daños. Un episodio muy intenso puede producir efectos diferentes a los de eventos anteriores debido a la posición del calentamiento, la estación, las condiciones de otros océanos y la vulnerabilidad particular de cada territorio.
Un fenómeno natural sobre océanos cada vez más cálidos
El Niño surge de la variabilidad natural del sistema climático y no es causado por el cambio climático. No obstante, el episodio actual se desarrolla sobre océanos y una atmósfera que acumulan calor debido a las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.
La combinación puede elevar las temperaturas mundiales y aumentar determinados riesgos, aunque ningún evento extremo debe atribuirse exclusivamente a El Niño sin un análisis científico específico. El fenómeno redistribuye temporalmente el calor del Pacífico, mientras el calentamiento global mantiene una tendencia de largo plazo.
Esta diferencia ayuda a comprender por qué las temperaturas récord de los océanos no pueden explicarse únicamente por el ciclo ENSO. El calor acumulado en las masas de agua proporciona una base más elevada sobre la cual actúa la variabilidad natural.
Los pronósticos permiten anticipar los riesgos
El Niño suele aparecer cada dos a siete años y mantenerse entre nueve y doce meses. Habitualmente comienza a desarrollarse entre marzo y junio, alcanza su máxima intensidad entre noviembre y febrero y puede influir sobre la temperatura mundial después del máximo calentamiento oceánico.
La antelación de los pronósticos permite revisar reservas de agua, planes frente a inundaciones y sequías, protocolos de protección civil, sistemas agrícolas y medidas sanitarias. La OMM reforzó la coordinación con los servicios meteorológicos e hidrológicos nacionales para convertir la información mundial en alertas adaptadas a cada territorio.
Los organismos nacionales continúan siendo la referencia autorizada para las advertencias locales. La evolución del Pacífico deberá seguirse mediante observaciones marinas, satélites, modelos estacionales y mediciones atmosféricas que permitan actualizar la intensidad y los posibles efectos del episodio.
Fuentes referenciales:
Infobae
Organización Meteorológica Mundial
Actualización El Niño/La Niña de la Organización Meteorológica Mundial




