Un estudio dirigido por Mark Anderson, de The Nature Conservancy, propone conservar y restaurar una red que comprende el 35 % de los ríos y arroyos de los 48 estados contiguos.
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
Un equipo encabezado por Mark Anderson, de The Nature Conservancy, identificó en Estados Unidos una red de ríos y arroyos cuya conservación y restauración podría ayudar a sostener la biodiversidad de agua dulce frente a la degradación de los hábitats y el cambio climático. El estudio, publicado el 16 de septiembre de 2026 en PLOS One, abarca los 48 estados contiguos y sitúa en esa red el 35 % de sus cursos de agua.
La cifra describe una prioridad de conservación, no una garantía de que todas las especies quedarán protegidas. Los investigadores evaluaron qué tramos reúnen condiciones para mantener la vida acuática y cuáles requieren medidas adicionales. Esa distinción también importa en los ríos temporales, cuya biodiversidad puede pasar inadvertida cuando el cauce se encuentra seco.
Cómo se evaluó la resistencia de los cursos de agua
The Nature Conservancy trabajó con 66 especialistas en conservación de agua dulce para cartografiar las redes fluviales. Cada cuenca fue examinada según la conexión entre sus tramos, su estado ambiental, la disponibilidad de agua y el grado en que conserva un flujo natural. Los resultados se contrastaron con registros locales de biodiversidad.
De los aproximadamente 8,4 millones de kilómetros de ríos y arroyos considerados, el 33 % obtuvo una calificación de resistencia superior al promedio. Esa medición describe el estado de los cursos de agua; es distinta del 35 % que ocupa la red propuesta para orientar la conservación.
Las presas y el deterioro del agua condicionan la recuperación
Las barreras artificiales figuran entre las presiones que fragmentan los sistemas fluviales. Recuperar la continuidad puede facilitar el desplazamiento de organismos, aunque cada intervención necesita una evaluación local. El papel de la retirada de presas y obstáculos abandonados en la recuperación de los ríos muestra por qué proteger un tramo aislado puede ser insuficiente.
La conexión entre cauces tampoco es el único factor. Las condiciones del agua cambian a lo largo del recorrido y pueden afectar a las especies que viven aguas abajo. Un estudio anterior en Estados Unidos examinó cómo las grandes presas alteran la temperatura de los ríos, una variable que forma parte de la calidad de sus hábitats.
Dónde se concentran las oportunidades de conservación
Los tramos con mejores condiciones aparecen, entre otras zonas, en la costa del Pacífico, el norte de las Montañas Rocosas, áreas próximas a los Grandes Lagos, el norte de Maine y sectores costeros del sureste estadounidense y del golfo de México. Los investigadores también identificaron redes más vulnerables en los desiertos del suroeste, partes de Nueva Inglaterra y regiones agrícolas del Medio Oeste.
El desafío es convertir el mapa en protección efectiva: según el estudio, solo el 6 % del área analizada reúne a la vez condiciones de resistencia y protección, mientras que otro 14 % necesita tanto protección como restauración. El equipo indica que sus resultados ya han servido para orientar decisiones sobre presas, cabeceras fluviales y tramos degradados. También reconoce una limitación: el mapa no incorpora todavía las necesidades humanas de agua, que deberán considerarse al definir actuaciones concretas.
Fuentes referenciales:
Phys.org
PLOS One




