Un modelo de la Universidad de California en Riverside reprodujo movimientos que el viento por sí solo no lograba explicar, a partir de observaciones en el estrecho de Fram.
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Las placas de hielo marino del Ártico se desplazan y dispersan de una forma que no se explica únicamente por la acción del viento. Un equipo encabezado por investigadores de la Universidad de California en Riverside identificó un mecanismo decisivo: los choques entre fragmentos de hielo. El estudio, publicado en septiembre de 2026 en Physical Review Letters, podría ayudar a representar mejor el transporte de hielo en los modelos climáticos.
El hielo marino está formado por placas flotantes de distintos tamaños. Cuando el viento las empuja, estas pueden encontrarse con otras placas, transferirles movimiento y perder parte de su energía. Esa interacción ayuda a explicar por qué, en las observaciones, el hielo se dispersa más lentamente de lo que predicen los modelos basados solo en el viento.
Un modelo probado con datos del estrecho de Fram
Bryan Shaddy, P. Alex Greaney y Bhargav Rallabandi desarrollaron una simulación que trata las placas como un conjunto de piezas que chocan entre sí. El modelo incorpora el empuje variable del viento, la resistencia del océano y las colisiones. Los investigadores compararon sus resultados con mediciones del estrecho de Fram, entre Groenlandia y el archipiélago noruego de Svalbard.
Con datos locales del viento y del hielo, la simulación reprodujo tres características observadas: la rapidez con que se dispersan las placas, la distribución de sus velocidades y las variaciones de su movimiento en períodos que van de horas a días. En zonas donde el hielo está muy concentrado, los choques frecuentes reducen la distancia que cada placa puede recorrer libremente.
Las condiciones atmosféricas siguen siendo fundamentales. Un análisis anterior sobre el efecto de ciclones consecutivos sobre el hielo del Ártico examinó cómo la persistencia del viento y el oleaje modifica su concentración. El nuevo trabajo se centra en lo que ocurre entre las placas una vez que esas fuerzas las ponen en movimiento.
Qué aporta el hallazgo al estudio del hielo polar
La frecuencia de las colisiones depende, entre otros factores, de cuánto hielo ocupa una zona y del tamaño de sus fragmentos. Describir esa relación podría permitir que los modelos representen el desplazamiento conjunto de innumerables placas sin tener que seguir cada una por separado.
El mecanismo también pone de relieve la importancia de estudiar el hielo como un sistema de piezas móviles. En la Antártida, otra investigación sobre la zona marginal del hielo marino mostró el valor de medir cómo las olas afectan a los fragmentos situados en el borde de la cubierta. Se trata de un entorno y una pregunta distintos, pero ambos trabajos examinan procesos físicos que una medida de superficie helada no describe por completo.
El alcance de las nuevas predicciones
Los autores plantean que su marco físico puede ayudar a investigar cómo cambiará el transporte del hielo a medida que varíen su concentración y el tamaño de las placas. El estudio todavía no predice destinos concretos para el hielo ártico bajo futuros escenarios de calentamiento.
También conviene distinguir el desplazamiento de la pérdida de hielo por fusión. La baja extensión alcanzada durante un máximo invernal del Ártico describe la superficie cubierta en una etapa del año; el nuevo estudio explica, en cambio, parte de la mecánica que determina cómo se mueven y dispersan las placas flotantes.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad de California en Riverside
Physical Review Letters




