Un estudio en 36 países relaciona el calentamiento extremo del océano con mayores probabilidades de desnutrición y mortalidad entre niños de comunidades costeras vulnerables
Redactor: Raúl Méndez C.
Editor: Karem Díaz S.
Las olas de calor marinas podrían deteriorar la salud de los niños que viven en comunidades costeras de países de ingresos bajos y medios, según una investigación dirigida por científicos de la Universidad Estatal de Pensilvania y la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, en Estados Unidos. El trabajo vinculó estos episodios oceánicos con mayores probabilidades de desnutrición aguda, retraso del crecimiento y mortalidad infantil.
Los resultados, publicados en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, no demuestran que las temperaturas marinas extremas causen directamente cada problema sanitario. Sin embargo, muestran una asociación estadística relevante y señalan una vía mediante la cual el cambio climático puede afectar a las poblaciones que dependen del océano para obtener alimentos e ingresos.
Datos de más de 9.800 comunidades costeras
El equipo combinó información representativa sobre salud y supervivencia de mujeres y niños procedente de más de 9.800 localidades costeras de 36 países con registros globales de temperatura de la superficie del mar. Después identificó las olas de calor ocurridas en aguas cercanas durante los meses y años anteriores a cada evaluación sanitaria.
Los investigadores aplicaron técnicas estadísticas para separar, en la medida de lo posible, la relación entre la exposición al calor marino y los indicadores de salud. El análisis consideró tanto la desnutrición aguda, expresada mediante un peso demasiado bajo para la estatura, como la desnutrición crónica, reflejada en una talla inferior a la esperada para la edad.
Un aumento equivalente a una desviación estándar en la cantidad de olas de calor marinas registradas durante un periodo de dos años se asoció con un incremento del 5,4 % en las probabilidades de mortalidad infantil. Las probabilidades de desnutrición aguda aumentaron un 6,5 %, mientras que las de retraso del crecimiento lo hicieron un 8,8 %.
La pesca conecta la temperatura del mar con la nutrición
Brian Thiede, profesor de sociología rural, sociología y demografía en Penn State y coautor del estudio, explicó que el pescado representa una fuente importante de proteínas y micronutrientes para numerosas poblaciones costeras. Las anomalías térmicas pueden modificar la distribución de las especies, reducir su calidad nutricional o aumentar la mortalidad de las poblaciones marinas.
La alteración de las capturas puede reducir directamente la disponibilidad de alimentos, pero también tiene consecuencias económicas. Una menor oferta perjudica los ingresos de los pescadores y puede elevar los precios pagados por los consumidores, disminuyendo la capacidad de las familias para adquirir alimentos variados, atención médica y otros servicios esenciales.
Esta conexión adquiere mayor relevancia en un escenario de temperaturas oceánicas excepcionalmente elevadas, porque la persistencia del calor aumenta la presión sobre los ecosistemas, las pesquerías y las economías ligadas al mar.
Mayor impacto donde domina la pesca artesanal
Los efectos más marcados aparecieron en los países con una fuerte dependencia de la pesca en pequeña escala, en comparación con aquellos donde predominan sectores pesqueros comerciales e industrializados. Las flotas artesanales suelen disponer de menor capacidad para desplazarse hacia nuevas zonas de captura o absorber pérdidas prolongadas.
La investigación también encontró asociaciones más intensas en áreas urbanas. Aunque este resultado puede parecer inesperado, los autores indicaron que las familias de las ciudades costeras pueden quedar expuestas mediante los mercados, incluso si no participan directamente en la pesca. El encarecimiento del pescado o la reducción del empleo relacionado con el sector pueden trasladar rápidamente la crisis ecológica a los hogares.
Las comunidades rurales pueden complementar sus dietas con agricultura o acuicultura, mientras que numerosos hogares urbanos dependen en mayor medida de la compra de alimentos. Esa diferencia ayuda a explicar por qué una alteración del suministro pesquero también puede representar un riesgo importante dentro de las ciudades.
Un fenómeno oceánico cada vez más frecuente y severo
Una ola de calor marina es un periodo en el que la temperatura del agua permanece anormalmente alta respecto de las condiciones habituales de una región y una época del año. Estos episodios pueden durar días, semanas o meses y afectar desde áreas costeras limitadas hasta extensas zonas oceánicas.
El calentamiento global está elevando la temperatura de base sobre la cual se producen estas anomalías. Investigaciones recientes han identificado regiones del planeta donde el océano se calienta con especial rapidez, mientras los récords térmicos acumulados confirman una transformación sostenida del sistema marino.
Los mecanismos que originan cada episodio varían según la región. El intercambio de energía entre la atmósfera y la superficie marina desempeña un papel central, y algunos estudios han mostrado que los ríos atmosféricos pueden favorecer olas de calor marinas en determinadas estaciones y cuencas oceánicas.
El calor prolongado también altera arrecifes, praderas marinas, cadenas alimentarias y áreas de reproducción. Por ello, el impacto social no depende únicamente de cuántos peces sobrevivan, sino de cambios más amplios en la productividad y estabilidad de los ecosistemas que sostienen la alimentación costera.
Pronósticos marinos para anticipar crisis alimentarias
Los autores proponen incorporar los pronósticos de temperatura oceánica a los sistemas de alerta temprana. Si las autoridades conocen con anticipación qué costas afrontan una ola de calor marina, pueden reforzar programas nutricionales, ayudas económicas, vigilancia sanitaria y apoyo a las comunidades pesqueras.
Estas intervenciones tendrían que considerar las diferencias entre poblaciones costeras e interiores. Las primeras afrontan riesgos específicos derivados de la pérdida de capturas, la degradación de hábitats marinos y la volatilidad de los precios, factores que no siempre aparecen en los programas convencionales de adaptación climática.
El estudio plantea además la necesidad de ampliar la investigación sobre salud humana y océanos. Aunque existe abundante documentación sobre los daños del calor marino en la biodiversidad, sus repercusiones nutricionales y sanitarias han recibido menos atención. Los nuevos resultados ayudan a extender el análisis más allá de los impactos ecológicos descritos ante los recientes récords de calor oceánico.
Los investigadores Clark Gray, Sally Dowd, Noah Shaul y Janet Nye, de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, participaron junto con Thiede en el trabajo. La investigación recibió apoyo del Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano Eunice Kennedy Shriver, perteneciente a los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Universidad Estatal de Pensilvania
Proceedings of the National Academy of Sciences




