Un proyecto en el norte de California estudia los microorganismos del suelo y ensaya min bosques con especies nativas para recuperar paisajes quemados
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Eduardo Schmitz
Un equipo dirigido por la ecóloga Jennifer Bhatnagar estudia en el norte de California, Estados Unidos, cómo los incendios forestales, la urbanización y las intervenciones humanas condicionan la recuperación de los bosques. El proyecto analiza desde los microorganismos presentes en el suelo hasta el desempeño de pequeñas plantaciones densas con especies nativas.
La iniciativa comenzó a tomar forma durante el verano de 2023, cuando Bhatnagar recorrió terrenos ennegrecidos por el fuego, examinó el suelo y recolectó muestras en propiedades del valle de Napa. La escasa regeneración de árboles y vegetación planteó una pregunta central: qué condiciones necesita un bosque severamente quemado para restablecerse en un ambiente cada vez más cálido y seco.
Bhatnagar es profesora asociada de Biología y directora del Programa de Posgrado en Biogeociencias de la Universidad de Boston. Su trabajo se concentra en los microbiomas del suelo, formados por comunidades de bacterias y hongos que intervienen en el reciclaje de nutrientes, la salud vegetal y la respuesta de los ecosistemas ante las perturbaciones ambientales.
El suelo determina parte de la recuperación forestal
La investigación busca comprender por qué algunas zonas quemadas se recuperan con mayor rapidez que otras. Durante las observaciones iniciales, el equipo encontró diferencias entre especies: laureles y arces mostraban señales de rebrote, mientras que robles y secuoyas no respondían de la misma manera. En otras áreas, la superficie había sido ocupada por pastos no nativos.
Estas variaciones llevaron a los científicos a examinar lo que ocurre debajo de la vegetación visible. El calor de un incendio severo puede transformar las condiciones físicas, químicas y biológicas del suelo, pero sus consecuencias no son necesariamente uniformes en todo el paisaje. La intensidad del fuego, la humedad disponible y la composición microbiana pueden influir en las posibilidades de regeneración.
El seguimiento del suelo resulta especialmente relevante en regiones donde los incendios han cambiado de comportamiento. Un análisis anterior sobre el riesgo de fuegos de alta severidad en bosques maduros de Estados Unidos advirtió que algunos ecosistemas acostumbrados a incendios moderados afrontan ahora eventos capaces de eliminar gran parte del dosel.
La urbanización puede dificultar la regeneración
Una de las líneas de trabajo examina cómo las carreteras, las viviendas y otras infraestructuras influyen en la recuperación posterior al fuego. Al expandirse sobre espacios naturales, la urbanización fragmenta los bosques y modifica las condiciones que existen tanto en la superficie como debajo de ella.
El equipo parte de la hipótesis de que los terrenos urbanizados presentan mayores obstáculos para recuperarse porque pueden registrar suelos más calientes, secos y contaminados. Esta propuesta todavía debe contrastarse mediante las observaciones y mediciones continuadas del proyecto; no constituye una conclusión definitiva.
Para diseñar los ensayos, los investigadores consultaron a funcionarios encargados de incendios, restauradores, administradores de tierras, arquitectos paisajistas, residentes, estudiantes y otros especialistas. Esa participación permitió incorporar tanto las condiciones ecológicas como las prioridades de quienes viven y trabajan en el territorio.
Los propietarios expresaron interés en recuperar robles y secuoyas nativos en lugar de pinos o abetos. También solicitaron especies con valor cultural, mayor resistencia al fuego y capacidad para desarrollarse bajo temperaturas más altas y una disponibilidad de agua menor.
Minibosques para ensayar la restauración ecológica
La segunda línea del proyecto evalúa intervenciones activas para restablecer la vegetación. Inspirado parcialmente en el método forestal Miyawaki, desarrollado en Japón, el equipo estableció minibosques densamente plantados en parcelas de cuatro metros cuadrados.
En estas áreas se han sembrado miles de bellotas junto con otras plantas nativas seleccionadas por su resistencia ecológica y su capacidad potencial para soportar un clima más cálido y seco. Los científicos regresan periódicamente para controlar la vegetación, recoger ADN ambiental, estudiar los microorganismos del suelo y comparar las respuestas producidas por diferentes estrategias.
Los ensayos no implican que una técnica única pueda aplicarse a todos los bosques quemados. La trayectoria de cada ecosistema depende de sus especies, del régimen histórico del fuego, de la severidad del incendio, del suelo y de las condiciones climáticas posteriores. La experiencia documentada en la evolución de un bosque durante la década posterior a un incendio muestra que la regeneración atraviesa distintas fases y puede incluir rebrotes, germinación, colonización y cambios sucesivos en la fauna.
Restauración forestal con seguimiento a largo plazo
Las propiedades donde se desarrolla el proyecto funcionan como laboratorios al aire libre para estudiantes y especialistas. Participan jóvenes de la Universidad de Boston, el Instituto de Tecnología de Illinois, Pacific Union College, el Culinary Institute of America y escuelas secundarias de la zona.
Además de producir información científica, el programa busca conectar la restauración con el diseño del paisaje y la resiliencia de las comunidades. El planteamiento reconoce que recuperar un bosque no consiste solamente en plantar árboles: también exige evaluar el suelo, seleccionar especies adecuadas, mantener los sitios y medir sus resultados durante años.
Ese enfoque coincide con los principios del manejo forestal sostenible y la restauración de paisajes, que consideran conjuntamente la regeneración, la biodiversidad, los servicios ecosistémicos y las necesidades de las poblaciones vinculadas al territorio.
El trabajo encabezado por Bhatnagar sigue en desarrollo y todavía no ofrece una fórmula definitiva para recuperar todos los bosques afectados por incendios. Su aporte consiste en convertir terrenos quemados en espacios de observación prolongada donde sea posible comprobar qué combinaciones de microorganismos, plantas nativas y decisiones de manejo favorecen una recuperación más resistente.
Fuente referencial:
Phys.org, información proporcionada por la Universidad de Boston
