La NOAA estima una probabilidad del 81 % de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte entre octubre y diciembre de 2026, mientras la cizalladura del viento podría limitar la formación de ciclones en el Atlántico.
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Karem Díaz S.
El Niño ya se encuentra consolidado en el océano Pacífico tropical y podría intensificarse durante los próximos meses hasta convertirse en uno de los episodios más fuertes observados desde 1950. Su evolución está modificando las previsiones climáticas para el sur de Florida, donde se anticipa una temporada de huracanes menos activa, seguida por un invierno más frío, lluvioso e inestable de lo habitual.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) confirmó el 9 de julio de 2026 que el fenómeno se fortaleció notablemente durante el último mes. Las temperaturas del mar en el extremo oriental del Pacífico ecuatorial llegaron a situarse hasta 2,7 °C por encima de los valores normales.
El calentamiento se produce mientras los científicos mantienen bajo vigilancia la evolución de una extensa masa de agua cálida que avanza por el Pacífico ecuatorial, una de las señales oceánicas asociadas al desarrollo del fenómeno.
Una probabilidad elevada de alcanzar intensidad muy fuerte
Los modelos climáticos de la NOAA calculan una probabilidad del 81 % de que El Niño alcance la categoría de “muy fuerte” entre octubre y diciembre de 2026. De concretarse, se ubicaría entre los episodios más intensos registrados durante los últimos 75 años.
Desde 1950, solo siete episodios han alcanzado esa clasificación. La NOAA también estima una probabilidad del 97 % de que El Niño permanezca activo hasta la primavera boreal de 2027.
Algunos modelos del Centro Europeo de Predicción Meteorológica indican que las temperaturas del Pacífico podrían superar en más de 3 °C el promedio durante septiembre. Sin embargo, la intensidad final dependerá de la interacción entre el océano y la atmósfera durante los próximos meses.
El fortalecimiento ocurre además sobre un sistema oceánico especialmente cálido. Las mediciones recientes muestran que los océanos registraron temperaturas superficiales extraordinarias durante junio, una condición que incrementa la atención sobre los posibles efectos climáticos de El Niño durante 2026 y 2027.
Por qué El Niño puede reducir los huracanes del Atlántico
El Niño es un patrón climático natural caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico tropical central y oriental. Este cambio modifica la circulación atmosférica, los vientos y la distribución de las lluvias en distintas regiones del planeta.
En el océano Atlántico, uno de sus efectos más importantes es el aumento de la cizalladura vertical del viento. Este fenómeno ocurre cuando los vientos cambian de velocidad o dirección a diferentes alturas, dificultando que las tormentas tropicales mantengan una estructura organizada.
La cizalladura puede inclinar o desintegrar los sistemas antes de que logren fortalecerse. Ese mecanismo ayuda a explicar por qué El Niño suele reducir la actividad de huracanes en el Atlántico, aunque no elimina la posibilidad de impactos graves.
Nueve tormentas con nombre previstas para 2026
La Universidad Estatal de Colorado actualizó el 8 de julio su pronóstico para la temporada atlántica y redujo a nueve el número esperado de tormentas con nombre. El promedio histórico es de aproximadamente 14 sistemas nombrados por temporada.
La previsión contempla cuatro huracanes, entre ellos uno que podría alcanzar la categoría 3 o una intensidad superior. La probabilidad estimada de que un huracán mayor toque tierra en Estados Unidos descendió al 17 %, frente a un promedio histórico del 43 %.
El especialista en huracanes Michael Lowry, de la estación WPLG-TV, indicó que la cizalladura del viento observada sobre el mar Caribe era la segunda más elevada registrada para comienzos de julio.
Estas condiciones respaldan la posibilidad de una temporada menos activa que las de años recientes. En 2020 se formaron 30 tormentas con nombre y en 2021 se contabilizaron 21.
Una temporada tranquila no significa ausencia de peligro
La reducción prevista de la actividad no garantiza que Florida u otras regiones costeras queden fuera de peligro. Un solo ciclón que alcance tierra puede producir marejadas, inundaciones, daños por viento y pérdidas humanas, incluso durante una temporada con pocas tormentas.
La preparación continúa siendo necesaria porque los pronósticos estacionales estiman la actividad total de la cuenca, pero no permiten determinar con meses de anticipación dónde se formará cada tormenta ni qué zonas podrían recibir un impacto directo.
La vigilancia resulta especialmente relevante para los estados con mayor exposición costera. Florida, Luisiana, Texas, Alabama, Misisipi y las Carolinas figuran entre las áreas analizadas por su riesgo frente a los huracanes de la temporada de 2026.
Un invierno más lluvioso para el sur de Florida
Aunque El Niño puede limitar la formación de huracanes en el Atlántico, sus efectos podrían hacerse más visibles en Florida durante el invierno boreal. El fenómeno suele alcanzar su mayor influencia atmosférica entre diciembre y marzo.
Para el sur de Florida se prevé un invierno más frío y lluvioso que el habitual, acompañado de una mayor posibilidad de tormentas severas, inundaciones en zonas bajas y tornados asociados al paso de frentes fríos.
El antecedente más reciente de un episodio robusto fue el invierno de 2015-2016. En aquella temporada, enero de 2016 se convirtió en el mes más lluvioso registrado en numerosos puntos del sur de Florida.
El Distrito de Gestión del Agua del Sur de Florida determinó que ese fue el invierno más húmedo observado en la región desde 1932. Durante los primeros tres meses de 2016 también se confirmaron nueve tornados.
La evolución todavía depende del Pacífico
Los pronósticos estacionales representan tendencias y no resultados seguros. La magnitud de las lluvias, las tormentas y los cambios de temperatura en Florida dependerá de cuánto se intensifique El Niño y de cómo responda la circulación atmosférica durante el otoño y el invierno.
Las investigaciones también buscan comprender mejor los procesos que regulan su intensidad. Estudios recientes han analizado cómo el calentamiento diario de la superficie oceánica puede influir en la fuerza de El Niño y en la transferencia de energía entre el mar y la atmósfera.
La NOAA publicará el 13 de agosto de 2026 su próxima actualización del diagnóstico sobre El Niño-Oscilación del Sur. Hasta entonces, las autoridades federales y los servicios meteorológicos continuarán observando las temperaturas del Pacífico, la cizalladura en el Caribe y los cambios en la circulación atmosférica.
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