La pérdida de clorofila revela pigmentos amarillos y anaranjados, mientras muchos tonos rojos proceden de sustancias que se producen durante la estación
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Eduardo Schmitz
En los bosques caducifolios de regiones templadas, la llegada del otoño transforma el verde de las copas en una combinación de amarillos, naranjas y rojos. El cambio refleja una reorganización de las hojas antes de su caída: disminuye la clorofila, se hacen visibles otros pigmentos y, en determinadas especies, se producen sustancias responsables de nuevas tonalidades.
La explicación requiere una precisión: no todos los colores otoñales permanecieron escondidos durante el verano. Muchos amarillos y anaranjados proceden de pigmentos que ya estaban presentes; numerosos rojos, en cambio, aparecen por la producción de antocianinas durante el envejecimiento de la hoja.
Cuando disminuye el verde, aparecen los carotenoides
La clorofila participa en la captación de luz para la fotosíntesis y proporciona el color verde dominante. Durante la temporada de crecimiento, su abundancia enmascara visualmente otros pigmentos, entre ellos los carotenoides, asociados a tonalidades amarillas y anaranjadas.
Con el acortamiento de los días y los cambios de temperatura, la producción de clorofila disminuye y la existente se degrada. Al perder intensidad el verde, los carotenoides adquieren mayor protagonismo en el aspecto de la hoja, según explica el Servicio Forestal de Estados Unidos.
La combinación y proporción de pigmentos ayudan a explicar por qué distintas especies ofrecen colores diferentes. Tampoco todas las hojas de un árbol cambian simultáneamente: su exposición a la luz y sus condiciones fisiológicas pueden variar incluso dentro de una misma copa.
Los rojos tienen una historia diferente
Las antocianinas producen tonos rojizos y violáceos. A diferencia de los carotenoides, en muchas hojas que se colorean en otoño estos compuestos se sintetizan durante la estación. Por eso, describir todos los colores como una paleta previamente oculta simplifica demasiado el proceso.
La relación entre temperatura, azúcares y pigmentación se ha estudiado experimentalmente. Un trabajo publicado en 2017 en Canadian Journal of Forest Research enfrió ramas de un arce azucarero, Acer saccharum, y comparó sus hojas con las de ramas de control.
Los investigadores observaron un aumento de los azúcares foliares y de las antocianinas. Propusieron que el enfriamiento podía reducir el transporte de azúcares fuera de las hojas y favorecer la producción de estos pigmentos. El experimento aporta evidencia sobre ese mecanismo en el árbol estudiado, aunque no explica por sí solo la coloración de todas las especies.
El árbol recupera recursos antes de perder las hojas
El cambio de color forma parte de la senescencia, un proceso de envejecimiento regulado. Antes de desprenderse de las hojas, los árboles pueden recuperar parte de sus nutrientes y trasladarlos a tejidos que permanecerán durante la siguiente estación.
La divulgación botánica del Arnold Arboretum de la Universidad de Harvard describe esta transición como una reorganización de recursos. La degradación de la clorofila y la recuperación de componentes útiles acompañan el cierre de la actividad estacional de la hoja.
Una de las hipótesis sobre la función de las antocianinas plantea que ayudan a proteger los tejidos frente al exceso de luz durante esta etapa, permitiendo mantener su funcionamiento mientras se recuperan nutrientes. Una revisión científica sobre la evolución de los colores otoñales recoge esta explicación junto con otras hipótesis y subraya que su significado adaptativo continúa siendo objeto de investigación.
El tiempo modifica la intensidad y la duración del espectáculo
Los días soleados y las noches frescas pueden favorecer colores rojos intensos en determinadas especies. La disponibilidad de agua también influye: una hoja sometida a estrés puede cambiar de aspecto o caer antes de completar una transición otoñal prolongada.
La Universidad de Minnesota recuerda que una coloración temprana puede relacionarse con problemas de humedad, nutrientes u otras condiciones del árbol. El color, por sí solo, no permite diagnosticar una enfermedad ni establecer que el árbol esté muriendo. Es necesario considerar la especie, la época del año y el estado general de la planta.
La sensibilidad a esas condiciones conecta el fenómeno con investigaciones sobre cómo la sequía transforma los bosques europeos y sobre la resistencia de los bosques diversos frente al calor y la falta de agua.
Conviene distinguir esa transición estacional de perturbaciones severas, como las estudiadas en relación con la sequía, el fuego y la mortalidad de árboles en la Amazonia. Observar cuándo empieza la coloración, cuánto dura y cómo termina permite describir el ciclo de un bosque con mayor precisión que una fotografía aislada de sus copas.
Fuentes referenciales:
Servicio Forestal de Estados Unidos: explicación del cambio de color de las hojas
Canadian Journal of Forest Research: experimento sobre enfriamiento, azúcares y antocianinas en arce azucarero
Arnold Arboretum de la Universidad de Harvard: procesos del bosque durante el otoño
Revisión científica sobre la evolución y las posibles funciones de los colores otoñales
Universidad de Minnesota: colores otoñales y señales del estado de los árboles




