Un estudio vincula el aumento temporal de masa entre 2021 y 2023 con nevadas excepcionales impulsadas por una conexión atmosférica entre los océanos tropicales y el continente antártico
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
La capa de hielo de la Antártida registró entre julio de 2021 y abril de 2023 una ganancia aproximada de 695.000 millones de toneladas de masa, un episodio excepcional que interrumpió temporalmente la tendencia de pérdidas observada durante las últimas décadas. Una investigación publicada en la revista Nature determinó que el fenómeno estuvo dominado por una acumulación extraordinaria de nieve en sectores de la Antártida Oriental y estuvo conectado con cambios atmosféricos originados miles de kilómetros más al norte.
El incremento constituye la mayor ganancia de masa antártica observada durante un periodo de 22 meses en las dos décadas cubiertas por las misiones satelitales GRACE. Sin embargo, los investigadores advierten que el episodio no representa una reversión de la pérdida de hielo a largo plazo. Entre 2003 y 2024, la capa de hielo antártica perdió masa a una tasa promedio estimada de 140.500 millones de toneladas anuales.
El resultado aporta una nueva dimensión al seguimiento de un sistema polar cuya evolución tiene consecuencias planetarias. La importancia de estas variaciones se comprende mejor al considerar que Groenlandia y la Antártida han contribuido de manera creciente al aumento del nivel global del mar durante las últimas décadas.
La nieve cambió temporalmente el balance del hielo
El estudio, encabezado por Yunhe Wang y Qinghua Ding junto con un equipo internacional de investigadores, analizó mediciones de gravedad realizadas por las misiones GRACE y GRACE-FO, datos atmosféricos, registros de precipitación y diferentes simulaciones climáticas para reconstruir el origen de la acumulación.
La mayor parte del cambio se concentró en Queen Mary Land y Wilkes Land, en la Antártida Oriental. Esa región acumuló alrededor de 470.300 millones de toneladas, equivalentes aproximadamente al 68 % del incremento registrado en todo el continente durante el episodio.
El comportamiento resulta especialmente relevante porque la Antártida Oriental alberga la mayor capa de hielo de la Tierra. Su estabilidad depende de una compleja interacción entre precipitación, circulación atmosférica, océano, topografía y dinámica glaciar. Investigaciones anteriores han mostrado que la sensibilidad de la capa de hielo antártica puede cambiar bajo diferentes condiciones climáticas, lo que obliga a interpretar tanto las ganancias como las pérdidas de masa dentro de escalas temporales amplias.
Una conexión atmosférica comenzó en los océanos tropicales
Los investigadores rastrearon el origen del episodio hasta la denominada piscina cálida tropical, una extensa región de aguas cálidas situada entre el Pacífico occidental y el océano Índico oriental. Entre 2021 y 2023, las temperaturas de la superficie marina permanecieron allí inusualmente elevadas durante un periodo prolongado.
Ese calentamiento favoreció la formación de un tren de ondas de Rossby, grandes perturbaciones de la circulación atmosférica capaces de transmitir influencias climáticas a enormes distancias. Las ondas se propagaron hacia latitudes australes y contribuyeron a establecer un patrón de presión característico sobre la región antártica.
Las simulaciones identificaron una anomalía de baja presión al sur de Australia y otra de alta presión sobre la Antártida Oriental. Esta configuración facilitó un transporte más eficiente de humedad desde latitudes inferiores y desde el océano Índico hacia Queen Mary Land y Wilkes Land.
Parte de esa humedad alcanzó el continente mediante ríos atmosféricos, corredores relativamente estrechos capaces de transportar grandes cantidades de vapor de agua. Al ingresar en el ambiente extremadamente frío de la Antártida, la humedad produjo nevadas intensas y persistentes que terminaron aumentando la masa superficial de la capa de hielo.
La ganancia de hielo no significa que terminó el deshielo
Una de las conclusiones centrales del trabajo es que el aumento observado entre 2021 y 2023 debe interpretarse como una manifestación de variabilidad climática y no como el comienzo comprobado de una recuperación permanente del hielo antártico.
El análisis de observaciones y simulaciones históricas indica que episodios prolongados de calentamiento de la piscina cálida tropical similares al estudiado pueden producirse aproximadamente una vez por década. Esa recurrencia ayuda a explicar por qué la precipitación de la Antártida Oriental puede presentar fluctuaciones importantes incluso mientras continúa una tendencia climática de fondo diferente.
Al mismo tiempo, otras partes del continente siguieron perdiendo masa durante el periodo de acumulación oriental. Los procesos oceánicos que erosionan las plataformas de hielo y favorecen la descarga de glaciares hacia el mar continúan siendo fundamentales para determinar el balance antártico.
En la propia Antártida Oriental existen mecanismos capaces de actuar en sentido contrario al aumento provocado por las nevadas. Estudios anteriores han encontrado que el transporte de calor oceánico puede incrementar el derretimiento de sectores costeros de la capa de hielo oriental, mostrando que el balance final depende de procesos atmosféricos y oceánicos que operan simultáneamente.
Un continente decisivo para el nivel global del mar
La investigación refuerza la necesidad de diferenciar entre variaciones de corto plazo y tendencias de varias décadas. Una ganancia temporal de cientos de miles de millones de toneladas puede modificar de forma apreciable el balance durante algunos años, pero no elimina las pérdidas acumuladas anteriormente ni permite concluir por sí sola que haya cambiado la trayectoria de largo plazo.
Esta distinción adquiere especial importancia porque la Antártida Oriental contiene una enorme reserva de agua congelada. Estudios sobre su evolución geológica han mostrado que la formación de la gran capa de hielo de la Antártida Oriental estuvo condicionada por cambios climáticos y por el relieve del continente, mientras las investigaciones actuales intentan determinar cómo responderá esa masa a las condiciones del siglo XXI.
La influencia antártica tampoco se limita al nivel del mar. La interacción entre el hielo y el océano Austral puede modificar la estructura de las aguas y los intercambios de calor a escala planetaria. Reconstrucciones paleoclimáticas han documentado cómo los cambios del hielo antártico estuvieron vinculados con alteraciones de la circulación oceánica global durante grandes transiciones climáticas del pasado.
Los satélites permiten seguir cambios imposibles de observar desde tierra
Una pieza fundamental de la investigación fueron las misiones GRACE y GRACE-FO, capaces de detectar variaciones en el campo gravitatorio terrestre asociadas con desplazamientos de grandes cantidades de masa. Estas observaciones permiten estimar cuánto hielo gana o pierde una región incluso en áreas remotas donde las mediciones terrestres son extremadamente difíciles.
Los investigadores combinaron esa información con modelos atmosféricos, reanálisis meteorológicos y simulaciones destinadas a rastrear el origen de la humedad. La integración de esas herramientas permitió establecer la conexión entre las anomalías de temperatura del océano tropical, la propagación de ondas atmosféricas, los cambios de presión sobre la Antártida Oriental y el incremento final de las nevadas.
El mecanismo identificado añade una variable relevante para las proyecciones climáticas: comprender cómo las condiciones oceánicas tropicales pueden modificar temporalmente la acumulación de nieve en la Antártida ayudará a separar con mayor precisión la variabilidad natural de las tendencias sostenidas y a mejorar las estimaciones de la futura contribución del continente al nivel del mar.
Fuentes referenciales:
Discover Wildlife
Nature
Institute of Oceanology, Chinese Academy of Sciences




