Tras el doble golpe sísmico en el norte venezolano, especialistas de Northeastern University subrayaron que la resiliencia ante terremotos depende tanto de la infraestructura como de la organización comunitaria.
Redactor: Javier Morales O.
Editor: Karem Díaz S.
Los terremotos consecutivos registrados en el norte de Venezuela reactivaron la discusión internacional sobre la preparación de ciudades y comunidades expuestas a riesgo sísmico. La emergencia dejó más de 500 fallecidos y miles de heridos, y llevó a expertos en resiliencia a recordar que los grandes desastres no dependen solo de la magnitud del movimiento, sino también de la capacidad de respuesta previa.
El caso venezolano fue analizado por especialistas de Northeastern University como una advertencia para otras regiones vulnerables, en especial California, uno de los territorios con mayor historial sísmico de Estados Unidos. La comparación apunta a una idea central: la preparación no puede limitarse a edificios resistentes, sino que debe incluir redes sociales, planes locales y coordinación entre vecinos.
Venezuela y el impacto de un doble evento sísmico
La secuencia venezolana ocurrió el 24 de junio y fue descrita como un doble impacto sísmico en el norte del país. Su magnitud destructiva volvió a poner en primer plano la vulnerabilidad de áreas urbanas ubicadas cerca de fallas activas y con alta densidad de población.
En Noticias de la Tierra, el fenómeno ya había sido explicado como un doblete sísmico en Venezuela, una secuencia en la que dos terremotos principales ocurrieron con muy poca separación temporal y no como el patrón clásico de un sismo principal seguido por una réplica menor.
La emergencia también generó una estimación humanitaria de gran escala. Naciones Unidas calculó millones de personas afectadas por los terremotos, lo que muestra cómo un evento geológico puede convertirse rápidamente en una crisis de vivienda, salud, transporte, agua, comunicaciones y respuesta institucional.
California observa el riesgo desde su propia falla
California aparece en el análisis porque concentra un largo historial de terremotos destructivos y se ubica sobre sistemas de fallas activas, incluida la falla de San Andrés. Desde 1769, el estado ha registrado 15 terremotos de magnitud 7,0 o superior, de acuerdo con datos del Servicio Geológico de Estados Unidos citados por Phys.org.
El mismo día de los terremotos en Venezuela, California registró un sismo de magnitud 5,6. Aunque fue muy inferior al desastre venezolano, recordó que la amenaza sísmica sigue activa y que los movimientos moderados pueden servir como ensayo real para revisar sistemas de alerta, respuesta y continuidad de servicios.
Ese evento fue reseñado como un terremoto en el norte de California, con caída de objetos, cortes eléctricos y evaluación posterior de carreteras, edificios y servicios básicos.
La infraestructura no basta sin comunidad
Jerome Haffar, profesor distinguido de Northeastern University y director del Laboratory for Structural Testing of Resilient and Sustainable Systems, advirtió que los sismólogos siguen preocupados por la posibilidad de un gran terremoto a lo largo de la falla de San Andrés, especialmente en el norte y sur de California.
Sin embargo, los expertos consultados subrayaron que la resiliencia no depende únicamente de normas de construcción o refuerzo estructural. En un desastre, las primeras personas que auxilian a los afectados suelen ser vecinos, familiares y miembros de la propia comunidad antes de que lleguen los equipos oficiales.
Daniel Aldrich, profesor de Northeastern University y director del Resilience Studies Program, sostuvo que el capital social puede influir de manera decisiva en la supervivencia y recuperación tras una crisis. Su planteamiento se basa en investigaciones sobre terremotos históricos como Tokio 1923 y Kobe 1995.
Redes vecinales, simulacros y confianza
Aldrich propone entender la resiliencia como una cultura y no solo como un plan escrito. En zonas sísmicas, eso implica simulacros recurrentes, asociaciones vecinales, redes de ayuda mutua, listas de contacto y conocimiento básico sobre quiénes viven alrededor, especialmente si hay adultos mayores, personas enfermas o residentes con movilidad reducida.
La preparación comunitaria puede marcar diferencias durante las primeras horas, cuando las comunicaciones fallan, las rutas quedan bloqueadas o las autoridades no llegan con suficiente rapidez. Por eso, la planificación sísmica debe integrar infraestructura, salud pública, transporte, energía, agua y organización social.
La dimensión física del riesgo también sigue siendo fundamental. Estudios recientes sobre rupturas superficiales durante terremotos muestran que la respuesta del terreno puede ampliar daños en caminos, viviendas, tuberías, canales y otras obras civiles.
Terremotos difíciles de anticipar
Auroop Ganguly, profesor distinguido de ingeniería civil y ambiental en Northeastern University y científico jefe del Pacific Northwest National Laboratory del Departamento de Energía de Estados Unidos, explicó que California funciona como un territorio de aprendizaje para la gestión de extremos relacionados con desastres.
Ganguly recordó que los terremotos son más difíciles de planificar que otros riesgos como ciclones tropicales o incendios forestales. En esos casos, las condiciones atmosféricas y las temporadas de riesgo permiten cierto seguimiento anticipado; en cambio, los sismos no pueden predecirse de forma inmediata con precisión operativa.
La ciencia sí puede identificar zonas de mayor probabilidad, estudiar fallas activas y modelar escenarios de movimiento del suelo. Investigaciones sobre registros sísmicos cercanos a fallas buscan mejorar la comprensión de cómo se propaga y se detiene una ruptura durante un terremoto.
Prepararse antes del próximo gran sismo
Serena Alexander, profesora asociada de ingeniería civil y ambiental en Northeastern University y exinvestigadora visitante en política climática y resiliencia del Departamento de Transporte de Estados Unidos, señaló que estados como California, Massachusetts y Colorado han sido referentes en planificación de desastres, aunque persisten vacíos de preparación a escala estatal y federal.
San Francisco, por ejemplo, propuso un bono de 535 millones de dólares para seguridad sísmica y respuesta de emergencia, orientado a reforzar instalaciones de primeros respondedores y mejorar la capacidad de recuperación ante un gran evento.
La lección que deja Venezuela para otras regiones sísmicas es concreta: la preparación debe empezar antes del desastre. Sistemas de construcción seguros, servicios esenciales protegidos, planificación pública, simulacros y redes comunitarias pueden reducir víctimas y acelerar la recuperación cuando la tierra vuelva a moverse.
Fuente(s) referenciales
