Un análisis de 1.361 dataciones de radiocarbono en 303 sitios reconstruye la expansión de los incendios desde las periferias hasta el interior de la selva
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Eduardo Schmitz
La historia del fuego en la Amazonía durante los últimos 10.000 años está estrechamente vinculada con la presencia y las actividades humanas, según una nueva reconstrucción científica. El análisis sostiene que los incendios en la selva húmeda rara vez se originan y propagan sin una fuente de ignición humana, lo que cuestiona la antigua imagen de un territorio completamente intacto antes de la expansión moderna.
Los investigadores reunieron 1.361 dataciones de carbono 14 procedentes de 303 sitios distribuidos por la cuenca. Las muestras incluyeron fragmentos de carbón recuperados en suelos y materiales quemados encontrados en yacimientos arqueológicos, lo que permitió seguir cuándo y dónde apareció el fuego a lo largo del Holoceno.
El carbón preservó una cronología de antiguos incendios
El carbón vegetal puede permanecer enterrado durante miles de años después de un incendio. Al determinar su antigüedad mediante radiocarbono y relacionarla con el lugar de procedencia, los científicos reconstruyeron patrones espaciales y temporales que no podrían obtenerse únicamente mediante registros históricos o imágenes satelitales.
Del total compilado, 815 fechas correspondían a materiales arqueológicos quemados y 546 a fragmentos de carbón recuperados en investigaciones paleoecológicas. Después de excluir 32 registros modernos, el análisis trabajó con 1.329 dataciones representativas de incendios anteriores a 1950.
La distribución temporal reveló que el fuego era inexistente o extremadamente raro antes del establecimiento humano. Los primeros pobladores introdujeron fuentes de ignición en un ecosistema cuyos árboles y procesos ecológicos no se encuentran adaptados a incendios frecuentes como los de sabanas u otros paisajes naturalmente inflamables.
Las primeras quemas aparecieron en los bordes de la cuenca
La mayoría de los incendios más antiguos se concentró en regiones periféricas y en áreas próximas al cauce principal del río Amazonas. Estas zonas ofrecían rutas de desplazamiento, pesca, suelos aprovechables y acceso a otros recursos utilizados por las poblaciones antiguas.
La señal del fuego comenzó a extenderse geográficamente hace unos 6.000 años. Entre 3.000 y 2.000 años atrás alcanzó con mayor claridad los bosques centrales, hasta quedar registrada en todas las regiones analizadas y en sectores interiores de la selva.
Esta expansión no significa que toda la Amazonía fuera quemada de manera uniforme ni permanente. Los indicios muestran una distribución desigual, relacionada con asentamientos, vías fluviales, cultivo, manejo de plantas y otras formas de ocupación del territorio.
La investigación aporta contexto histórico a los estudios actuales sobre la degradación humana que afecta amplias áreas de la Amazonía, aunque distingue las prácticas antiguas de las presiones industriales contemporáneas.
La frecuencia del fuego cayó en dos etapas
Los registros de carbón muestran una disminución en dos fases durante los últimos siete siglos. La primera comenzó aproximadamente entre 700 y 500 años atrás, antes de que la influencia europea se extendiera ampliamente por la cuenca.
Los autores consideran que esta señal respalda la hipótesis del abandono temprano: determinadas poblaciones habrían dejado algunos asentamientos o reducido sus actividades antes de la llegada generalizada de los europeos, disminuyendo así la frecuencia de las quemas.
Una segunda reducción se produjo durante los últimos 400 años, después de la expansión colonial. Esta etapa coincide con el colapso demográfico indígena provocado por enfermedades introducidas, violencia, esclavización y desplazamientos, proceso conocido en la literatura científica como la Gran Mortandad.
Al disminuir drásticamente las poblaciones y el manejo territorial, numerosas áreas anteriormente utilizadas fueron abandonadas y recuperaron cobertura arbórea. El patrón registrado en el carbón aporta una evidencia adicional sobre la relación entre demografía, uso de la tierra y estructura forestal.
La Amazonía no fue un territorio humano vacío
El estudio cuestiona la idea de una selva completamente prístina, pero no sostiene que todo el bosque sea artificial. La Amazonía conserva procesos ecológicos, diversidad biológica y grandes extensiones cuya estructura responde principalmente a dinámicas naturales.
El aporte de la investigación consiste en mostrar que las sociedades indígenas han formado parte del sistema amazónico durante milenios. Mediante el fuego, el cultivo, el enriquecimiento de especies útiles y la modificación de suelos, distintas comunidades influyeron de manera localizada en la composición y distribución de la vegetación.
Las variaciones de la pirogeografía durante los últimos 2.000 años pudieron dejar efectos duraderos en los bosques actuales. Algunos patrones modernos de vegetación pueden reflejar tanto condiciones ambientales como antiguas decisiones humanas sobre qué áreas ocupar, cultivar o quemar.
El fuego tradicional no equivale a los incendios actuales
Reconocer una historia milenaria de quemas humanas no significa equiparar todas las formas de uso del fuego. Las prácticas indígenas y tradicionales suelen responder a conocimientos territoriales, estaciones determinadas y objetivos como preparar pequeñas áreas, favorecer recursos o mantener mosaicos de vegetación.
Los incendios contemporáneos pueden desarrollarse en paisajes profundamente alterados por carreteras, tala, expansión agropecuaria y fragmentación. La combinación de estas presiones con temperaturas altas y sequías prolongadas permite que las llamas escapen de áreas abiertas y penetren en bosques húmedos.
Una vez afectada, la selva puede quedar más seca y vulnerable a nuevos episodios. Investigaciones sobre el estrés prolongado de los bosques amazónicos quemados indican que los cambios en el dosel, la humedad y la temperatura pueden mantenerse durante décadas.
El riesgo también aumenta cuando se extiende la estación seca. Los análisis sobre las sequías más prolongadas en la Amazonía advierten que la pérdida de humedad, la degradación y las igniciones humanas forman una combinación capaz de facilitar incendios más extensos.
La historia del fuego aporta claves para la conservación
La reconstrucción ayuda a distinguir el papel humano histórico del peligro ambiental actual. Que las personas hayan utilizado fuego durante miles de años no demuestra que la selva tolere incendios frecuentes, intensos o extendidos sobre grandes superficies.
Esta diferencia resulta importante para las políticas de conservación. Prohibiciones generales que ignoren el conocimiento indígena pueden perjudicar prácticas tradicionales, mientras la falta de control sobre quemas asociadas con deforestación, apropiación de tierras y actividades extractivas aumenta el riesgo de degradación.
La caída reciente de la deforestación en la Amazonía brasileña constituye una señal favorable, pero no elimina los incendios, la tala selectiva ni los efectos de borde que pueden deteriorar el bosque sin retirar completamente su cobertura.
Los investigadores plantean que la historia ambiental debe incorporarse a las decisiones sobre restauración y manejo. Los registros arqueológicos, el carbón de los suelos, la ecología forestal y el conocimiento de las comunidades pueden ayudar a identificar dónde el fuego formó parte de prácticas antiguas y dónde representa una amenaza reciente para ecosistemas vulnerables.
Las herramientas modernas también amplían la vigilancia. El uso de inteligencia artificial para detectar incendios en la selva amazónica puede mejorar la rapidez de respuesta, siempre que se combine con prevención territorial, datos de campo y participación comunitaria.
La nueva pirogeografía presenta a la Amazonía como un paisaje en el que naturaleza y sociedades humanas han interactuado durante milenios. Esa historia no reduce la urgencia de proteger la selva: permite comprender mejor cómo se formaron sus bosques actuales y por qué las condiciones modernas pueden convertir el fuego en una amenaza de escala muy distinta.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Frontiers of Biogeography




