Las imágenes de radar muestran movimientos de hasta 60 centímetros cerca de Caracas y La Guaira tras los sismos de magnitudes 7,2 y 7,5 registrados el 24 de junio de 2026
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Los terremotos que sacudieron el norte de Venezuela el 24 de junio de 2026 provocaron desplazamientos significativos de la superficie terrestre en Caracas, La Guaira y otros sectores de la costa central. Los movimientos fueron identificados mediante imágenes captadas por el satélite NISAR, una misión conjunta de la NASA y la Organización India de Investigación Espacial.
El análisis permitió observar cómo algunas áreas se desplazaron hacia el este y hacia arriba, mientras otras se movieron hacia el oeste y hacia abajo. La mayor parte de la deformación fue horizontal, debido al tipo de movimiento ocurrido a lo largo de la falla responsable de los terremotos.
Los mapas aportan una nueva visión sobre la ruptura tectónica y ayudan a explicar por qué determinadas zonas sufrieron daños especialmente graves. El resultado también refuerza la importancia del monitoreo satelital después de los terremotos, una herramienta capaz de detectar cambios del terreno incluso en áreas de difícil acceso.
Dos grandes terremotos separados por menos de un minuto
La secuencia comenzó con un terremoto de magnitud 7,2 en el norte de Venezuela. Apenas 39 segundos después se produjo un segundo sismo de magnitud 7,5, considerado el evento principal.
Los movimientos ocurrieron cerca del límite entre la placa del Caribe, situada al norte, y la placa Sudamericana, al sur. En esta región existe una red compleja de fallas que acumula tensión por el desplazamiento continuo de ambas placas.
La secuencia estuvo relacionada probablemente con el sistema de fallas de San Sebastián y pudo involucrar también sectores vinculados con el sistema de Boconó. Estas estructuras forman parte del contexto tectónico que mantiene activo el riesgo sísmico en el norte venezolano.
La combinación de dos eventos de gran magnitud en menos de un minuto convirtió la secuencia en un doblete sísmico especialmente destructivo. El segundo terremoto ocurrió cuando las estructuras, los servicios y la población apenas comenzaban a reaccionar ante la primera sacudida.
Imágenes tomadas antes y después de los terremotos
El mapa de desplazamiento fue elaborado con datos del Radar de Apertura Sintética NASA-ISRO, conocido como NISAR. El equipo científico de la misión, con participación del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, procesó las observaciones obtenidas durante cuatro pasadas del satélite.
Las imágenes posteriores a los terremotos fueron adquiridas los días 25 y 30 de junio. Para establecer cuánto se había desplazado el terreno, los científicos las compararon con observaciones realizadas el 13 y el 18 de junio, antes de la secuencia sísmica.
El procedimiento utilizado se denomina interferometría de radar de apertura sintética o InSAR. La técnica compara imágenes captadas desde posiciones orbitales semejantes y permite detectar variaciones en la distancia entre el satélite y la superficie.
Este sistema puede registrar deformaciones que no siempre son visibles desde el terreno. También funciona durante la noche y puede atravesar la cobertura de nubes, una ventaja importante para evaluar rápidamente los efectos de terremotos, erupciones volcánicas, deslizamientos y hundimientos.
El suelo se movió hacia el este y el oeste
NISAR observa la Tierra con un ángulo aproximado de 40 grados respecto de la vertical. Esta geometría permite captar una combinación de movimientos horizontales y verticales.
En el mapa elaborado por la NASA, las zonas representadas en rojo indican terrenos que se desplazaron hacia el este y hacia arriba. Las áreas azules corresponden a movimientos hacia el oeste y hacia abajo.
Debido a que la ruptura se produjo sobre una falla de deslizamiento lateral, la mayor parte del movimiento observado fue horizontal. En este tipo de falla, dos bloques de la corteza se desplazan lateralmente uno respecto del otro.
Las zonas blancas del mapa presentan poco o ningún movimiento detectado en la dirección observada por el radar. Una franja estrecha situada cerca de Morón marca aproximadamente el lugar donde la falla se rompió en profundidad.
Hasta 60 centímetros de desplazamiento cerca de La Guaira
La deformación más intensa fue observada cerca de Caracas y del estado La Guaira. Al sur de una sección de la falla situada cerca del aeropuerto internacional, el terreno llegó a desplazarse hasta 60 centímetros hacia el oeste.
La ruptura avanzó inicialmente mar adentro y hacia el este. Posteriormente regresó a tierra firme cerca del aeropuerto internacional ubicado al norte de Caracas, generando una distribución compleja de movimientos a ambos lados de la falla.
Eric Fielding, geofísico del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, explicó que estos desplazamientos ayudan a entender por qué los daños fueron tan extremos en Caracas y La Guaira. La ubicación de las ciudades respecto de la ruptura y la intensidad del movimiento superficial influyeron directamente en los efectos observados.
La deformación detectada no implica que toda la superficie se desplazara exactamente en la misma dirección o magnitud. Los movimientos variaron a lo largo de la falla, debido a diferencias en la profundidad de la ruptura, la geometría tectónica y las características de los materiales del subsuelo.
La ruptura alcanzó la superficie de manera desigual
Los terremotos liberan energía cuando dos bloques de roca que permanecían trabados se desplazan repentinamente. El movimiento comienza en profundidad y puede propagarse a lo largo de decenas o cientos de kilómetros de una falla.
La deformación que alcanza las capas superficiales no siempre se concentra en una línea única. El tipo de suelo y la estructura de los materiales cercanos pueden ampliar o distribuir la ruptura en varias fracturas.
Investigaciones recientes han mostrado que la densidad del suelo puede modificar las rupturas superficiales. Esta interacción es relevante para carreteras, viviendas, tuberías, aeropuertos y otras infraestructuras construidas cerca de fallas activas.
Los mapas satelitales permiten identificar las zonas donde la deformación fue mayor, pero deben combinarse con inspecciones en tierra, registros sísmicos y estudios geológicos para evaluar los daños y comprender completamente el comportamiento de la ruptura.
Los datos permitieron mejorar el modelo de la falla
El Servicio Geológico de Estados Unidos utilizó la información de NISAR para perfeccionar su modelo de deslizamiento de la falla. Este tipo de representación, denominado modelo de falla finita, estima cómo se movieron diferentes segmentos de la ruptura bajo la superficie.
Los datos resultaron particularmente útiles para analizar la sección oriental de la falla, donde la ruptura cambió su trayectoria y volvió a penetrar en tierra firme. Una descripción más precisa de ese movimiento ayuda a relacionar la geometría de la falla con la intensidad de las sacudidas.
Comprender cómo se propagó la ruptura también permite revisar los mapas de amenaza sísmica y los escenarios utilizados para planificar infraestructuras. Las zonas próximas a una falla pueden experimentar movimientos muy diferentes incluso cuando se encuentran a distancias semejantes del epicentro.
El análisis se suma a los trabajos sobre la preparación sísmica de Venezuela, donde la vulnerabilidad de las edificaciones, la planificación urbana y la capacidad de respuesta influyen tanto como la magnitud del terremoto en la gravedad final del desastre.
La primera gran prueba del sistema urgente de NISAR
Los mapas fueron entregados mediante el sistema de respuesta urgente de NISAR. Este mecanismo puede procesar y distribuir información preliminar entre 12 y 24 horas después de un desastre para apoyar las operaciones de emergencia.
El procesamiento rápido utiliza inicialmente datos previstos sobre la órbita del satélite. Posteriormente, los mapas se vuelven a calcular con información orbital más precisa, normalmente dentro de uno o dos días.
La secuencia venezolana fue la primera ocasión en que el sistema de respuesta urgente de NISAR se utilizó para cartografiar la deformación superficial causada por un gran terremoto.
Esta capacidad puede ayudar a orientar reconocimientos, identificar corredores de infraestructura afectados y priorizar zonas donde se necesitan evaluaciones detalladas. Los mapas no sustituyen las inspecciones de campo, pero permiten establecer rápidamente una visión regional de la deformación.
La vigilancia continúa después de la primera sacudida
Los efectos de un terremoto de gran magnitud no terminan cuando cesa el movimiento principal. Las réplicas pueden continuar durante semanas o meses y afectar edificios, laderas e infraestructuras que ya quedaron debilitados.
Las regiones montañosas también pueden presentar deslizamientos desencadenados por las sacudidas. El Servicio Geológico de Estados Unidos estimó que la secuencia venezolana podía haber provocado movimientos de ladera significativos en número o extensión.
Los datos de radar permiten repetir las observaciones y comprobar si determinadas zonas siguen deformándose. Esta vigilancia puede revelar deslizamientos lentos, reajustes del terreno o cambios asociados con réplicas posteriores.
El mapa obtenido después de los terremotos del 24 de junio documenta una ruptura que atravesó sectores marinos y continentales antes de acercarse nuevamente a la costa central. La franja de movimientos de hasta 60 centímetros cerca de Caracas y La Guaira muestra la escala de la deformación que acompañó a una de las secuencias sísmicas más graves registradas recientemente en Venezuela.
Fuente(s) referenciales
Meteored – Revista del Aficionado a la Meteorología
