Sequías más largas en la Amazonía


Estudios liderados por el INPE advierten que la Amazonía brasileña ya vive escenarios climáticos previstos para las próximas décadas


Redactor: Luis Ortega
Editor: Karem Díaz S.

La Amazonía brasileña ya empieza a experimentar condiciones climáticas que antes se proyectaban para las próximas décadas. Dos estudios recientes liderados por científicos del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil, INPE, señalan una prolongación de la estación seca, cambios en los patrones de lluvia y mayor riesgo para la biodiversidad, la recarga de reservorios naturales de agua y el funcionamiento general del bosque.

Los trabajos advierten que, sin políticas integradas para enfrentar el cambio climático y reducir las presiones sobre la selva, la situación podría intensificarse con rapidez. La Amazonía no solo depende de la lluvia que recibe: también participa en la generación y reciclaje de humedad que sostiene parte del clima regional.

Uno de los estudios indica que la estación seca en la Amazonía se está extendiendo de cuatro a seis meses, con un déficit hídrico superior a 150 milímetros durante ese período. Esa transformación implica mayor inestabilidad climática, eventos extremos fuera de los patrones estacionales habituales y aumento de la degradación forestal asociada al fuego.

Una estación seca más larga

La prolongación de la estación seca modifica el equilibrio interno de la selva. Cuando el período sin lluvias se extiende, los árboles enfrentan más estrés hídrico, los suelos pierden humedad y aumenta la vulnerabilidad frente a incendios forestales.

En una selva tropical húmeda, pequeñas alteraciones repetidas pueden acumularse. Menos lluvia durante más tiempo reduce la capacidad del bosque para mantener su propia humedad y puede debilitar los mecanismos naturales que ayudan a sostener el ciclo del agua.

La señal observada por los científicos del INPE se suma a otras advertencias recientes sobre la región. En Brasil, la combinación de sequía, calor y pérdida de bosque ya ha sido descrita como parte de una crisis climática amazónica, visible en episodios de sequía extrema en la Amazonía.

Cambios en los patrones de lluvia

El segundo estudio analizado por el equipo brasileño apunta a cambios en los patrones de precipitación. La Amazonía no está recibiendo la lluvia de la misma manera ni en los mismos períodos que antes, lo que altera la reposición de agua en ríos, suelos y reservorios naturales.

La variación de las lluvias afecta directamente a la vegetación, pero también a comunidades humanas, biodiversidad, pesca, transporte fluvial y generación de energía. En una región donde los ríos son corredores de vida y movilidad, los cambios de precipitación tienen consecuencias que van más allá del bosque.

La pérdida de regularidad en las lluvias también favorece escenarios más difíciles de anticipar. La Amazonía puede enfrentar sequías más severas en algunos períodos y lluvias intensas en otros, una combinación que complica la adaptación ecológica y social.

El bosque y sus reservas de agua

La Amazonía funciona como un sistema que recicla humedad. Los árboles liberan vapor de agua hacia la atmósfera y ayudan a formar lluvias que vuelven a caer sobre la cuenca. Cuando el bosque se degrada o pierde cobertura, ese mecanismo se debilita.

Los estudios del INPE advierten que el cambio de régimen hídrico puede comprometer la recarga de reservorios naturales. Esto incluye aguas superficiales, humedad del suelo y sistemas subterráneos que sostienen la vegetación durante los meses secos.

El vínculo entre sequía y almacenamiento de agua ya ha sido observado en análisis sobre cómo El Niño puede agravar la reducción de aguas subterráneas y elevar el riesgo de incendios en la región amazónica, especialmente cuando el almacenamiento de agua subterránea está comprometido.

Más riesgo de incendios y degradación

La estación seca más extensa aumenta el riesgo de incendios. Aunque el fuego no forma parte natural del funcionamiento de grandes áreas de selva húmeda, la sequía, la deforestación y la actividad humana pueden crear condiciones propicias para que las llamas se propaguen.

Cuando el bosque se quema, no solo pierde árboles. También pierde humedad, estructura, biodiversidad y capacidad de capturar carbono. Además, los incendios pueden abrir la puerta a nuevos episodios de degradación, porque los bordes quemados quedan más secos y más vulnerables.

La preocupación crece porque las emisiones asociadas al fuego amazónico pueden ser mayores de lo estimado. Estudios recientes han advertido que las emisiones de los incendios forestales en el Amazonas podrían estar subestimadas, especialmente en escenarios de sequía y deforestación.

Biodiversidad bajo presión

La Amazonía alberga una de las mayores concentraciones de biodiversidad del planeta. Cambios persistentes en la duración de la estación seca y en la distribución de la lluvia pueden afectar árboles, animales, microorganismos, ríos y humedales.

Las especies adaptadas a condiciones húmedas pueden enfrentar más estrés si el ambiente se vuelve más seco durante períodos prolongados. Esto puede modificar la composición del bosque y favorecer especies más tolerantes a la sequía, mientras otras pierden capacidad de sobrevivir o reproducirse.

La degradación también puede reducir el papel de la selva como sumidero de carbono. La Amazonía ha sido clave en la regulación climática regional y global, pero su capacidad de absorber carbono se debilita cuando aumentan sequía, fuego y pérdida de cobertura vegetal.

Una advertencia para 2026 y 2027

Los estudios sirven como advertencia para los próximos años, especialmente ante la posibilidad de condiciones climáticas extremas asociadas a un fuerte evento de El Niño. En escenarios de mayor temperatura y menor humedad disponible, el riesgo para la selva puede aumentar rápidamente.

Los científicos insisten en la necesidad de políticas integradas. La respuesta no puede limitarse a una sola medida, porque el problema combina cambio climático global, deforestación, degradación, incendios, uso del suelo y presión sobre los recursos hídricos.

Brasil ha registrado avances recientes en la reducción de la deforestación, pero la degradación forestal sigue siendo una amenaza. Por eso, proteger la Amazonía exige controlar la pérdida de bosque, restaurar áreas afectadas y reducir los factores que alteran el régimen de lluvias.

El punto crítico de la selva

La Amazonía puede acercarse a umbrales ecológicos peligrosos si la estación seca continúa expandiéndose y si la degradación debilita su capacidad de reciclar humedad. En ese escenario, partes del bosque podrían volverse más secas, más inflamables y menos capaces de sostener su biodiversidad.

La deforestación agrava este riesgo porque reduce la capacidad del bosque para generar lluvia. Investigaciones recientes han advertido que la pérdida de árboles puede acelerar un punto de no retorno en la Amazonía, con consecuencias para el clima regional y la estabilidad del ecosistema.

Los resultados liderados por el INPE muestran que el futuro climático de la Amazonía ya empezó a manifestarse en el presente. Sequías más largas, lluvias alteradas y mayor riesgo de fuego no son señales aisladas, sino síntomas de una transformación que exige acción coordinada antes de que el margen de respuesta sea menor.

Fuente(s) referenciales

Phys.org — Longer droughts and changes in rainfall are already occurring in the Amazon, research indicates