Un análisis de 88.116 parcelas forestales de Estados Unidos relaciona una mayor variedad de árboles con menores pérdidas de productividad y una recuperación más sólida
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Los bosques formados por una mayor diversidad de especies arbóreas soportan mejor los episodios simultáneos de calor y sequía y recuperan con más eficacia su productividad después de la perturbación. Así lo indica una investigación internacional que examinó 88.116 parcelas forestales distribuidas por Estados Unidos mediante inventarios sobre el terreno y observaciones satelitales.
El trabajo, liderado por investigadores de la Universidad de Pekín y publicado en la revista científica Nature Communications, estudió los denominados extremos climáticos compuestos: situaciones en las que temperaturas excepcionalmente altas coinciden con sequías o con niveles excesivos de humedad.
El equipo encontró que estas combinaciones provocan efectos más intensos que los fenómenos considerados por separado. Sin embargo, las parcelas con una mayor riqueza de especies sufrieron descensos menores de productividad durante los episodios extremos y mostraron una recuperación más favorable posteriormente.
Dos décadas de información forestal y climática
Los científicos utilizaron datos del programa Forest Inventory and Analysis del Servicio Forestal de Estados Unidos y los combinaron con mediciones de la productividad de la vegetación obtenidas mediante satélites. El periodo empleado para identificar los eventos climáticos compuestos abarcó desde 2001 hasta 2020.
En todas las parcelas analizadas se registró al menos un episodio en el que el calor extremo coincidió con una alteración intensa de la humedad. Algunos lugares experimentaron hasta seis eventos compuestos durante esas dos décadas.
La metodología permitió diferenciar dos respuestas de los ecosistemas. La resistencia representa la capacidad de mantener su funcionamiento durante la perturbación, mientras que la recuperación mide en qué grado la productividad retorna posteriormente a los niveles previos.
Esta distinción es relevante porque un bosque puede conservar parte de su cobertura y permanecer aparentemente estable, pero tardar mucho más tiempo en restablecer procesos ecológicos afectados por la falta de agua o las temperaturas elevadas. La posibilidad de medir la resiliencia forestal mediante observaciones satelitales amplía la capacidad de evaluar esas transformaciones a gran escala.
Los extremos compuestos multiplican la presión climática
El calor puede intensificar una sequía al elevar la evapotranspiración y aumentar la demanda de agua de la atmósfera. Ante ese escenario, los árboles reducen su actividad fisiológica para conservar humedad, disminuye la fotosíntesis y cae la productividad del ecosistema.
La coincidencia entre altas temperaturas y exceso de agua también puede perjudicar a los bosques. Cuando el suelo permanece saturado, el oxígeno disponible para las raíces disminuye, lo que puede agravar el daño radicular mientras los árboles afrontan simultáneamente el estrés térmico.
El análisis mostró que los bosques generalmente presentaron una menor resistencia y una recuperación más débil frente a estos episodios combinados que ante un solo fenómeno extremo. Esa conclusión refuerza la necesidad de estudiar conjuntamente las amenazas climáticas, en lugar de evaluar las olas de calor, sequías y excesos de humedad como acontecimientos independientes.
Las respuestas tampoco son iguales en todos los ecosistemas. Investigaciones anteriores han demostrado que los bosques tropicales reaccionan de manera diferente a las variaciones climáticas, dependiendo de su ubicación, composición y condiciones ambientales.
La variedad de especies actúa como seguro biológico
La mayor estabilidad de los bosques diversos puede explicarse por las distintas estrategias que emplean las especies para obtener agua, desarrollar sus raíces, regular su crecimiento y responder al calor. Cuando varios tipos de árboles conviven, no todos reaccionan de la misma manera ni reducen su actividad al mismo tiempo.
Algunas especies acceden a capas más profundas del suelo, mientras otras toleran mejor determinados niveles de estrés hídrico o conservan su productividad bajo temperaturas elevadas. Esta complementariedad distribuye el riesgo y reduce la posibilidad de que el ecosistema completo responda de forma uniforme ante una perturbación.
Los autores describen esta función como una forma de seguro biológico. El concepto coincide con otros resultados que relacionan los bosques con más especies con un mayor almacenamiento de carbono y una mejor regulación del agua.
La diversidad también puede favorecer la continuidad de procesos ecológicos cuando una parte del bosque resulta afectada. No significa que cada árbol individual sea inmune al calor o a la falta de agua, sino que el conjunto dispone de respuestas más variadas para mantener su funcionamiento.
Restaurar un bosque exige más que aumentar el número de árboles
Los resultados aportan una orientación práctica para la conservación y la restauración ecológica. Una plantación homogénea puede establecerse rápidamente y recuperar cobertura vegetal, pero sus árboles también pueden compartir las mismas vulnerabilidades frente al clima, las enfermedades o las plagas.
Los investigadores advierten, no obstante, que mezclar especies sin criterios ecológicos no garantiza un bosque resistente. La selección debe responder al clima local, las propiedades del suelo, la disponibilidad de agua y las relaciones existentes entre las especies del ecosistema.
Por tanto, el éxito de una restauración no debería medirse únicamente mediante la superficie plantada o la cantidad de ejemplares introducidos. También deben evaluarse la composición, estructura, diversidad y capacidad de funcionamiento del bosque a largo plazo. Estas variables son especialmente importantes en proyectos destinados a la recuperación de bosques afectados por incendios.
La diversidad reduce el riesgo, pero no elimina los límites
El estudio es observacional y establece una asociación consistente entre diversidad arbórea y estabilidad forestal, pero no equivale a un experimento controlado. Sus resultados tampoco permiten afirmar que cualquier bosque diverso pueda resistir indefinidamente sequías u olas de calor de gran intensidad.
El análisis se concentró en Estados Unidos, por lo que la magnitud del efecto no debe trasladarse automáticamente a bosques tropicales, mediterráneos o boreales. Además, los investigadores excluyeron del análisis principal los años con episodios extremos consecutivos para evitar que los daños acumulados alteraran la comparación estadística.
Esta decisión metodológica implica que los efectos de varias perturbaciones seguidas podrían ser mayores que los estimados. Un bosque que no ha recuperado plenamente su productividad puede presentar una vulnerabilidad adicional si afronta poco después otra sequía, una nueva ola de calor o un periodo de humedad extrema.
La principal implicación es que conservar la variedad de árboles puede fortalecer la estabilidad de los ecosistemas ante un clima más irregular, aunque la biodiversidad no sustituye la reducción de las presiones climáticas ni protege a los bosques frente a perturbaciones que superen los límites fisiológicos de las especies.
Fuentes referenciales:
EcoInventos
Anglia Ruskin University




