El proyecto Delta Blue Carbon abarca 350.000 hectáreas en Pakistán y muestra tanto el potencial de financiar la recuperación costera como los desafíos para garantizar beneficios verificables a las comunidades locales
Redacción: Redacción Noticias de la Tierra
Editor: Karem Díaz S.
En el delta del Indo, sobre la costa de la provincia de Sindh, en Pakistán, uno de los mayores proyectos de carbono azul del mundo está convirtiendo la restauración de manglares en créditos comercializables en los mercados voluntarios de carbono. Delta Blue Carbon se extiende sobre una zona de 350.000 hectáreas y combina conservación, recuperación de humedales costeros, captura de carbono y participación de comunidades locales.
La iniciativa representa también un caso de estudio sobre una cuestión cada vez más importante para la restauración ecológica: cuando conservar un ecosistema genera un activo económico negociable, ¿cómo se distribuyen los beneficios entre promotores, intermediarios, compradores y las personas que viven del territorio?
El debate ha sido planteado este 2 de octubre por investigadores de la Universidad de Manchester, la Universidad Nacional de Malasia y la Universiti Malaysia Terengganu. Su análisis advierte que evaluar estos proyectos únicamente por las toneladas de carbono contabilizadas puede dejar fuera funciones ecológicas, restricciones de acceso a los recursos y efectos económicos experimentados directamente por las comunidades costeras.
Un proyecto de carbono azul a una escala excepcional
Delta Blue Carbon comenzó en 2015 mediante una asociación entre Indus Delta Capital y el Departamento Forestal del Gobierno de Sindh. El proyecto está previsto para operar durante 60 años, hasta 2075.
La documentación del propio proyecto sitúa su zona de intervención en 350.000 hectáreas de humedales mareales del sureste de Sindh. La iniciativa protege manglares existentes y busca rehabilitar extensas superficies degradadas mediante plantación, regeneración y manejo de los ecosistemas costeros.
Los manglares del delta del Indo forman parte de un complejo paisaje de canales mareales, islas bajas, marismas y zonas intermareales que desembocan en el mar Arábigo. La región ha sufrido históricamente presiones relacionadas con extracción de madera, pastoreo, alteraciones del flujo de agua dulce y degradación del hábitat.
El caso paquistaní forma parte de una expansión internacional del uso de estos ecosistemas para proyectos climáticos. En América Latina, por ejemplo, Perú impulsa una iniciativa de carbono azul para conservar y restaurar los manglares de Tumbes, donde la captura de carbono se combina con objetivos de biodiversidad y protección costera.
Cómo un manglar se convierte en créditos de carbono
Los manglares pueden acumular grandes cantidades de carbono tanto en su biomasa como, especialmente, en los sedimentos ricos en materia orgánica situados bajo sus raíces. Evitar su destrucción puede impedir emisiones, mientras restaurar superficies degradadas puede aumentar progresivamente la cantidad de carbono almacenada.
Los proyectos de carbono azul intentan cuantificar esos cambios y expresarlos en toneladas equivalentes de dióxido de carbono. Bajo determinados estándares, las reducciones o remociones verificadas pueden convertirse posteriormente en créditos adquiridos por empresas u otras organizaciones.
Delta Blue Carbon está registrado bajo el Verified Carbon Standard de Verra y también bajo sus estándares Climate, Community & Biodiversity. Verra identifica una zona de proyecto de aproximadamente 350.000 hectáreas y señala que las actuaciones incluyen manglares, canales mareales, islas y superficies intermareales.
El modelo ha atraído atención porque puede generar una fuente de financiación de largo plazo para ecosistemas cuya conservación tradicionalmente depende de presupuestos públicos, cooperación internacional o programas ambientales. Pero el crecimiento de estos mercados también exige comprobar con precisión cuánto carbono adicional se captura realmente y qué habría ocurrido en ausencia del proyecto.
Estas dificultades de medición no son exclusivas de Pakistán. Noticias de la Tierra ha analizado por qué el balance climático de los manglares requiere considerar también procesos como las emisiones naturales de metano, además del carbono almacenado en vegetación y sedimentos.
El bosque también tiene un valor que no se vende como crédito
Para las comunidades que habitan el delta, el manglar posee funciones que preceden al mercado de carbono. Estos ecosistemas proporcionan hábitat para peces y crustáceos, recursos forestales, materiales utilizados localmente y protección física frente a oleaje, tormentas y erosión.
El análisis publicado por los investigadores señala que alrededor de 60 comunidades se encuentran dentro del área vinculada al proyecto. Verra estima en unas 43.000 las personas que viven en esos asentamientos y afirma que más de una cuarta parte participa actualmente en diferentes fases de restauración.
La dificultad aparece cuando el valor que puede comercializarse —una tonelada verificable de carbono— adquiere mayor visibilidad financiera que servicios ecológicos cuya valoración resulta mucho más compleja.
La protección física es uno de esos servicios. Experimentos y simulaciones han demostrado que la arquitectura de las raíces influye directamente en la disipación del oleaje. Un estudio difundido este año mostró que la morfología tridimensional de las raíces puede modificar considerablemente la capacidad de los manglares para atenuar las olas.
Los beneficios económicos pueden recorrer una larga cadena
Un crédito de carbono no conecta directamente a una empresa compradora con una comunidad costera. Entre ambos extremos pueden intervenir desarrolladores del proyecto, organismos de validación y verificación, registros, comercializadores, consultores y otros actores especializados.
Los investigadores Aarti Krishnan, Ahmad Aldrie Amir y Behara Satyanarayana sostienen que esa estructura dificulta conocer cuánto valor económico termina llegando a las personas que viven alrededor de los ecosistemas restaurados.
Su análisis cita una revisión de Carbon Market Watch de 47 documentos correspondientes a proyectos de créditos de carbono. De acuerdo con esa revisión, 15 mencionaban mecanismos de reparto de beneficios y solamente cuatro mostraban evidencias de que esos beneficios hubieran sido compartidos con comunidades locales o indígenas.
Estas cifras no describen específicamente el desempeño de Delta Blue Carbon y no deben interpretarse como una evaluación del reparto de ingresos de ese proyecto. Sirven para ilustrar un problema más amplio de transparencia dentro de determinados segmentos del mercado voluntario de carbono.
El delta del Indo también muestra el problema de las líneas de base
Un informe publicado en 2026 por la Agencia Federal de Medio Ambiente de Alemania analizó siete proyectos de carbono azul del mercado voluntario, entre ellos Delta Blue Carbon-1. El estudio examinó cuestiones como adicionalidad, cuantificación, permanencia, salvaguardas y riesgo de doble contabilización.
En el caso del delta del Indo, los investigadores alemanes identificaron incertidumbre relacionada con la denominada línea de base: el escenario utilizado para estimar qué habría ocurrido en el territorio sin el proyecto.
La documentación de Delta Blue Carbon considera que, en ausencia de la iniciativa, determinadas áreas degradadas habrían continuado en ese estado. Sin embargo, el informe alemán recuerda que Sindh ya poseía una importante trayectoria de restauración de manglares antes del desarrollo del mercado de créditos.
Según los datos recopilados en ese análisis, la cobertura de manglar del delta pasó de unas 41.053 hectáreas en 1988 a 99.627 hectáreas en 2024, un aumento de 58.578 hectáreas asociado a esfuerzos continuados de restauración liderados por el Departamento Forestal de Sindh y comunidades locales.
El informe considera por ello posible que parte del territorio hubiera sido restaurado mediante otras fuentes de financiación incluso sin el proyecto de carbono. Al mismo tiempo, señala que el riesgo resultante de sobreacreditación probablemente sea pequeño en este caso concreto debido al tamaño del área y a la velocidad de implementación.
Restaurar manglares no significa recuperar inmediatamente todas sus funciones
La superficie plantada tampoco constituye por sí sola una medida completa del éxito ecológico. Un manglar restaurado necesita tiempo para desarrollar estructura, biodiversidad, funciones del suelo y relaciones ecológicas comparables con las de un ecosistema natural maduro.
Una revisión global citada por los autores del análisis de octubre examinó 88 estudios sobre restauración de manglares y encontró que los ecosistemas restaurados pueden recuperar numerosas funciones, pero no necesariamente alcanzan de inmediato el funcionamiento de bosques naturales comparables.
La evaluación debe considerar por tanto algo más que la supervivencia de árboles recién plantados. Indicadores relacionados con suelo, diversidad biológica, conectividad hidrológica, pesca y resiliencia frente a perturbaciones pueden ofrecer una imagen más completa.
En Brasil, investigadores han desarrollado precisamente un índice para evaluar la recuperación funcional de los suelos en manglares restaurados, mostrando que determinados proyectos pueden aproximarse al funcionamiento de ecosistemas de referencia cuando la restauración está bien establecida.
La recuperación mundial de manglares ofrece una señal positiva
El crecimiento del mercado de carbono azul coincide con una mejora observable en la trayectoria global de los manglares. Un estudio publicado en Science y basado en cuatro décadas de imágenes satelitales encontró que las ganancias recientes de superficie han comenzado a compensar una parte importante de las pérdidas.
Como informó Noticias de la Tierra, la regeneración y expansión de los manglares ya supera las pérdidas en determinados periodos y regiones. La investigación no atribuyó esa evolución únicamente a los mercados de carbono: intervienen restauración pública, regeneración natural, políticas de conservación y cambios ambientales.
El antecedente resulta especialmente relevante en el delta del Indo. La expansión registrada allí comenzó antes de que Delta Blue Carbon iniciara operaciones en 2015, lo que demuestra que la recuperación actual combina procesos y programas desarrollados en diferentes etapas.
Separar esas contribuciones es precisamente una de las tareas fundamentales de la contabilidad de carbono. Para que un crédito represente una reducción o remoción climática adicional, los sistemas de certificación necesitan estimar qué parte del cambio no habría ocurrido sin la financiación proporcionada por el proyecto.
El carbono puede financiar conservación, pero no mide todos sus resultados
La Agencia Federal de Medio Ambiente de Alemania reconoce que los créditos pueden movilizar financiación para conservar y restaurar ecosistemas costeros y proporcionar ingresos de largo plazo. Al mismo tiempo, identifica costes elevados de transacción, volatilidad del mercado y riesgos relacionados con la integridad ambiental.
En un análisis separado sobre instrumentos de financiación costera, el organismo alemán comparó créditos de carbono con alternativas como certificados de biodiversidad, cooperación al desarrollo y bonos azules. La conclusión general es que ningún mecanismo resuelve por sí solo todas las necesidades financieras y ecológicas de estos ecosistemas.
Esto adquiere importancia porque un manglar no existe únicamente como almacén de carbono. Funciona simultáneamente como hábitat, criadero para especies acuáticas, protección costera y fuente de recursos para poblaciones humanas.
El reconocimiento económico de esas funciones ha crecido rápidamente. Ecuador, por ejemplo, destinó financiación internacional a la protección y restauración de manglares con un enfoque que incorpora explícitamente a las comunidades costeras, ilustrando otro modelo en el que conservación, adaptación y medios de vida se integran dentro del mismo programa.
La participación comunitaria se convierte en una medida del éxito
Krishnan, Amir y Satyanarayana sostienen que las comunidades no deberían limitarse a proporcionar mano de obra para la plantación. Su conocimiento sobre pesca, especies, mareas, extracción de recursos y funcionamiento histórico del ecosistema puede influir en qué se restaura, dónde se interviene y cómo se evalúan los resultados.
Los investigadores trabajan actualmente en el proyecto Revive en tres zonas de Malasia, donde estudian los resultados que los propios residentes consideran importantes y cómo estos interactúan con las cadenas económicas construidas alrededor de los manglares.
El planteamiento no implica que la comercialización de carbono sea necesariamente incompatible con la restauración. La cuestión es determinar si las métricas utilizadas para declarar un proyecto exitoso reflejan también sus consecuencias sociales y ecológicas locales.
Un bosque puede aumentar su superficie y almacenar más carbono mientras cambian simultáneamente el acceso a zonas de pesca, la disponibilidad de madera, la composición de especies o la distribución de ingresos. Cada una de esas variables describe una dimensión distinta del resultado.
Pakistán convierte el delta del Indo en un laboratorio del carbono azul
La escala de Delta Blue Carbon convierte a Sindh en uno de los principales experimentos mundiales sobre financiación climática aplicada a manglares. El proyecto combina cientos de miles de hectáreas, un horizonte de seis décadas y la generación de créditos destinados a compradores internacionales.
Su desarrollo muestra el potencial de utilizar mercados ambientales para financiar restauraciones que requieren inversiones prolongadas. También expone los problemas que deben resolverse: establecer líneas de base creíbles, medir correctamente las remociones de carbono, asegurar su permanencia, documentar los beneficios comunitarios y evaluar funciones ecológicas que no tienen un precio directo en el mercado.
El desafío es especialmente relevante ahora que los manglares son reconocidos simultáneamente como sumideros de carbono, barreras naturales frente a tormentas y hábitats esenciales para la biodiversidad costera. Reducir toda esa complejidad a una única tonelada de CO₂ facilitaría su comercialización, pero no describiría completamente el valor del ecosistema.
La experiencia del delta del Indo muestra así dos transformaciones paralelas: un bosque costero degradado puede recuperar superficie y carbono, mientras ese mismo carbono adquiere un valor financiero internacional. Determinar quién participa en las decisiones, quién asume los costes y quién recibe los beneficios será tan importante como verificar cuántas toneladas quedan almacenadas en el manglar.
Fuentes referenciales:
Delta Blue Carbon
Verra
Agencia Federal de Medio Ambiente de Alemania




