Enrique Marschoff advierte que la falta de consenso dentro de la CCRVMA amenaza el control pesquero, la protección del krill y la creación de nuevas áreas marinas protegidas
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Karem Díaz S.
Las tensiones internacionales están interfiriendo en la gobernanza ambiental del Atlántico Sur y la Antártida, donde las decisiones sobre pesca y conservación dependen de acuerdos entre países con intereses políticos, económicos y territoriales diferentes. El biólogo Enrique Marschoff, exdirector del Instituto Antártico Argentino, advirtió que la parálisis de esos mecanismos puede abrir espacios para una explotación desregulada de los recursos marinos.
El centro de la preocupación es la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, conocida en español como CCRVMA. El organismo reúne un Comité Científico y una Comisión política que adopta medidas de conservación por consenso, una regla concebida para asegurar decisiones colectivas, pero que también permite que la oposición de un integrante bloquee un acuerdo.
La situación afecta recursos como el krill, la merluza negra, el pez de hielo y el bacalao antártico. También retrasa la ampliación de las áreas marinas protegidas en un ecosistema sometido simultáneamente a la presión pesquera, el cambio climático y las disputas geopolíticas.
La disputa internacional alcanzó los límites de captura
Marschoff sostuvo que el conflicto entre Rusia y Ucrania se trasladó a las negociaciones pesqueras alrededor de las islas Georgias del Sur. Según su explicación, Rusia ha negado el consenso necesario para fijar límites de captura de merluza negra en esas aguas.
El experto cuestionó además la decisión del Reino Unido de autorizar operaciones de buques bajo un límite establecido unilateralmente. De acuerdo con su análisis, una parte importante de los miembros de la Convención considera ilegales esas capturas. La afirmación corresponde a Marschoff y se inscribe en un área donde también existe una disputa de soberanía entre Argentina y el Reino Unido.
El problema ambiental consiste en que la ausencia de una medida acordada no elimina la presión extractiva. Cuando cada actor interpreta por separado qué operaciones puede realizar, disminuye la capacidad del sistema multilateral para aplicar criterios uniformes, comparar datos y responder ante señales de reducción de una población.
La discusión guarda relación con un desafío más amplio sobre las nuevas reglas para conservar la biodiversidad en alta mar, donde la protección depende de coordinar países, organismos científicos y actividades que se desarrollan fuera de las jurisdicciones nacionales.
La explotación histórica dejó poblaciones sin recuperar
La presión sobre los recursos australes precede a los conflictos actuales. Durante el siglo XIX, la caza intensiva redujo drásticamente poblaciones de focas, mientras que la actividad ballenera alcanzó gran escala durante el siglo XX. Más adelante, la pesca de arrastre afectó a distintas especies de peces en las islas subantárticas.
En la década de 1970, las capturas exploratorias de krill realizadas por la Unión Soviética evidenciaron un vacío regulatorio. Aunque el Tratado Antártico ya se aplicaba al sur del paralelo 60, los recursos de sus espacios marítimos todavía no contaban con normas específicas capaces de administrar una actividad pesquera creciente.
La CCRVMA fue aprobada en 1980 y comenzó a operar en 1982 con un enfoque que no se limita a mantener una pesquería rentable. Su propósito es conservar el ecosistema, impedir que las poblaciones explotadas caigan por debajo de niveles estables, preservar las relaciones entre especies y evitar cambios que no puedan revertirse en un plazo razonable.
El antecedente del pez de hielo ilustra las consecuencias de reaccionar tarde. La población colapsó en 1991 en las Georgias del Sur y la pesquería tuvo que cerrarse. Según Marschoff, la especie todavía no ha recuperado los niveles anteriores a la explotación.
El krill sostiene la red alimentaria antártica
El krill antártico ocupa una posición decisiva porque sirve de alimento a pingüinos, focas, ballenas, aves marinas y peces. Su importancia obliga a evaluar las capturas no solo por la cantidad de crustáceos disponible, sino también por el alimento que necesitan los depredadores en lugares y temporadas concretos.
La CCRVMA estableció un límite preventivo de 620.000 toneladas anuales para la pesquería de krill en el área considerada por el análisis. Marschoff destacó que el tope se colocó muy por debajo de la biomasa estimada con la intención de reducir el riesgo de consecuencias graves sobre la cadena trófica.
Un volumen total aparentemente pequeño puede generar impactos locales si numerosos barcos concentran su actividad en zonas utilizadas por colonias de pingüinos o mamíferos marinos. Por eso, la distribución espacial y temporal del esfuerzo pesquero es tan importante como el límite general de captura.
Las relaciones entre organismos pequeños y procesos planetarios también resultan más complejas de lo que reflejan algunos modelos. Investigaciones sobre el papel del plancton en la química oceánica y el ciclo del carbono muestran que excluir componentes biológicos puede conducir a interpretaciones incompletas del funcionamiento del mar.
La merluza negra exige decisiones precautorias
La pesca de merluza negra con palangres profundos comenzó a expandirse alrededor de 1989. Se trata de una especie longeva y de crecimiento lento, características que dificultan la recuperación cuando la extracción supera su capacidad reproductiva.
La gestión utiliza límites de captura, vedas espaciales y temporales, artes de pesca selectivas y un sistema de documentación destinado a seguir el origen y el destino del producto. Estas herramientas pierden eficacia cuando no existe acuerdo sobre la cantidad autorizada o cuando las decisiones se aplican de forma diferente entre los participantes.
Los modelos matemáticos y las expediciones científicas permiten estimar la biomasa disponible de diversas especies antárticas. Sin embargo, los resultados no sustituyen la decisión política: la ciencia puede describir riesgos y proponer límites, pero corresponde a los miembros de la Comisión convertir esas recomendaciones en medidas obligatorias.
Las áreas marinas protegidas permanecen estancadas
La CCRVMA consiguió establecer en 2009 un área marina protegida en las islas Orcadas del Sur. No obstante, las negociaciones posteriores han enfrentado bloqueos persistentes, incluso cuando existen propuestas respaldadas durante años por equipos científicos.
Entre los proyectos estancados se encuentra la iniciativa presentada conjuntamente por Argentina y Chile en 2014 para proteger sectores de la península antártica. Marschoff señaló que algunos Estados exigen niveles de fundamentación científica que considera impracticables y que, en la práctica, prolongan indefinidamente la negociación.
La dificultad ocurre mientras el sistema polar experimenta cambios físicos acelerados. Los estudios sobre el retroceso de glaciares inestables en la Antártida Occidental muestran que las transformaciones del hielo, el océano y el lecho marino están estrechamente relacionadas.
La evidencia del pasado también indica que el continente puede responder con rapidez a determinadas alteraciones. La reconstrucción de los cambios históricos del sistema antártico occidental aporta contexto para comprender por qué las medidas de conservación necesitan anticiparse a los daños y no depender exclusivamente de respuestas posteriores.
El consenso es una fortaleza y una vulnerabilidad
La adopción de decisiones por consenso ofrece legitimidad porque obliga a integrar intereses diferentes y evita que una mayoría imponga medidas unilateralmente. Sin embargo, el mismo mecanismo puede paralizar al organismo cuando un conflicto externo domina las negociaciones ambientales.
La gobernanza del océano Austral necesita conservar la separación entre las disputas geopolíticas y las decisiones basadas en evidencia científica. Si los desacuerdos impiden fijar límites, renovar normas o establecer zonas protegidas, el costo no queda restringido a una negociación diplomática: se traslada directamente a las especies y a las redes ecológicas.
El caso antártico demuestra además que una pesquería no puede administrarse únicamente a partir del precio de mercado. Cuanto más valioso resulta un recurso, mayor puede ser el incentivo para extraerlo, incluso cuando su abundancia disminuye. Los límites científicos, la vigilancia internacional y la trazabilidad buscan impedir que esa dinámica conduzca al agotamiento.
La cooperación define el futuro de los mares del sur
La conservación efectiva requiere expediciones capaces de medir biomasa, observadores científicos en las operaciones pesqueras, intercambio de información, documentación de capturas y procedimientos comunes para identificar incumplimientos. Ninguna de estas herramientas funciona plenamente si los Estados dejan de reconocer las decisiones colectivas.
También se necesita evaluar conjuntamente la presión pesquera y los cambios ambientales. El calentamiento del océano, la transformación del hielo marino y las variaciones en la disponibilidad de alimento pueden alterar la distribución y productividad de las especies, haciendo insuficientes los límites calculados exclusivamente con datos históricos.
La advertencia de Marschoff sitúa a la CCRVMA ante una prueba institucional: preservar su enfoque ecosistémico y precautorio cuando las relaciones entre sus miembros están deterioradas. Evitar el regreso a una pesca desregulada dependerá de que la cooperación científica vuelva a traducirse en decisiones políticas aplicables a todos.
Fuentes referenciales:
Infobae DEF — Conservación marina en el Atlántico Sur y la Antártida
CCRVMA — Biología, ecología y pesca del krill antártico




