La metodología incorpora lesiones, evacuaciones, activos protegidos y pérdida de credibilidad para medir cuánto puede ahorrar una alerta ciclónica precisa
Redactor: Luis Ortega
Editor: Eduardo Schmitz
Investigadores de Estados Unidos desarrollaron un modelo económico que amplía la forma de valorar los pronósticos de huracanes al incorporar costos humanos, operativos y sociales que normalmente quedan fuera de los balances de daños. La herramienta fue probada en bases militares expuestas a ciclones tropicales y podría adaptarse a ciudades, islas y comunidades costeras.
El trabajo fue dirigido por la estadística Sneh Gulati, de la Universidad Internacional de Florida, junto con Charles R. Sampson, antiguo meteorólogo del Laboratorio de Investigación Naval de Estados Unidos en Monterey. También participaron Madeline Laesser, del Instituto de Tecnología de Georgia, y Allan Howard, de Devine Consulting.
El estudio, publicado en marzo de 2026 en la revista Natural Hazards, calcula el valor de un pronóstico mediante la comparación entre el costo de prepararse y las pérdidas que podrían producirse si una instalación no toma suficientes precauciones. A los daños materiales considerados en un modelo anterior, los autores añadieron evacuaciones, lesiones y deterioro de la confianza en las alertas.
Prepararse demasiado pronto también tiene un costo
Las autoridades deben tomar decisiones antes de conocer con certeza la trayectoria, intensidad y extensión de una tormenta. Aumentar los niveles de preparación puede implicar cerrar instalaciones, asegurar edificios, evacuar personal, suspender operaciones y trasladar barcos, aeronaves, equipos o suministros.
Estas medidas reducen la exposición si el ciclón finalmente llega, pero generan gastos cuando el sistema cambia de trayectoria o pierde intensidad. El problema consiste en equilibrar dos riesgos: movilizar recursos innecesariamente o esperar demasiado y dejar personas e infraestructura expuestas.
Los modelos económicos de costo-pérdida comparan el desembolso necesario para protegerse con el daño esperado si no se actúa. La nueva propuesta amplía ese esquema para representar mejor las decisiones de preparación en lugares concretos, donde las características de la población y de los activos son diferentes.
La precisión resulta especialmente importante cuando un ciclón puede intensificarse con rapidez. Los avances en la anticipación de la intensificación rápida de huracanes pueden conceder más tiempo para revisar rutas de evacuación, reforzar centros de emergencia y trasladar recursos críticos.
Cada lesión fue valorada en 133.066 dólares
Para estimar el componente humano, el equipo analizó décadas de información sobre ciclones tropicales y consideró la intensidad de los sistemas y los niveles de preparación. El cálculo asignó a cada lesión un costo económico promedio de 133.066 dólares.
La cifra no representa únicamente la factura inmediata de una atención hospitalaria. La valoración económica de las lesiones puede incluir tratamiento médico, rehabilitación, pérdida de productividad y otros efectos asociados, aunque el monto real varía considerablemente según la gravedad y las circunstancias de cada persona.
Incorporar este componente modifica el balance de una decisión preventiva. Una evacuación puede resultar costosa, pero no realizarla ante un impacto correctamente pronosticado puede generar lesiones cuyo costo humano y económico supera ampliamente el gasto de preparación.
Los autores presentan esta valoración como una aproximación necesaria para el modelo, no como un precio uniforme aplicable a todas las víctimas. Los desastres producen impactos que dependen de edad, salud, ocupación, acceso a atención sanitaria y duración de las secuelas.
Las bases militares ofrecieron una prueba a escala real
El modelo fue aplicado a instalaciones militares estadounidenses vulnerables a ciclones tropicales. Estas bases establecen condiciones progresivas de preparación a medida que una tormenta se aproxima, por lo que ofrecen un escenario con decisiones, poblaciones y activos identificables.
En una instalación pequeña como Chinhae-Pohang, con aproximadamente 500 integrantes, la metodología estimó ahorros cercanos a 200.000 dólares por evento pronosticado. En la base naval de Yokosuka, con una población militar estadounidense calculada en 24.000 personas y una flota de buques que debe desplazarse para protegerse, la estimación superó los 70 millones de dólares por evento.
La amplia diferencia responde al tamaño de las instalaciones, la cantidad de personas y el valor de los activos expuestos. No constituye una previsión del daño que producirá una tormenta específica, sino una estimación del beneficio económico asociado con utilizar pronósticos técnicamente competentes para decidir cuándo prepararse.
La exposición también cambia entre territorios civiles. Florida, Luisiana, Texas, Alabama, Misisipi y las Carolinas concentran infraestructura, población y actividades económicas vulnerables, como detalla el análisis sobre los estados estadounidenses con mayor riesgo durante la temporada de huracanes de 2026.
Una falsa alarma puede debilitar alertas posteriores
El modelo incluye la credibilidad del pronóstico porque las decisiones no dependen exclusivamente de la información meteorológica. Una secuencia de falsas alarmas puede reducir la disposición de autoridades y residentes a responder ante una nueva advertencia, incluso cuando el peligro posterior sea mayor.
La pérdida de confianza no se produce automáticamente después de cada error. También influyen la claridad con que se comunique la incertidumbre, la coherencia entre instituciones, la experiencia previa de la comunidad y la explicación ofrecida después de que el fenómeno cambie de trayectoria.
Un pronóstico probabilístico no promete que la tormenta llegará a un punto determinado. Expresa escenarios y niveles de riesgo que pueden cambiar con nuevas observaciones. Comunicar esa diferencia permite que una medida preventiva sea entendida como una decisión tomada con la mejor información disponible y no necesariamente como un fracaso cuando el impacto no ocurre.
La relación entre comprensión y respuesta quedó reflejada en una investigación sobre el nuevo mapa de alertas del Centro Nacional de Huracanes. Aunque el diseño facilitó identificar las zonas bajo vigilancia, reconocer el área marcada no garantizó que las personas percibieran el riesgo o decidieran protegerse.
El valor del pronóstico depende de cómo se utiliza
Una mejora meteorológica solo produce beneficios si la información llega a quienes toman decisiones, se interpreta correctamente y activa planes viables. Una comunidad puede recibir una alerta precisa y continuar expuesta si carece de transporte, refugios, rutas seguras o recursos para abandonar su vivienda.
El costo de evacuar tampoco se distribuye de manera uniforme. Las familias pueden perder ingresos, pagar alojamiento y transporte, interrumpir tratamientos médicos o desplazarse con niños, personas mayores y animales. Las autoridades deben movilizar policía, personal sanitario, centros de acogida y sistemas de comunicación.
Por esa razón, el valor económico de una alerta debe relacionarse con la preparación previa. Las recomendaciones ante inundaciones y evacuaciones de emergencia subrayan que las decisiones correctas varían según la geografía, el tiempo disponible y el comportamiento del agua.
La precisión tampoco elimina la incertidumbre inherente a los ciclones. Los modelos pueden cometer errores en trayectoria, intensidad, velocidad de desplazamiento, extensión del viento o volumen de lluvia. El objetivo económico no consiste en exigir pronósticos perfectos, sino en medir cuánto mejora una previsión técnicamente hábil frente a otras alternativas.
El método puede trasladarse a ciudades e islas
Los autores señalan que la metodología podría aplicarse con modificaciones limitadas a áreas metropolitanas, islas, comunidades costeras e incluso países pequeños. Cada territorio necesitaría incorporar sus propios costos de evacuación, características demográficas, infraestructura, capacidad sanitaria y activos expuestos.
Una aplicación civil debería considerar además viviendas, comercios, carreteras, redes eléctricas, hospitales, puertos, aeropuertos y sistemas de agua. También tendría que representar a personas que no pueden evacuar o que dependen de servicios continuos.
El modelo no calcula todos los efectos económicos y sociales de un huracán. Pérdidas prolongadas de empleo, desplazamiento permanente, interrupciones educativas, daños ambientales y consecuencias para la salud mental pueden extenderse durante meses o años y son difíciles de expresar mediante una sola cifra.
Su aportación principal es ampliar la valoración de los pronósticos más allá de edificios y vehículos. Al incluir personas, operaciones preventivas y credibilidad institucional, ofrece a administradores y organismos públicos una herramienta más completa para comparar inversiones meteorológicas con los daños que una mejor anticipación podría evitar.
Fuentes referenciales:
Phys.org
Natural Hazards
