Simulaciones de miles de temporadas revelan que las islas británicas son la zona europea más expuesta a vientos y lluvias de tormentas originadas en latitudes tropicales
Redactor: Santiago Duarte
Editor: Eduardo Schmitz
Reino Unido e Irlanda concentran la mayor probabilidad de sufrir impactos de ciclones de origen tropical que alcanzan Europa, según una investigación dirigida por la Universidad de Birmingham. El estudio utilizó miles de temporadas simuladas para evaluar fenómenos poco frecuentes que pueden generar vientos destructivos y precipitaciones intensas después de desplazarse hacia el norte del Atlántico.
Los resultados, publicados en la revista Geophysical Research Letters, indican que Irlanda presenta la mayor exposición relativa a los efectos del viento, seguida por Reino Unido, Bélgica y Países Bajos. Los investigadores aclaran que estos porcentajes no representan la probabilidad anual de que un huracán golpee cada país, sino la distribución geográfica de los impactos entre los ciclones tropicales que consiguen afectar Europa.
Los ciclones tropicales pueden transformarse antes de llegar a Europa
Los ciclones tropicales se forman sobre aguas cálidas de latitudes bajas, donde obtienen energía del calor y la humedad del océano. Algunos sistemas curvan posteriormente su trayectoria hacia el norte y entran en contacto con la circulación atmosférica de las latitudes medias.
Durante ese recorrido pueden atravesar una transición extratropical, proceso en el que pierden parte de su estructura tropical y comienzan a alimentarse de contrastes de temperatura y de su interacción con otros sistemas meteorológicos. Aunque dejen de parecerse a un huracán clásico, todavía pueden conservar o recuperar capacidad para producir vientos intensos y lluvias abundantes.
Esta evolución guarda relación con las diferencias entre tormentas tropicales, subtropicales y extratropicales, cuyas estructuras y fuentes de energía no son idénticas pese a que todas pueden ocasionar condiciones meteorológicas peligrosas.
Las simulaciones multiplicaron el número de tormentas analizadas
La escasez de precedentes históricos dificulta calcular la frecuencia y gravedad de estos episodios. Desde 1990, los investigadores identificaron solamente dos ciclones tropicales con nombre que causaron grandes desastres en Europa occidental: Lili, en 1996, y Leslie, en 2018.
Para superar esa limitación, el equipo aplicó el método UNSEEN, sigla inglesa de Simulación de Extremos sin Precedentes mediante Conjuntos. La técnica utiliza pronósticos retrospectivos para generar tormentas físicamente posibles que no necesariamente ocurrieron en el registro observado.
Los científicos construyeron dos conjuntos que abarcaron 2.750 y 4.400 temporadas modeladas. Frente a los 55 ciclones de origen tropical identificados en el registro atmosférico utilizado como referencia, las simulaciones proporcionaron aproximadamente 45 y 69 veces más fenómenos para estudiar trayectorias y posibles impactos.
Este tipo de modelización complementa los esfuerzos destinados a determinar el valor de pronosticar huracanes con mayor precisión, debido a que una evaluación más completa del peligro permite mejorar alertas, decisiones preventivas y planificación territorial.
Irlanda encabeza la exposición a los vientos
Los conjuntos simulados mostraron un patrón consistente: los ciclones tropicales que llegan al continente tienen mayor probabilidad de causar daños en Europa occidental que en las regiones orientales. Las islas británicas destacaron claramente dentro de esa distribución.
Entre los ciclones de origen tropical con impactos europeos, Irlanda registró una probabilidad estimada de afectación por viento de entre 13,1% y 13,5%. Reino Unido presentó valores de entre 11,4% y 12,3%, mientras Bélgica se situó entre 9,5% y 10,9% y Países Bajos entre 9,3% y 11,2%.
Para los impactos potenciales por lluvia, Irlanda volvió a ocupar el primer lugar, con valores de entre 4,8% y 5,6%, seguida por Reino Unido, con entre 4,3% y 5,1%. El estudio encontró que la superficie expuesta a vientos extremos suele ser más extensa que la afectada por precipitaciones excepcionales.
La vigilancia debe mantenerse incluso durante temporadas atlánticas con menor actividad general. Las previsiones sobre la posible reducción de huracanes por influencia de El Niño no permiten anticipar la trayectoria ni los efectos de cada ciclón que llegue a desarrollarse.
Lili sirve como referencia para estimar el peligro
El equipo utilizó al huracán Lili como referencia de un episodio con consecuencias graves. El sistema alcanzó Europa occidental en 1996 y ocasionó daños superiores a 300 millones de dólares, por lo que sobresale en el registro analizado por la intensidad regional de sus vientos.
Las simulaciones indican que un fenómeno con efectos comparables podría presentarse aproximadamente una vez cada 21 a 33 años. Este resultado sugiere que tormentas de esa severidad son menos excepcionales de lo que podría deducirse únicamente de los registros históricos disponibles.
Los conjuntos también produjeron escenarios más extremos. Una tormenta con el doble del impacto eólico de Lili tendría un período de retorno estimado de entre 48 y 92 años. Incluso aparecieron simulaciones con una gravedad regional diez veces mayor, aunque corresponden a posibilidades mucho menos frecuentes y no constituyen predicciones de fenómenos concretos.
Las condiciones meteorológicas determinan el impacto final
Los investigadores analizaron si la Oscilación Multidecadal del Atlántico y la Oscilación Decadal del Pacífico controlaban la probabilidad de que estos ciclones causaran daños en Europa. No encontraron una relación clara entre las fases de esos ciclos y la conversión de una tormenta que llega al continente en un episodio con impactos significativos.
La peligrosidad parece depender principalmente de las condiciones atmosféricas que encuentra cada sistema durante su recorrido. La interacción con la corriente en chorro, las vaguadas y otros componentes de la circulación de latitudes medias puede favorecer una nueva intensificación durante la transición extratropical.
El estudio tampoco encontró una señal robusta atribuible al cambio climático en esa relación específica. Los autores advierten que esta ausencia no demuestra que el calentamiento global carezca de influencia sobre el riesgo futuro, porque las limitaciones de los datos históricos y de los modelos pueden impedir la detección de tendencias.
La exposición europea también debe interpretarse dentro de un Atlántico cambiante. Investigaciones sobre la posible formación de grupos de huracanes en el Atlántico Norte muestran que el calentamiento puede modificar distintas dimensiones de la actividad ciclónica, aunque no determine por sí solo dónde impactará cada tormenta.
Los resultados respaldan la necesidad de incluir estos fenómenos poco frecuentes en los planes de prevención de Irlanda, Reino Unido y el litoral atlántico europeo. La preparación debe contemplar daños simultáneos en viviendas, redes eléctricas, transporte, costas y sistemas de drenaje, además de la posibilidad de que una tormenta tropical cambie rápidamente de estructura mientras se aproxima al continente.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Geophysical Research Letters




