Investigadores de la Universidad de California en Riverside identificaron mediante datos GPS el tramo bloqueado de la zona de subducción de Kamchatka que posteriormente produjo el terremoto de magnitud 8,8 de 2025
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
Científicos de la Universidad de California en Riverside desarrollaron un método para localizar los sectores de grandes fallas donde se acumula tensión y podrían comenzar terremotos de enorme magnitud. La herramienta fue evaluada en la península rusa de Kamchatka y señaló el tramo que posteriormente se rompió durante el sismo de magnitud 8,8 registrado en 2025.
El avance no permite establecer la fecha de un próximo terremoto ni anticipar su magnitud exacta. Su aporte consiste en delimitar dónde existe una mayor probabilidad de ruptura, información que podría mejorar los mapas de amenaza, la planificación territorial y la preparación ante desastres en regiones sísmicas.
El movimiento lento del terreno revela tensión acumulada
La investigación fue dirigida por los geofísicos Gareth Funning y Axel Periollat, quienes estudian la deformación gradual de la superficie terrestre mientras las placas tectónicas permanecen trabadas. El trabajo se publicó en la revista Geophysical Research Letters.
Las fallas no permanecen completamente inmóviles entre dos terremotos. Aunque el desplazamiento sea demasiado pequeño para percibirlo directamente, estaciones del sistema global de navegación por satélite pueden registrar movimientos de pocos milímetros y mostrar cómo se deforma el terreno durante años.
El equipo utilizó esas mediciones para construir un algoritmo capaz de identificar las partes bloqueadas de una falla que almacenan energía. Estas zonas, conocidas como asperidades, presentan una fricción elevada que impide el deslizamiento continuo entre las placas.
A medida que continúa el movimiento tectónico, la tensión aumenta alrededor de esos sectores. Cuando la resistencia deja de sostener el bloqueo, la falla puede romperse y liberar la energía acumulada en forma de ondas sísmicas.
Kamchatka permitió comprobar el modelo
Los investigadores aplicaron el método a la zona de subducción de Kamchatka, en el extremo oriental de Rusia. Allí, una placa tectónica se introduce debajo de otra a lo largo de un límite capaz de generar algunos de los terremotos más poderosos del planeta.
El modelo había identificado una región bloqueada bajo la península antes del terremoto de magnitud 8,8 de 2025. Cuando ocurrió el sismo, la ruptura coincidió con el sector donde los datos geodésicos indicaban que se había acumulado la tensión.
El estudio comparó la ubicación estimada del bloqueo con observaciones GPS, modelos previos de acoplamiento tectónico y las zonas de ruptura de terremotos históricos. También consideró los sismos precursores de magnitud superior a 7 registrados entre 2024 y 2025 y las réplicas posteriores al evento principal.
La coincidencia constituye una prueba importante para el método, aunque un solo caso no garantiza que funcione con la misma precisión en todas las fallas. La densidad de los instrumentos, la geometría del límite tectónico y la calidad de las observaciones pueden modificar los resultados.
Las zonas de subducción concentran el mayor peligro
Las zonas de subducción se forman donde una placa tectónica desciende por debajo de otra. Estos límites pueden producir terremotos superiores a magnitud 8,5 y, cuando la ruptura desplaza el fondo oceánico, también generar tsunamis destructivos.
La energía acumulada no se distribuye de forma uniforme. Algunos segmentos se deslizan lentamente, mientras otros permanecen bloqueados durante décadas o siglos. Reconocer esa diferencia ayuda a localizar las áreas donde una futura ruptura podría alcanzar mayores dimensiones.
La investigación muestra además que dos terremotos gigantes ocurridos en una misma región pueden producir consecuencias distintas. Kamchatka experimentó grandes eventos en 1952 y 2025, pero el segundo generó un tsunami considerablemente menor.
Según los científicos, esta diferencia sugiere que la parte más superficial de la falla se desplazó menos durante el terremoto de 2025. El algoritmo identifica la acumulación de tensión, pero no puede determinar cuánto se moverá el lecho marino ni predecir el tamaño de un eventual tsunami.
Localizar el peligro no equivale a predecir un terremoto
Los autores subrayan una distinción central: el método permite estimar dónde podría producirse una gran ruptura, pero no cuándo sucederá. Actualmente no existe una técnica confiable capaz de anticipar con precisión simultánea la fecha, el lugar y la magnitud de un terremoto.
Esta limitación obliga a comunicar los resultados con cautela. Una zona señalada por el algoritmo no representa el anuncio de un sismo inminente. Indica que el segmento presenta características que justifican mayor vigilancia y preparación a largo plazo.
Los mapas más precisos podrían orientar decisiones sobre códigos de construcción, refuerzo de infraestructura, rutas de evacuación, instalaciones críticas y sistemas de alerta. También ayudarían a priorizar recursos en costas expuestas simultáneamente a sacudidas intensas y tsunamis.
La vulnerabilidad no depende únicamente de la energía liberada bajo tierra. Las características del suelo y las intervenciones humanas pueden amplificar los daños en superficie, como explica un análisis sobre cómo la alteración intensiva del terreno puede aumentar riesgos durante los terremotos.
Japón, México y Nueva Zelanda serán nuevas pruebas
El equipo está aplicando su metodología a otras grandes zonas de subducción, entre ellas las de Japón, México, Nueva Zelanda y el noroeste del Pacífico. Cada región presenta una geometría diferente y procesos que pueden dificultar la interpretación de las mediciones.
Algunos segmentos liberan parte de la tensión mediante deslizamientos lentos que duran días, meses o años sin producir las sacudidas características de un terremoto convencional. Distinguir esos movimientos de una falla completamente bloqueada será fundamental para evaluar correctamente el peligro.
Los investigadores también examinan si el sistema puede adaptarse a fallas continentales de California. La falla de Hayward, en el área de la bahía de San Francisco, contiene tramos que se desplazan gradualmente y otros que permanecen bloqueados, una combinación comparable en ciertos aspectos con las zonas de subducción.
La falta de mediciones oceánicas limita la vigilancia
Una dificultad importante es que muchas de las fallas más peligrosas se encuentran bajo el océano. Las estaciones instaladas en tierra proporcionan información valiosa, pero su distribución no siempre permite observar directamente la deformación que ocurre lejos de la costa.
Japón ha comenzado a utilizar instrumentos acústicos colocados en el fondo marino para medir desplazamientos lentos durante periodos prolongados. Propuestas semejantes se estudian para Chile y el noroeste del Pacífico, regiones expuestas a grandes terremotos y tsunamis.
Un satélite recientemente puesto en órbita también podría ampliar las observaciones en zonas sin suficiente cobertura GPS. La combinación de estaciones terrestres, sensores submarinos y datos satelitales permitiría construir imágenes más completas del movimiento entre placas.
El estudio advierte que persisten vacíos importantes en la vigilancia sísmica mundial, particularmente en sectores del Pacífico. Sin datos suficientes, resulta más difícil identificar asperidades, evaluar posibles áreas de ruptura y estimar la exposición de las poblaciones costeras.
Una herramienta para prepararse antes de la emergencia
La utilidad inmediata del algoritmo se encuentra en la evaluación preventiva y no en una alarma de corto plazo. Delimitar las partes de una falla que almacenan energía puede ayudar a diseñar escenarios de riesgo más realistas y orientar inversiones antes de que ocurra el desastre.
Funning remarcó que la capacidad de localizar sectores peligrosos no sustituye la preparación pública. Las comunidades sísmicas todavía necesitan construcciones resistentes, planes familiares, simulacros, redes de comunicación y protocolos de evacuación.
El equipo considera que la metodología podría aplicarse a numerosos límites activos de placas si se dispone de observaciones suficientes. El resultado de Kamchatka demuestra su potencial, pero las pruebas en otras regiones serán necesarias para establecer su precisión, limitaciones y utilidad operacional.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Geophysical Research Letters




