Una investigación en comunidades costeras relacionó las olas de calor oceánicas con mayores probabilidades de desnutrición y mortalidad infantil, sin establecer que cada caso haya sido causado por el calentamiento del mar.
Redactor: Camila Herrera R.
Editor: Eduardo Schmitz
Las olas de calor marinas se asociaron con peores indicadores de salud infantil en comunidades costeras de 36 países de ingresos bajos y medios. Investigadores de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill y la Universidad Estatal de Pensilvania relacionaron registros de temperatura del océano con datos de crecimiento y supervivencia de niños. El hallazgo amplía la atención sobre las consecuencias humanas de las anomalías térmicas del mar.
El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, reunió información de 9.813 localidades costeras. Su conclusión central es una asociación estadística: los datos no demuestran que una ola de calor marina haya causado directamente cada caso de desnutrición o cada fallecimiento observado.
Cómo se relacionó la temperatura del océano con la salud infantil
El equipo identificó episodios de calor en aguas próximas a las localidades estudiadas durante los meses y años anteriores a la medición de los indicadores sanitarios. Luego comparó esa exposición con datos individuales de supervivencia, peso y estatura, mediante modelos estadísticos diseñados para examinar la relación entre ambas variables.
Un aumento equivalente a una desviación estándar en el número de olas de calor marinas durante un período de dos años se asoció con un incremento del 5,4 % en las probabilidades de mortalidad infantil. Las probabilidades de desnutrición aguda —un peso demasiado bajo para la estatura— aumentaron un 6,5 %, y las de retraso del crecimiento —una talla baja para la edad—, un 8,8 %. Esos porcentajes describen cambios en probabilidades estadísticas, no la proporción de niños afectados en los 36 países.
El medio ya había publicado un análisis de este mismo estudio y sus resultados sanitarios. La investigación también observó asociaciones más marcadas en países que dependen en mayor medida de la pesca a pequeña escala y en localidades urbanas.
Del ecosistema marino a la disponibilidad de alimentos
Los autores plantean que el pescado aporta proteínas y micronutrientes a numerosas poblaciones costeras. Las temperaturas anómalas pueden modificar dónde se encuentran las especies, su abundancia y las capturas. Una oferta menor también podría afectar los ingresos de quienes pescan y los precios que pagan los hogares. El estudio señala estas vías como posibles explicaciones; aún se necesita investigación para establecer cuánto aporta cada una a los resultados de salud observados.
La presión ecológica que puede preceder a esas dificultades está descrita en la cobertura de los efectos del calor persistente sobre peces y ecosistemas oceánicos. Las respuestas varían entre especies: algunas se desplazan hacia aguas más frías, mientras otras sufren pérdidas o cambios en sus fuentes de alimento.
Un caso de alteración de la actividad pesquera, distinto de los datos sanitarios analizados en los 36 países, se observa en las dificultades de la pesca artesanal frente a Ecuador durante el calentamiento del Pacífico. Allí se han comunicado recorridos más largos para encontrar determinadas especies y mayores costos de faena. Ese antecedente ilustra cómo un cambio en el mar puede trasladarse a la economía costera, pero no prueba por sí mismo un efecto sobre la nutrición infantil local.
La vigilancia oceánica puede orientar la prevención
Los investigadores proponen considerar los pronósticos de temperatura marina al planificar alertas y apoyos nutricionales para comunidades expuestas. También piden estudiar con mayor detalle los mecanismos que conectan el calor oceánico con la alimentación y la salud, especialmente donde la pesca constituye una fuente importante de sustento.
Fuentes referenciales:
Infobae
Estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences
Universidad Estatal de Pensilvania




